La comedia que se lleva a cabo en el Palacio Quemado entre el Presidente y los nueve prefectos no
engaña a nadie aunque debe ejecutarse hasta alcanzar su único final posible: los referendos
revocatorios.
Este desenlace fatal es evidente para todos los bolivianos, hasta para aquellos, ya pocos, que todavía
no saben leer. Es fatal porque tanto Morales como los prefectos, los “leales” y los subversivos, han
puesto sus esperanzas en esa dudosa maniobra.
De ella esperan que acabe con sus respectivos enemigos políticos en un solo día, esperanza a todas
luces absurda: votaren como votaran los bolivianos, tanto los fascistas traidores de la patria como los
indios socialistas expertos en bloqueos y marchas continuarán con sus vicios políticos tras esos
referendos inútiles.
Entre tanto, la pobreza, el hambre y la desesperanza continúan torturando a la gran mayoría de los
bolivianos. Branko sigue siendo amo de Laguna Corazón y Goni goza de su dorado exilio.
¿Por qué, si todos los bolivianos sabemos que ese callejón sin salida es el rumbo que siguen Morales
y sus “opositores” en el Palacio, continúan esos políticos con esa comedia?
— Nadie sabe mejor que Morales que en Bolivia no existe, hoy por hoy, una verdadera oposición. Es
más, Morales ha reunido en el Palacio Quemado a TODA la “oposición”, descontando a los nazis y los
ricachones de SRZ. TJA prácticamente no cuenta y es como SRE: ambos pueblos están en poder de
pillos y bandoleros que ellos mismos eligieron y a los que ellos mismos tendrán que “desalojar”.
Morales ha demostrado ya que prefiere dejar las cosas como están allí donde “gobiernan” los
fascistas. ¿Alguien más se opone a Morales en Bolivia? ¿ Dónde están las masas que se le oponen y
que harían posible una “guerra civil” de más de dos semanas?
— Los “estatutos” y otros documentos fascistas, además de constituir una contundente prueba de
traición a Bolivia, son los documentos más estúpidos y absurdos que se hayan creado en el
Hemisferio Occidental desde la llegada de Colón. Plagiados de distantes lares, “ajustados” a una
“realidad” inventada, sólo pueden servir para provocar una vergüenza profunda y larga entre los
bolivianos y una carcajada muda y no tan muda en el resto del mundo: si antes no supimos decir cual
es nuestra capital, hoy tenemos esos documentos increíbles para mostrar a propios y extraños la
medida de nuestra barbarie. El mundo se ríe ante el espectáculo de nuestra “política” gracias a la
“oposición” que Morales aguanta.
— Parece que es verdad nomás que Lula y Bachelet vinieron a Bolivia no sólo a abrazar a Morales, sino
también para forzarlo a “regalarles” el territorio boliviano que Brasil y Chile necesitan para construir una
carretera que una ambos océanos y hacer ricos a todos menos a los bolivianos, que siguen, como
acostumbran, en la luna a este respecto.
Esta realidad triste apunta ya a las razones que Morales tiene para tomar en serio a su “oposición” y
continuar la comedia de sus prefectos: Morales está sufriendo y obedeciendo las presiones de
nuestros enemigos “ocultos”, el principal de los cuales es el otro “Presidente”, el que trabaja desde la
Embajada. Esa es la oposición que empuja a Morales a bailar la cueca absurda de los prefectos.
Y esa realidad nos empuja a recordar una vez más que las revoluciones no las hacen los políticos,
sino los pueblos. También habrá que repetir que ninguna revolución es posible si no se ha dado ya en
la conciencia de cada individuo, o por lo menos entre los que hacen una mitad más uno. Si los
bolivianos temen tanto la violencia que prefieren la Bolivia de Banzer, Tuto y Goni, esa es la Bolivia que
dejarán a sus hijos, además de un nuevo mártir, su primer Presidente indio. Si optan por el odio y el
racismo, de racismo y odio serán sus días futuros.
Esta coyuntura se debe a una sola palabra, mal usada es verdad, pero vigente todavía, “socialismo”.
Se trata aquí de un socialismo de mentirijillas, ese que proclama Chávez, pero que igual pone los
pelos de punta a gente como Goldberg, Bush, el Papa y otros fanáticos de derecha. El “socialismo” de
Chávez consiste en dejar caer algunos mendrugos de la comilona petrolera en la mesa de los pobres;
hoy, los ricos son más ricos que nunca en Venezuela y la clase media engorda casi tanto como la de
USA. El pueblo venezolano, ese del que se decía que “había nacido sólo para que se lo tire al mar”,
sigue pobre, aunque esperanzado. Para quien nunca tuvo ni un mendrugo, un mendrugo puede ser
una esperanza.
Absurdo como parezca, parece que eso es lo que quieren los bolivianos. No quieren ninguna
Revolución, ni siquiera una “revolución”, y ello es fácil de entender.
Para el léxico boliviano, la palabra “revolución” fue introducida por Paz Estenssoro. La del MNR fue una
revolución que terminó  en el caos y la anarquía, con ejércitos privados de degolladores y asesinos.
Eran esos criminales los que los bolivianos entendían por Revolución cuando el Che llegó a nuestras
selvas. Y por eso es que nada quisieron saber del Che, aunque traía la Revolución. Esto es, el Mono
fue la vacuna contra el Che.
Es una vacuna que aún dura. No todos los opositores del socialismo boliviano tienen la piel blanca. Es
dable afirmar que Bolivia toda, sea cual sea su piel, no quiere ser socialista. En parte porque recuerda
al Mono y en parte porque Bolivia no es Cuba.
Bolivia no es isla. Es presa de sus vecinos. Sin playas que la conecten con el mundo, del capricho de
esos vecinos depende. El pueblo cubano es tal vez el mejor educado de América Latina. Lo era antes
de Fidel y lo es más con Fidel, en doloroso contraste con los bolivianos. No en balde la Revolución
cubana es la única que merece el respeto y la admiración del mundo. Toda gente que se respeta tiene
en un rincón del corazón al pueblo cubano.
Lo cual no quita que el pueblo cubano es el que más ha sufrido para hacer las realidades de su
Revolución. Nunca acabó la pobreza en Cuba y todos la vemos herir y lastimar al pueblo de Cuba.
Porque la vemos, y porque los pueblos no viven para servir ninguna Revolución ni ningún Gobierno
sino que toda Revolución y todo Gobierno debe servir a los pueblos, el pueblo boliviano no quiere un
gobierno socialista ni un Presidente vitalicio. No quiere un gobierno fascista tampoco, claro. Ni Hitler ni
Stalin.
Pero es entre socialistas del Kollasuyo y Nazis croatas que la “tensión” boliviana se estira. Entre dos
monstruos antidiluvianos enterrados por la Historia. Miren a Stalin. Miren a Hitler.
La idea principal, cuando Morales triunfó en 2005, era la de una “reforma” que diera ciudadanía plena
al indio, seis de cada diez bolivianos, e hiciera posible una Bolivia civilizada. Hasta 2005, Bolivia era
una satrapía, la más horrible de todas: su último sátrapa no hablaba español ni boliviano, llevaba una
marca en el glúteo, “made in CIA” y era, muy posiblemente, ciudadano extranjero; lucía y era gringo,
único caso en el mundo de las satrapías modernas.
A seis meses del triunfo de Morales, esa “reforma” se hizo imposible debido al peculiar carácter
boliviano: nunca hemos entendido la palabra “compromiso”, y esa ceguera explica nuestra violenta
historia republicana. El mejor compromiso que concebimos es el fusilamiento, el linchamiento, la
horca junto a la Cruz, el cuchillo y la maza, porque esos instrumentos ponen punto realmente final a
cualquier diálogo y a cualquier enemigo.
Esa tendencia es la que dio paso a socialistas y fascistas y a la imposibilidad de cualquier
entendimiento serio entre bolivianos. Parece ser que la sociedad como un todo eligió a sus peores
componentes para encargarles un futuro mejor. Es una sociedad poco educada, ya lo dijimos: cree
que basta con votar de cuando en cuando y con exigir milagros a los “ganadores” para que comience el
reino de Jauja. No recuerda que hasta para cosechar un tomate es necesario regar la planta cada día.
No sabe aún que la suerte de Bolivia depende de CADA boliviano CADA día.
Y así, sin necesidad de alargarse más, se explica nuestro retorno, que tardará aún pero ya se percibe,
a nuestro destino horrible: estamos condenados a dar vueltas eternas en el mismo lugar como un
perro que gira persiguiendo su cola (imagen copiada de “Morder el Silencio”, publicado en 1980, y no
de un observador actual de dudosa popularidad).
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Arturo
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Ene 08
Nuestros Enemigos “Secretos”