- Somos las ventanas del alma.
- Los portones del Gehena.
- Por aquí pasan las cosas buenas de la vida, las cosas raras, las nuevas, las
maravillosas, las tristes y también las malas.
- Por aquí salen las malas. Mudas, si se quiere, pero malas. El odio y el desprecio.
- La admiración y el amor a veces.
- Todas dejan su huella. Van haciendo un mundo primero, después un universo.
- Nuestro Universo.
- Nada olvidamos.
- Desde ahora podremos decirlo en sonidos y, ¿quién sabe?, sílabas.
- Primero lo bueno: lo bello.
- Potestad nuestra es verlo.
- Pero sólo verlo… no más.
- Cierto. No se da a todos. Es necesario un esfuerzo.
- Si, aprender a mirar.
- Todo lo vemos nosotros.
- Sólo a veces miramos.
- Miramos cuando nos dejamos seducir. Al principio todo nos seducía.
- Después aprendimos lo feo.
- Al principio nada era feo.
- Podríamos decir que aprendimos de los demás a ver lo feo y negarnos a mirarlo.
-Los demás nos enseñaron la diferencia. Los prejuicios que separan a unos y otros.
- Lo llaman Educación.
- Con nosotros fue el rostro de Cristo.
- Equivocas: no Cristo, sino Jesús.
- Es verdad: aprendimos el rostro de Jesús primero.
- Buena fortuna.
- Poco después, el de Cristo.
- Así fue.
- Jesús en la estampas de la niñez: ‘Dejad que los niños vengan a mí”.
- Jesús y la Pecadora, ambos bellos.
- Jesús y su Madre, ambos bellos.
- Jesús bendice los panes y los peces, todos bellos.
- Jesús nos mira…. Bello por un instante pero, ¿qué hay tras esos ojos?
- El terror del Misterio.
- Ese feo Terror.
- Tras verlos, sólo podemos mirarlos por un instante…
- Los ojos de Dios.
- Parecieron un espejo, pero no. Son mares sin fondo.
- Los pintan azules, pero no. Son ojos nórdicos. Jesús era moreno. Sus ojos eran
oscuros.
- Son los ojos azules, los hechos de hielo, los feos. Los del Terror.
- Los del falso Jesús.
- Pero eso lo aprendimos seis lustros después.
- La curiosidad de este Sistema es insaciable.
- Descubrió todos los rostros feos de Jesús.
- Ya no era Jesús, Era Cristo.
- El Cristo.
- El Ungido.
- El Elegido.
- El implacable.
- El que rechaza y condena.
- Lo vimos en Roma, en un techo: un hombrote furioso y su gesto de rechazo.
- Lejos de mí, pecadores.
- El Cristo feo.
- Claro, nos apartamos.
- Fuimos por allí, descubriendo lo bello y lo feo de día en día.
- No hubo modo mejor de amar nuestra vida.
- Quien nos escucha habrá notado ya que somos uno.
- Presentes como dos, pero en esencia uno.
- Uno sencillo, simple, agudo, ágil, dedicado a componer escenas que jamás olvida el
Sistema, aunque no lo sabe.
- Jamás.
- Pregunta a veces de dónde salen sus sueños, y no sabe que son nuestro regalo;
los compone con las figuras que le damos de segundo en segundo.
- Sueña porque nos usa.
- ¡Cómo nos usa!
- Bebe la vida a través nuestro.
- Desde que perdió la música, somos su último puente hacia el universo que le
presentamos a cada instante.
- Cuando se cansa y nos cubre, se aísla: está solo en una soledad que no alcanza a
imaginar siquiera.
- No, pero se aterra.
- Somos su tabla de salvación.
- Porque somos y nos usa, él es.
- Así pues, nos usa y abusa: muchas veces se ha negado a los sueños.
- Sobre todo desde que descubrió los símbolos.
- Los símbolos y la belleza tras ellos.
- Lee, quiero decir.
- Escribe… Por lo menos lo intenta, para ser más claro.
- Pero mira. Se va al parque más cercano y se pasa las tardes mirándolo todo. Va a
las orillas del mar y mira.
- Pero abusa, digo. Hubo momentos en que ambos lloramos a causa de sus
ansiedades.
- No estamos hechos parar mirar al sol si nos usa desnudos.
- El sol quema.
- El sol deja una huella verde en cada pupila. Precisamos de horas para diluirla. Creo
a veces que es cruel.
- No. Es curioso.
- Una vez casi perdió nuestra habilidad de  ver.
- Lo golpearon. Esa paliza y su por qué son su secreto.
- Tan secreto que hace lo imposible por olvidarlo.
- Hay veces en que lo logra.
- Pero entonces descubre que le fallamos, que le negamos algunos detalles del
mundo de allá afuera, y atribuye nuestra vejez a esa paliza casi olvidada.
- La recuerda hasta que le dolemos.
- Por eso debe ser que es un ser triste.
- No. Era triste mucho antes… Cuando…
- No es tarea nuestra el recordarlo. Ya casi lo hemos olvidado.
- Cierto es… ¡Qué maravilla!  
- …
- ¿No hay nada más que decir?
-  Tal vez, para equilibrar las cosas, que en general hemos sido afortunados.
- Oh, sí. Nos ha llevado por todo el mundo.
- Y nos ha dado la belleza de este mundo.
- La natural y la artificial.
- La Naturaleza y las artes.
- Las imágenes de las que hicimos nuestras imágenes. Tantas.
- No podemos decir nada sobre el arte que quiso hacer suyo pero fracasó en ese
intento.
- No. La verdad es que leemos pero no leemos.
- El que lee es él.
- Y sus risas, sus carcajadas, sus suspiros y sus tristezas cuando lee son suyos, sólo
suyos y nada más. Es feliz en sus soledades gracias a nosotros.
- Nos usa y nos abusa, como decíamos.
- Pero parece tan feliz durante esas horas, que hemos aprendido a perdonarle.
- Nos apagamos ya.
- A veces, cuando lee, nos duele.
- …y nos cansamos, pues.
- Nos exageramos al decir que se ha quemado las pestañas.
- O que se niega a las amistades humanas porque prefiere sus libros.
- Sus libros… y esto, que hace ahora.
- Ah, sí. Continúa perdiendo nuestro tiempo.
- Pero hay veces en que esto también le hace feliz.
- Nos hace felices, sería mejor decir.
- De modo que esperamos tranquilos el reino de las sombras. Tenemos alguna
esperanza de que vendrá un reino de luces y asombros, pero ha leído tanto que le
parece imposible.
- Sí. Ese universo de afuera es bello en extremo pero cruel.
- Indiferente.
- No conoce la piedad.
- No respeta a los débiles.
- No perdona. Nada perdona.
- Debe ser tan cruel como quien lo hizo.
- Pero, contra toda esperanza, aún creemos en esa luz tras el reino de las sombras.
- No puede ser de otro modo.
- Estamos hechos para amar la luz.
- Para buscarla y seguirla.
- Para saber que no todo ha sido en vano.
- Para aprender otros modos de mirar y extasiarnos ante otros rostros de la belleza.
- Así es como esperamos el nuevo sol.
- Y lo seguiremos, así nos queme.
- Amamos nuestro destino.
SIGUE