Su Opinión
El “presidente” ignorado
Arturo
Sus Libros

Varios amigos y algunos “enemigos” me hacen notar esta semana que los bolivianos
hemos cambiado un poco nuestra vida política desde hace un año y ya nadie acusa al
embajador del Imperio de intervenir en nuestros asuntos. Es como si el embajador no
interviniera o como si, después de más de un siglo de intervención, nos hubiéramos
acostumbrado ya a tener al “verdadero” presidente del país no en el Palacio Quemado
sino en la Embajada, como la llamamos casi cariñosamente.
La mano del nuevo embajador se hizo evidente ya en “El Millón” de SRZ, un evento tan
bien organizado que parecía obra de las mismas gentes que organizaron el alevoso y
criminal ataque contra las torres gemelas de NY, operación que sólo pudo haber sido
orquestada por gobiernos como el inglés, el de Israel, el ruso o, como lo vienen diciendo
millones en USA, el de USA.
El embajador anterior fue acusado de intervenir, si no de organizar, en varios eventos
criminales, masacres y asesinatos tanto en Bolivia como en el Paraguay, como
recuerdan algunos privilegiados de buena memoria, enormidades que no le impidieron
“reclamar” un Cóndor de los Andes antes de irse, apoyado por sus buenos amigos
locales.
El nuevo no ha tenido tiempo todavía para competir con su antecesor, pero tiene sin
duda las cualidades necesarias para hacerle sombra, por lo menos. Su principal virtud
como diplomático, dicen, es la de haber sido el arquitecto de la destrucción de la vieja
Yugoslavia, pero ni Abdel Arcadio, ese rey de los periodistas investigadores, le ha
dedicado mucha tinta. ¿Por qué será?
Callado y profesional, el nuevo embajador reduce al mínimo sus intervenciones públicas
mientras los bolivianos mejor informados no pueden menos que reconocer al
orquestador  sutil de la reciente serie de batallas que distingue a nuestra guerra civil no
declarada. Y es por la precisión, la efectividad, la coordinación y la oportunidad con que
tales episodios se suceden.      
¿Quién puede negar la presencia de una mano maestra en la organización y la
ejecución de “El Millón” de SRZ?  El único error allí fue la compra de un millón de
banderas verdes. ¿Quién las pagó? El patriotismo de Branko no llega a tanto.  
La cosa se hace más evidente si comparamos ese evento, que hasta Hitler envidiaría,
con los 500 mercenarios del Plan Tres Mil,  acto improvisado sin duda sólo por los
cívicos y los nazis de SRZ apenas días después.
La barbarie de la clase media de CBB tuvo también un escenario casi “inédito” para
lucirse en enero. ¿Quién tuvo la idea de que los “privilegiados” del Valle salieran a
“combatir” con palos de golf y bates de béisbol?  ¿Bates de béisbol y palos de golf? Sólo
faltaría que hubieran “combatido” gritando en inglés, y tal vez fue así. (Abdel Arcadio,
punto en boca).
Observadores más prolijos podrán hallar, sin duda, coincidencias similares en la
organización, la cronología, la ejecución y, sobre todo, la suspensión oportuna de los
demás eventos violentos de los últimos meses. La sangre se ve, pero no llega al río. Los
muertos se dan, pero no abundan. Es como si se tratara de una guerra “amistosa”.
Comparen esos eventos con Huanuni, donde es mucho más difícil intervenir cuando se
va por el mundo con cara de gringo. En Huanuni, la salvajada fue evidente y bestial,
diríase que criolla.
La intervención del Imperio en Latinoamérica es tan antigua y tan “natural” que sólo los
idiotas se atreverían a hablar de “soberanía” en estos países. Es una intervención que
muchos vemos como una necesidad geopolítica en el Continente de la Desesperanza. Si
los gringos se fueran mañana, ¿quién duda de que los gobiernos latinoamericanos
convertirían al continente en un sangriento campo de Agramante? Es cierto que el
Imperio es cruel pero, comparado con otros imperios, nos obliga a recordar que es cierto
aquello de “del mal, el menos”.  Pronto lo aprenderemos, cuando sintamos el peso del
Imperio chino.
Esa intervención ha sido, también, una válvula de escape que evitó saben Dios y la
Embajada cuantas explosiones sociales en Bolivia. Esa válvula de escape se llama visa y
ha trasladado a USA a 800.000 bolivianos, uno de los cuales soy yo, llegado aquí
cuando, en mi hora más desesperada, pude hallar una mano amiga sólo en USA. Así,
debo gratitud y lealtad a USA, como muchos de esos 800.000 boliviano-americanos que
ya pronto serán americanos a secas porque una intervención que dura siglos crea lazos
de unión, así no se los desee, entre los pueblos, y sólo los bastardos pueden ignorar
verdades de ese calibre. Debe ser por eso que los gringos, como tales, son aceptados
como amigos individuales cuando deciden vivir en Bolivia. Esa es una paradoja
simpática, ¿no? Odiamos al Imperio, pero apreciamos a los gringos que viven entre
nosotros. Al menos, no se dio un solo caso de que asesináramos a un gringo en la calle
como lo hacen en muchos países de este atribulado mundo.  
Lo cual no quiere decir que no detestemos todo intervencionismo, así se exprese en
vacunas. Nadie aprecia a quien se mete en su propia casa, así sea con obsequios. Yo
recuerdo la antigua embajada en La Paz, el olor a cocaína que tenían los “cuarteles” de
los Marines, y me da asco el recuerdo entero.
Así que la cosa se reduce a la pregunta, ¿qué podemos hacer para que el embajador
reduzca sus intervenciones y, si fuera posible, las ejecutara de modo público y
beneficioso?
Lo ideal seria, claro, que pudiéramos ponernos de acuerdo sobre la Bolivia que
queremos. En río revuelto, ganancia de pescadores. Tomada la decisión, el mensaje es
fácil. NO queremos una Bolivia socialista. NO queremos una Bolivia nazi, así sea cruco-
nazi. NO queremos una Bolivia sólo para los indios, como no queremos otra sólo para los
mestizos. Queremos una Bolivia esencialmente democrática y todos vamos a trabajar
para conocernos mejor indios y mestizos y para hacer de esta utopía una nación.
Especialmente, no queremos un presidente en el Palacio Quemado que hable como
gringo, tenga la marca de la CIA en el glúteo y sea ciudadano norteamericano. Eso, más
que un absurdo, fue una criminal barbaridad. Queremos un presidente boliviano para
Bolivia.
Pues que la intervención de la embajada no puede evitarse, queremos que sea  tratada,
discutida y debatida en público. Después de todo, hubo años, sino décadas en que la
Embajada fue el verdadero palacio de gobierno. Pregúntenselo a los gobernantes
anteriores a Evo.  Inteligencia del Ejercito informaba primero a la Embajada y después al
Ejecutivo, gracias a Tuto y otros patriotas del mismo calibre. La Embajada es una
fortaleza que aloja un gobierno paralelo y compuesto en gran parte por funcionarios
bolivianos. Todos lo sabemos pero todos tendemos a olvidarlo, cómodos como somos.
Un instrumento que nos ayudaría mucho en esta tarea sería un Ejecutivo que contara
con uno o dos buenos oradores, pero ni Evo ni su Vice cuentan esa entre sus virtudes.
Si Evo hablara, vamos a decir, como Fidel, podría gastarse sus buenas cinco horas
semanales ante los micrófonos de la red radial boliviana cantando estas verdades hasta
que el embajador diera señales de haberlas escuchado.
Pero, como Dios no les dio tal ventaja, lo mejor será que todo tipo de instituciones,
desde el Club Bolívar hasta el club de madres, haga una costumbre la de presentarse
ante la Embajada, ese monumento a la enemistad entre los pueblos, y dedicar varias
horas a decir lo mismo pintado en cartones y carteles. Algo es algo. Tales acciones son
más importantes de lo que se cree. Aunque más no sea, porque aparecen en los diarios
de todo el mundo.
Como todo viejo en decadencia, USA empieza a anquilosarse y a bizquear. Hace tres
años creía que podía librar tres guerras al mismo tiempo, una por continente. Hoy en día
está forzando a sus soldados veteranos a quedarse matando en Irak después de haber
cumplido con su servicio legal y a pesar de tener 150.000 soldados de uniforme y otros
150.000 asesinos sin uniforme matando iraquíes a razón de 100 al día. La antigua
democracia que fue es hoy una dictadura de hecho encabezada por un payaso loco,
según la escritora argentina Isabel Valenzuela y el NYT. En fin, no son estos días de
gloria, como Normandía o Antietam.
Sólo así se entiende que este embajador tome partido por un segmento de la sociedad
boliviana que ha gobernado el país desde la Guerra del Chaco, por decir lo menos, y ha
fracasado en todo sentido y sin la menor gloria, y no prefiera forjar amistades con un
líder como Evo y la nueva clase gobernante que irá desarrollándose contra viento y
marea. Los demócratas del Norte prefieren a los fascistas del Sur porque ya va
muriéndose el Imperio.
Pero la presencia del pueblo ante la Embajada, día a día, no puede menos que hacer
mella en esa embajada, en la prensa mundial y en la conciencia nacional. ¿Por qué no
hace algo parecido el grupo empeñado en juzgar al Goni? Será más efectivo que lo que
hace ahora.  Pues que domina la política boliviana, hora es ya de que demos su
importancia real a esa embajada. Mucho agua ha corrido bajo el puente sin que los
bolivianos aceptemos al fin que hay otro “presidente”, aunque parece ignorado, dentro
de ese horrible edificio.
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Abr 07