Su Opinión

La Vida con dos Gobiernos
Arturo
Sus Libros
Una reciente encuesta dirigida a demostrar que los bolivianos que viven en las ciudades
prefieren no cambiar nada en la vida nacional nos conduce a varias conclusiones  tristes.
La inmediata es que esa encuesta fue un malgasto dirigido a convencer sólo a los ya
convencidos. Quienes buscan el cambio, algunos con desesperación, no viven en las
ciudades sino alrededor de ellas y, porque carecen de los servicios más elementales, no
son más que anillos de miseria alrededor de la pobreza urbana y general que sufre
nuestro pueblo. Esa encuesta no llegó a los pobres ni a los explotados. Los
encuestadores no explicaron cómo hicieron para elegir a sus 500 “encuestados”. Imagino
que se pasearon por varios comederos céntricos durante un mediodía cualquiera. No fue
una encuesta entonces, sino una maniobra tramposa.
Otra conclusión sería la de que parecemos haber hallado la peor solución política
posible, excluyendo la guerra civil declarada, y que esta solución consiste en el hecho
evidente de que vivimos con las manos atadas bajo dos gobiernos.
Uno es legítimo y constitucional.
El otro es dictatorial, subversivo y en realidad impotente, dirigido por Branko sin más
argumento que su “autoridad moral” nazi y el regimiento de delincuentes que impone esa
“autoridad” en una media luna cuyos escasos habitantes parecen vivir en su propia luna
entera. Esa media luna es el único lugar del mundo en que los oprimidos son felices bajo
la bota de sus opresores. El mejor arma de Branko es la violencia; otra son los ruidos
que hace la “gran” prensa.
El legítimo es apoyado por las mayorías nacionales, todavía mudas y al parecer con las
manos atadas. El subversivo, por el terror a los criminales, la plata de los ricachos y la
propaganda que compra ese dinero.   
Tras la violencia de principios de año, ambos grupos parecen haber acordado una
“pausa de paz” que impida una intervención extranjera y les permita disputarse el apoyo
popular mediante nuevas campañas de diversa índole. Dadas sus características,
ninguno parece destinado a lograr una mayoría convincente. Seguiremos pues con el
malhadado 60-40 con que amanecimos en Diciembre del 2005.  
A estas alturas parece ya evidente que Evo Morales ha perdido algo del favor popular
porque, humano como es y novato como se confesó en cuanto a la politiquería, no
parece haber hallado un modo de gobernar para todos los bolivianos y continúa
sufriendo acusaciones de que favorece a los de piel cobriza. Es decir, hace lo que
debería hacer todo el país hasta dar al indio su categoría plena de ciudadano.
Las razones y causas de esa imagen me parecen claras y lógicas, pero no merecen más
análisis. El hecho es que ese 60% mágico que nos dio tantas esperanzas en 2005 puede
haberse reducido y ahora todos vemos el Experimento Evo como un conflicto entre
politiqueros indios y racistas de “izquierda” contra politiqueros “blancos”, racistas y nazis.
Al modo tradicional, este estado de cosas que sólo significa un constante desperdicio de
esfuerzo y dinero en una “tensión” que terminará no variando nada, no hubiera sido
posible. Con prefectos rebeldes y subversivos, la solución tradicional por el Ejecutivo fue
el uso de la fuerza pública y el ejercito, de ser necesario, para destituir, exiliar o apresar
a tales rebeldes. Nuestra historia esta plagada de ejemplos que a nadie quitaron el
sueño.
Pero Evo es diferente. Aunque sabe perfectamente que las “leyes” firmadas por Mesa y
Rodríguez para permitir la elección directa de los “gobernadores” son ilegales y violan la
Constitución vigente, su gobierno prefirió reconocer la “legitimidad” del gobernador de
CBB y rechazar una acción directa de la “justicia comunitaria” popular que hubiera
acabado con la vida política de la figura más reaccionaria y estúpida del horizonte actual.
La creación de “delegados” ante las prefecturas sólo prueba la debilidad del Ejecutivo y
muestra la audacia de los subversivos. La declaración del Vice Presidente en defensa de
un “capitalismo andino” y “productivo” (como si existiera otro improductivo) le ayudó a
confesar ante propios y extraños que ve a su gobierno como un régimen con menos
garra de lo que ven y quieren creer la prensa local y la prensa internacional, los actuales
enemigos más poderosos del país. Este es un gobierno menos “revolucionario” que el
pueblo que lo eligió, algo casi “inédito” en nuestra experiencia.  
El resultado es una paradoja lamentable. El gobierno de mayor popularidad de los
últimos 30 años es hoy el régimen más débil de esta generación, y debe esa su debilidad
a su extraño respeto por una idea nebulosa de democracia que también le ata las
manos.     
Es lamentable porque el país retorna al vicio de dar vueltas sobre la misma problemática
como un perro que se muerde la cola, pierde dineros destinados a fines más nobles y ve
disminuir la paciencia de los miserables cuyas necesidades no les permiten perder el
tiempo como lo pierden los politiqueros.
Nada bueno es dable de esperar de la nueva Constitución, si es que se aprueba alguna.
Basta observar de lejos al Congreso, dedicado también a tratar bien a sus miembros y
darles de mamar mientras el país espera, desespera y desfallece. La vergüenza del
escándalo del petróleo parece no haber tocado a nadie. Los bolivianos continúan su
éxodo a pesar de nuevos obstáculos internacionales. Somos  el pueblo más miserable
del Continente de la Desesperanza.  
Nos queda el mismo cuadro que temimos tras la tragedia de enero en CBB, dos grupos
amorfos y sin sentido histórico, ciegos y enfrentados sin esperanza de ningún
compromiso, sumidos en una anarquía más feroz que la que signa nuestra triste historia.
Desde enero hasta hoy, nada han progresado los bolivianos en su deseo de crear una
nueva nación. Los pobres gimen, los políticos roban, los ricos pescan en aguas turbias y
la esperanza muere de hora en hora.
Pero existe la obligación de recordar que tal horizonte es obra de todos y cada uno de
los bolivianos, vivan donde vivan y sufran la piel que sufran y que les diera el azar. Si
nuestro país agoniza es porque nosotros lo matamos con nuestras incertidumbres. Si
nuestro pueblo sufre hambre y miseria es porque sufre de nuestro egoísmo. Hemos
resultado nuestro propio y peor enemigo.   
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Abr 07