Ejército Eterno

No existe posiblemente en la desgraciada historia de nuestro territorio una fuente mayor
de vergüenza, asombro triste y asco desesperado que la trayectoria de nuestras
desgraciadas FF.AA.
Los crímenes, las traiciones, las masacres, las monumentales imbecilidades y los abusos
y maldiciones que delatan la constante barbarie que, como atmósfera de pesadilla, ha
sido el caldo de cultivo de nuestros delincuentes de uniforme son la razón primera por la
que las masas hallan tan difícil el estudio de lo que algunos llaman Historia de Bolivia. Se
necesita un estómago de acero para leer tantas páginas plagadas de bajezas, mentiras,
asesinatos y matanzas sin sufrir espasmos de indignación que la solitaria sombra de uno
que otro hombre en verdad heroico pero ya olvidado nunca podrá paliar.   
Esos recuerdos de horror y los uniformes que los generales de alto rango vienen
inventándose desde que Evo los baña en oro para ir postergando la hora en que las
gloriosas cumplirán su función institucional tradicional de golpear al Ejecutivo chocaron
ayer contra la noticia de que los jóvenes bolivianos han decidido abrazar la carrera de las
armas y reclaman decenas de miles de plazas a lo largo y ancho del país para darse la
oportunidad de vestir una jerga por la que ellos mismos pagan (inédita situación en la
historia y el continente) y jugar al pum-pum con rifles de madera en la plaza pública más
cercana.
Las recientes muertes a patadas de varios reclutas no han disuadido, al parecer, a nadie;
los rumores de que los jefes venden la comida de sus subordinados, les recortan y roban
sus magros ingresos, usan rebenques y bayonetas para inducir un paso marcial y
cometen otros latrocinios contra muchachos recién salidos de la secundaria tampoco han
tenido efecto alguno.
Tal actitud demuestra la mala memoria de padres, hijos, madres y abuelos y provocaría la
admonición de que “los pueblos que olvidan su historia se condenan a repetirla” si no
fuera porque sabemos que tales familiares no olvidan esa historia sino que simplemente
no la conocen: “¿Banzer? (dice la abuela) Era muy simpático Banzer los domingos,
cuando salía de misa”.  “¿Já?”, pregunta el joven recluta, orgulloso miembro de la
generación hip-hop. “¡Anótate ya!”, ordena el papá, pensando ‘este burro cada día me
cuesta más plata’. “¡Qué churro se te verá, qué pije!”, dice la enamorada que podrá salir
con otros dos chicos apenas encierren a éste en el cuartel. Y así, el país cuenta con
32.000 nuevos valientes dedicados a las sacrificadas tareas de represión que son
actividad exclusiva de las gloriosas.
¿O es que existe otra versión de los hechos?, como diría un comunicador bastante
despierto.
A estas alturas y con la dictablanda bien asentada hasta parecer inamovible, parece que
gobernante y gobernados se han convencido por fin de que no existe en el país partido
político mejor organizado ni más poderoso que las  Fuerzas Armadas. El que hayan
estado casi siempre al servicio de intereses extranjeros y hayan servido de policía de
último recurso toda vez que la comedia se hacía tragedia no niega esa verdad: donde la
anarquía reina y hace ciegos, el tuerto es rey: todo cambia en Bolivia menos las estables
FF.AA.  Parece pues que 32.000 jóvenes han decidido hacer carrera en este partido
político en lugar de elegir alguno entre los desacreditados grupículos que hacen algún
ruido cívico todavía….
A menos que el desempleo sea la explicación de este fenómeno, con lo que el sector
privado vendría a desnudar su triste hoja de servicios desde 1825 para  acá.
Algunos ilusos han mirado como progreso el hecho negativo de que doce mil mujeres de
humilde origen tomaron el lugar  en la ‘industria de la construcción’ de doce mil hombres
desempleados por el resto de su vida y por las empresa privada que sólo sirve sus
propios intereses desde que existe (es la otra quijada de la tenaza).
Ese remplazo significa una reducción de ingresos muy notable para la gran ‘familia’ de los
humildes: donde antes ganaban un peso ahora ganan ochenta centavos y dejan a sus
niños solos durante doce horas diarias… Es, pues, un ataque frontal contra los humildes,
un 90% de los cuales son indios. Por su parte, Evo se hace el tonto y se va a gritar
pavadas a la ONU ignorando a su raza y a sus ‘movimientos sociales’, con lo que
demuestra su vocación ‘comunista’.
¿Es tal vez porque ven clara esa situación que los jóvenes quieren aprender a manejar
armas? Tales signos de astucia no se dan entre los cultores del hip-hop en parte alguna.
Más aceptables como explicación resultan los ruidos que provoca el hambre en todo
estómago joven y en pleno desarrollo.
Si es por hambre, su combativa demanda de oportunidades por ‘hacer’ el Servicio Militar
demuestra su dolorosa ignorancia sobre el modo en que ese Servicio militar transforma al
indio pobre de los Andes en el soldadito que fue capaz de asesinar a sus familiares y
antepasados durante las cien masacres que hacen las glorias militares nacionales.
No es fácil ‘educar’ gente para usarla luego en el asesinato de sus familiares. Como se ha
visto ya y miles de bolivianos lo han experimentado, el proceso consiste en liquidar
totalmente la personalidad del recluta mediante un doloroso y brutal ejercicio de violencia
física y mental contra el adolescente que lo sufre.
Un lapso relativamente largo durante el que se lo aísla, golpea y abusa hasta convencerlo
de que vale menos que cero como ser humano o como animal (hasta que entiende que
‘ha muerto’) concluye con ‘éxito’ cuando el muchacho entrega la voluntad propia a su
nuevo ‘padre’ (su teñente) y aprende a obedecer hasta cuando va contra su propia vida:
así fueron asesinadas a patadas por un grupo de ‘teñentes’ las victimas cuya muerte la
‘justicia’ boliviana no termina de investigar. Así se hacen también soldados en Rusia, en
China y en todo lugar que precisa instrumentos humanos para cometer sus crímenes. Y
por eso son tan pocos los hombres que sobreviven a semejante proceso y lo critican
luego. La gran mayoría prefiere olvidar esos horrendos días y enterrar su ‘servicio militar’
entre sus peores recuerdos.
Todo lo cual no niega la presencia ineludible del partido más poderoso de la nación en la
encrucijada actual. Aunque intenta aparecer todavía como servidor respetuoso de la
Constitución (¿cuál?) y busca disimular la gordura extrema de sus generales y su nueva
riqueza, está ya en el sendero ineludible a que lo condena su pasado: no sirve más que
para golpear al Ejecutivo y masacrar a sus tíos, primos, hermanos y parientes que van por
allí sin uniforme. La cuestión no es qué sino cuándo.        
Evo, aburguesado, grueso él también y contento sin opositores que le molesten, no podrá
evitar el pisar un callo militar en una mala hora… Es su destino. Ojalá termine en La
Habana y no en el farol que ignora cada vez que saca la melena a la plaza.  




 
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Arturo
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09-09-12