- Mi maldición...
- Nuestra maldición…
- Beh… Nuestra maldición viene de lejos en el tiempo y la distancia…
- Viene de Salta por cuatro generaciones…
- La maldición bíblica…
- Es un mito judío, te digo… No se cómo puedes creer en esas cosas…
- Mito o no mito, eres encogido. Eres apenas una bolsa diminuta de…
- Te niego todo derecho a…
- No puedes negarme nada… Ayúdame más bien a destripar este entripado.
- ¿Para qué?
- Para estrenar este poder portentoso. Iluminará nuestros días, te digo.
Permíteme recomenzar:  Esta mi maldición bíblica viene de lejos en el tiempo y
el espacio; en la tierra, desde Salta; en el mito, desde la biblia, esas mil noches
y una noche inventadas por una banda de  judíos canallas cuya maldad dura ya
4013 años….
- ¿Tienes que meterte con los judíos, también?
- Ellos inventaron la biblia, ¿no? No fueron los k’echuas…
- ¿Por qué dices k’echuas? Son quechuas, no k’echuas…
- ¿Cómo lo sabes?
- ¡Han sido quechuas desde tiempos inmemoriales! ¡Dices k’echuas por puro
joder! Te das unos aires que….
- En cambio a ti ya te faltan los aires apenas te pones nervioso, ¿eh? ¡Anda,
encogido! Calla y respira… si puedes…
- ¡Ah, cómo te odio!
- Y eso que somos hermanos…
- ¡Nadie elige a sus parientes!
- Cuan cierto… cuan verdadero y exacto… Cuan sabio… ¿Comenzamos?
- Beh… Date el gusto….
- Esta nuestra maldición bíblica viene de lejos en el tiempo y el espacio; en la
tierra, desde Salta; en el mito, desde la biblia, esas mil noches y una noche
inventadas por una banda de  judíos canallas cuya maldad dura ya 4013
años….
- Ilustrada por la imagen de una mujer tísica cuya belleza atrajo a un fotógrafo
aventurero que para salvarla decidió trepar con ella a cuestas hasta la cumbre
de los Andes y vivir en un nido de cóndores que por entonces no era más de
6000 casas, nueve parques, una plaza ya famosa por las matanzas que
presenció durante medio milenio y por la portentosa diosa de tres cabezas
níveas que la protege y la hace única….
- ¡Para, párate, para! ¡Párate ahí mismo! ¿De quién corno hablas?
- De la tumba de tiranos, pues. De la cuna de la libertad. Nuestra cuna.   
-  ¿De dónde sacaste todo eso?
- Mientras agonizabas tú, yo estudiaba…
- Explícate.
- Mientras te pasabas las noches escupiendo mocos contra sábanas viejas e
indefensas…
- No era yo; era la maldición bíblica heredada de la vieja hereje… Ella también
se pasaba noches enteras escupiendo sus babas... …y nosotros durmiendo a
su lado, ¿recuerdas?
- No. No recuerdo nada de eso. Yo dormía.
- No es cierto. No podíamos dormir porque ella agonizaba…
- Yo dormía.
- Nada sabes sobre la maldición bíblica, ¿entonces? ¿Cuatro generaciones
escupiendo babas, enfermas de los pulmones? Cuatro generaciones, sólo
porque algún antepasado… Algún… Me atoro.
- Cálmate. Respira hondo. Otra vez. Te lo vengo diciendo desde los ocho años,
idiota, pero tú…
- Mal… Mald… ¡Maldición!
- Te ayudo: Lo que este tísico quiso decir para estrenar su nuevo poder, el
habla, es que nuestra abuela nos trajo este mal desde la noche de los
tiempos… El más dañado es él, razón de su enojo. El más sano soy yo, el
izquierdo: aquí la zurdera todavía vale.  
- Pero nuestro pecho es cóncavo…. Más ahora, con la vejez, el mal más
absurdo.
- Así y todo, pulmón y medio, como él mismo decía, hemos vivido una vida
interesante… Variada… Agitada a veces, pero a veces nomás.
- Jamás dejamos de fumar. Jamás.
- No, nunca. Habrá que pagar los daños, alguna vez.
- Pronto.
- Si, pronto.
- Pero no hay indicios de que vaya a ser mañana…
- No. Tenemos para rato, nosotros.
- Lo dices porque tienes miedo.
- Y tú, no.
- Yo también.
- Porque ya viste la sombra de…
- Sí.
- Asfixiados. Moriremos asfixiados. Larga asfixia.
- Días y noches.
- Peor que las sábanas de la abuela.
- Oh, sí. Mucho peor.
- Para ella fue fácil. Cosa de minutos.
- No murió asfixiada. Murió de pena. De pena murió.
- Mujer valiente.
- Como ninguna.
- Nunca esperó que el diablo…
- Ni lo menciones.
- No esperó que se llevara primero al hijo.
- No. Maldito diablo.
- Maldito.
- Ni lo menciones.
- ¿Recuerdas el cuartel?
- ¡Cómo no!
- Fuimos tres: el japonés, el alemán y…. y este.
- Desnudos bajo el sol abrasador de los Andes y demostrando un pudor de
señoritas entre mil reclutas hechos de cobre.
- Nadie espiaba las pelotas de nadie.
- Entre los tres, querrás decir, porque entre los reclutas…
- Eso se entiende: la vulgaridad es propia de la plebe.
- Nosotros, en cambio…
- Fue algo difícil: el japonés era bueno como señora, pero era grandote y
fuerte. Sólo su gentileza garantizaba su pasividad.
-Cuan cierto; el alemán era la mejor expresión de la nobleza humana añadida a
un sentido de respeto singular y tímido por el mundo entero… No miraba las
pelotas de nadie porque tenía miedo de lo que podía descubrir, digo yo.
- Malvado.
- No tal: igual lo aprecio hoy.
- Singular experiencia: tres privilegiados desnudos entre mil expoliados muertos
de risa; los tres mirándose a los ojos fijo, fijo, para hacer ver a propios y
extraños que jamás bajarían la vista… Extraña educación la nuestra.
- La suya, dirás. Nosotros fuimos testigos de palo.
- No tanto cuando se nos ordenó aspirar…
- ‘Saque pecho’, dijo el teñente.
- Sacamos pecho, lo poco que pudimos.
- No notó la diferencia. ‘¡Saque pecho!’ ordenó, molesto.
- Yo hice lo que pude.
- Yo, lo mismo.
- Sacamos pecho, pero era ínfimo. Diminuto.
- Invisible.
- A Dios gracias, el teñente se dio cuenta.
- ‘Salga de aquí’, dijo en voz baja.
- Y así salimos, avergonzados de no tener pecho que sacar.
- Sólo hasta que entendimos que eso nos libraba de cumplir el servicio militar…
- ¡Ah, pillo!
- Si, pillo, pero hasta hoy sentimos una cierta vergüenza….
- Yo, no. Sólo los tontos y los….
- Yo, sí. Era nuestro deber patrio.
- Siempre fuiste un idiota.
- Un idiota triste, ahora.
- Calla y olvida.
- Buenas tardes.

- Espera. ¿Recuerdas la bicicleta?
- ¿La Raleigh celeste? Jamás la olvidaré.
- Fue en ella que nos llegó el anuncio, ¿no?
- Si, pero muy adelantado…Yo lo olvidé dos días después.
- Pero fue la primera vez que nos asfixiamos, ¿no?
- Tú… serías. Yo no lo recuerdo así.
- Y desde entonces vivimos con ese terror, dilo de una vez.
- Moriremos asfixiados.
- Asfixiados.
- Hace 49 años que lo sabemos.
- Pero el terror es el mismo.
- Pesadas son las cruces…
- Buenas tardes, dije. ¿Qué? ¿No me escuchaste?  
SIGUE