El Problema de Dios, Solucionado

Como bien recuerdan mis lectores (dos) que han venido siguiendo mis incansables
esfuerzos por solucionar el Problema de Dios, este ha sido uno de los que más sueño
me ha quitado durante medio siglo.
Es por ello que saludo con entusiasmo a Alan Lightman, físico, novelista y profesor de
la práctica de las humanidades en el MIT. (Si no sabe que es el MIT, mire el
diccionario, jajaja y ja), a quien he traducido los siguientes párrafos después de
robarlos del Washington Post.
Con ello doy por solucionado este problema, causa de miles de libros, ensayos,
debates y furiosas peleas en todas las ciudades del planeta. Ojalá sus ideas se
difundan a nivel universal para sembrar la paz y la concordia en este atribulado
planeta.
Escribe, entre otras cosas, mi admirado Profesor:  
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Al analiza los misterios de los fenómenos "emergentes" - cuando un sistema complejo
exhibe un comportamiento cualitativo que no puede ser explicado en términos del
funcionamiento de sus partes individuales: por ejemplo, la aparición de la vida auto-
replicante desde moléculas inanimadas, o el surgimiento de la conciencia a partir de
una colección de neuronas conectadas, hay quienes afirman que porque no podemos
explicar tales fenómenos emergentes es que tampoco podemos refutar la idea de una
fuerza creadora detrás de todo.
Pero no es la incapacidad de la ciencia para explicar algún fenómeno físico lo que
demuestra que no podemos refutar la existencia de un poder creador (es decir, Dios).
La ciencia es una labor en progreso, y los fenómenos que la ciencia no puede
explicar  hoy se podrán explicar dentro de 100 años. Antes del siglo 18, la gente no
tenía explicación para los rayos.
La razón de que la ciencia no puede refutar la existencia de Dios es que Dios, tal
como lo entienden todas las religiones humanas, existe fuera  del tiempo y del
espacio. Dios no es parte de nuestro universo físico (aunque Dios puede decidir y
entrar en el universo físico a veces).Dios no está sujeto a pruebas experimentales. O
se cree o no se cree en El.
Por tanto, no importa cuanta evidencia científica se amasara para explicar la
arquitectura de los átomos, o la forma en que las neuronas intercambian señales
químicas y eléctricas para crear sensaciones en nuestra mente, o la manera en que el
universo pudo haber nacido de la espuma quántica, la ciencia no puede refutar la
existencia de Dios – así como un pez no puede refutar la existencia de los árboles.
De la misma manera, no importa que existan lagunas en los conocimientos científicos
actuales, no importan las obras buenas de la gente, no importa que las personas
tengan  sentimientos espirituales sobre lo divino: la teología no puede probar la
existencia de Dios.
La prueba más convincente de Dios, de acuerdo con el gran filósofo y psicólogo
William James en su excelente libro "Las variedades de la experiencia religiosa"
(1902), no es física ni objetiva ni demostrable. Es la experiencia trascendente muy
personal.
Hay un enigma científico que prácticamente chilla las limitaciones de la ciencia y la
religión. Es el problema del "ajuste refinado".
Durante los últimos 50 años más o menos, los físicos se han informado más y mejor
sobre el hecho de que varios parámetros fundamentales de nuestro universo parecen
haber sido objeto de un ajuste afinado que es lo que permite la aparición de la vida -
no sólo la vida como la conocemos, sino vida de todo tipo.
Por ejemplo, si la fuerza nuclear fuera apenas más fuerte de lo que es, todos los
átomos de hidrógeno del universo recién nacido se habrían fusionado para hacer
helio y no habría hidrógeno. Sin hidrógeno no hay agua. Por el otro extremo, si la
fuerza nuclear fuera sustancialmente más débil de lo que es, los átomos complejos
necesarios para la biología no podrían unirse.
En otro ejemplo aún más notable, si la energía oscura cósmica descubierta hace 15
años fuera apenas más densa de lo que es, nuestro universo se habría expandido
con tal rapidez que la materia no hubiera podido ‘juntarse’ para formar estrellas. Si la
energía oscura fuera apenas menor, el universo habría colapsado mucho antes de
que las estrellas hubieran tenido tiempo para formarse. Los átomos se hacen en las
estrellas. Sin estrellas no habría átomos ni vida.
Entonces, la pregunta es: ¿Por qué? ¿Por qué aparecen estos parámetros en la
estrecha escala que permite que la vida?
Hay tres posibilidades: En primer lugar, puede haber una ciencia física aún
desconocida que requiere que estos parámetros sean lo que son. Pero esta
explicación es muy dudosa - ¿por qué las leyes de la física habrían de preocuparse
por el surgimiento de la vida?
Segunda posibilidad: Dios creó el universo, Dios quiso la vida (por cualquier razón),
por lo que Dios diseñó el universo para que permitiera la vida.
Tercera posibilidad, y la preferida hoy por muchos físicos: nuestro universo es uno de
millones y millones de universos diferentes con una amplia gama de parámetros,
incluso muchos valores diferentes para la intensidad de la fuerza nuclear y la
densidad de la energía oscura. Algunos universos tienen estrellas y planetas,
algunos, no. Algunos alojan la vida, otros no. En este escenario, nuestro universo no
es más que un accidente. Si nuestro universo particular no tuviera los parámetros
adecuados para permitir el surgimiento de la vida, no estaríamos aquí para hablar de
ello.
De manera similar, sucede que la Tierra está a la distancia adecuada del sol para
tener agua líquida, un ambiente agradable de oxígeno, y así sucesivamente. Podemos
preguntarnos por qué nuestro planeta tiene todas estas propiedades preciosas que
permiten la vida.
La explicación es que no hay nada especial o especialmente diseñado para la Tierra.
Otros planetas existen. Pero en Mercurio, donde la temperatura es de 800 grados, o
en Neptuno, donde es de 328 grados bajo cero, no podríamos existir.
Desafortunadamente, es casi seguro que no podemos probar la existencia de esos
otros universos. Debemos aceptar su existencia como una cuestión de fe.
Y aquí llegamos a la fascinante ironía del problema del ajuste refinado. Tanto la
explicación teológica como la explicación científica requieren de la fe.
Hay por cierto enormes diferencias entre ciencia y religión. La religión sabe de la
experiencia trascendente. La ciencia sabe acerca de la estructura del ADN y de las
órbitas de los planetas. La religión extrae sus conocimientos en gran parte de los
testimonios personales. La ciencia extrae sus conocimientos de experimentos
repetidos y cálculos matemáticos y ha tenido un enorme éxito en la explicación de la
mayor parte del universo físico.
Pero, de la manera que he descrito, la fe entra en ambas empresas.
Hace varios años, yo pensé que los escritos y argumentos de gente como Dawkins,
que trata de refutar o probar la existencia de Dios, eran una terrible pérdida de
calorías. He cambiado de opinión. Ahora creo que las discusiones de la ciencia y la
religión, incluso los intentos de una por refutar a la otra, son parte de una
conversación continua y reparadora de la humanidad consigo misma. Al final, todo
nuestro arte, nuestra ciencia y nuestras creencias teológicas son un intento de dar
sentido a este fabuloso y fugaz existencia en que nos encontramos.
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