Arturo von Vacano
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¿Para qué murió Coro?
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¿Para qué murió el 9 de junio y cerca de Sucre el minero Carlos Coro Mayta, asesinado de un balazo en
la espalda?
Para muchos bolivianos, la respuesta es fácil: murió para poner en el Palacio Quemado a Jorge
Quiroga (“Tuto” para la prensa escrita, como si fuera otro Lula) y retornar a los gloriosos días de Banzer
el dictador, asesino, ladrón, corrupto y Presidente Constitucional de la República tras haber sido elegido
en democrático ejercicio de sus derechos ciudadanos por el pueblo soberano.
Para otros tantos bolivianos, la respuesta es igualmente clara: Coro Mayta murió para dar el Palacio
Quemado a Doria Medina (desde ayer “Samuel” a secas para la prensa escrita que espera “ganar”
varios millones durante esta campaña electoral). De ese modo, volverán los dorados días de Jaime el
de los Cinco Millones, virtuoso de la organización que inventó un partido político sin ideología ni meta
que no sea el robo, la corrupción y la rapiña espantosa, la Mafia en su peor forma.   
Para otros bolivianos, muchos también, Coro murió para hacer posible elecciones en las que todo
consiste en vigilar la campaña día tras día para decidir ene l momento preciso a cuál de estos
paradigmas ciudadanos podrán vender su voto y por cuánto.
(No quiero referirme aquí a Evo porque hace unas semanas, cuando lo propuse para ponerlo en ese
despreciable Palacio, ni la prensa escrita ni la prensa cibernética quisieron publicar mi nota: así de
simpático se ha hecho Morales para muchos bolivianos).
Hay otros apellidos que podría usar aquí para ensuciar la memoria de nuestra política, pero me inhibo
porque todos son conocidos ya por su travesuras y sus uñas largas. Diría que son parte del asco
cotidiano, pero resulta que tipos como estos forman legión, si no mayoría, costumbre y no excepción.  
Excluyendo a Jaime, con el que crucé alguna vez un par de palabras en NYC cuando Paz vagabundeaba
sin tener con qué taparse el rabo, nunca he visto ni escuchado a los caballeros arriba mencionados, por
lo que agradezco al cielo: más que candidatos se me aparecen como abortos del infierno.
Sólo tales abortos podrían atreverse a presentar la jeta de candidato después de las tropelías que han
cometido y de las que se acusan mutuamente, demostrando así una taradez propia de los políticos que
eran corruptos ya antes de hacerse políticos. Después de dar al pueblo pelos y señales de sus delitos
económicos y otras habilidades terminarán asociándose para compartir luego la torta a furiosos
mordiscos.
¿Para eso murió Coro Mayta cerca de Sucre?
¿Para eso murió el millar de víctimas de Goni?
¿Para eso actuaron los bolivianos con gran madurez política durante la Crisis de Sucre – ¡los militares
defendieron la Constitución, coño! -, evitando otra guerra civil?
¿Para ver hoy día tras día la jeta de Tuto y Samuel en la prensa y la TV?
Para entregarles el país desde Enero próximo?
Para muchos bolivianos, tal vez para la mayoría, fue para ese nuevo horror que murió Coro Mayta aquel
9 de junio.
Esta campaña, más que ninguna otra, traiciona sin vergüenza la feroz herencia moral que dejaron los
presidentes del país desde los años 70 a un pueblo que sería tal vez uno de los más pobres del
mundo, pero era uno de los menos corrompidos.
Antes de Banzer, los bolivianos no conocían otros delitos horrendos que no fueran los políticos. Una
generación después de Banzer, el pueblo boliviano compite con sus vecinos en cuanto a la ferocidad y
el salvajismo de sus crímenes cotidianos: el rapto, la violación y el asesinato de menores es apenas
una de muchas variables nuevas del horizonte social. El ratero, el ladrón, el asaltante, el saqueador de
hogares y joyerías son herencia de esos gobiernos también. Y esta es la hora en que puedo decir sin
temor a equivocarme que la corrupción empieza en los lustrabotas y termina en el cura de la esquina,
del que nunca se está seguro si le gustan los chicos para jugar fútbol o para otras cosas muy diferentes.
Porque la verdad pura y transparente es que hay miles de miles de bolivianos que han hecho de su vida
una profesión de la corrupción, y es de ellos que dependen ahora Tuto y Samuel para llegar al Palacio
Quemado y saquear lo poco que queda en este país en agonía.
De ambos candidatos puede decirse lo mismo: los dos se han hecho de muchos millones legal e
ilegalmente para poder comprarse hoy los votos que juzgan necesarios para “salvar” al país y recuperar
su “inversión” con creces. Eso, hasta los bolivianos que andan en pañales lo saben. Ni Tuto ni Samuel
“ganarán” jamás elecciones limpias. La única esperanza que tienen es la de comprarlas. Han dedicado
la última década a hacerse de sus reservas en dólares para ello y cuentan, además, con el embajador
delincuente.
Es a esa legión de bolivianos corruptos que quisiera decir hoy que tengo fe en el pueblo de Bolivia, que
aún creo que Marcelo no murió en vano, Espinal fue torturado durante nueve horas antes de ser
asesinado pero nunca será olvidado, las mil víctimas de Goni viven en muchos corazones y la
esperanza de un día en verdad diferente late y brilla entre los mejores.
A todos los bolivianos, sepan leer o no, sería necesario decirles que, si Tuto y Samuel ganan su
campaña (porque si uno la gana necesitará de la complicidad del otro) , ningún boliviano tendrá
derecho luego a quejarse ni lamentarse. Tan horrendo final para el sacrificio de Coro Mayta  y de los
mártires más recientes será obra de las grandes mayorías nacionales.  
Es decir, tales mayorías se merecerán la pobreza material y moral que hoy sufren porque la habrán
comprado al vender su voto a Tuto o a Samuel. ¿No eligieron así a Banzer? La corrupción en Bolivia ha
alcanzado ese grado – la mitad más uno son corruptos – y sólo queda recordar que ninguna agonía es
eterna ni sería este el primer país asesinado por sus habitantes.
Julio 29, 2005.
Su Opinion
Arturo
Arturo von Vacano