- Si nos lo preguntan, pero creo que nadie lo haría, nunca supo usarnos bien ni
valoró nuestra contribución a su bienestar y satisfacción.
- Ni antes ni después de nuestra tragedia.
Es verdad. Se empeñó más bien en ignorarla mientras pudo.
Es una maldad y una injusticia: le dimos Beethoven.
- ….y El Mar.
- … y Scherezade.
- … y Sinatra.
- … y Orson Welles.
- … y Mozart.
-…. Rimsky Korsakov.
- … Los Beatles.
- … Chaliapin.
- Los pajarillos del bosque.
- Los loros de las selvas.
- La Callas.
- Ima Sumac.
- Alfredo Dominguez  
- Pero nunca aceptó la prosa hablada…
- …ni los recitadores de poemas…
- …ni misas ni himnos.
- En general, me parece a mí, tuvo buen gusto… ¿Coincides?
- Pero pudo haber buscado más… No parecía sensible a los sonidos… Siempre nos
tuvo en un plano secundario… ¿Dirías tú?
- No supo usarnos. Eso fue.
- Aunque pusimos nuestra mejor buena voluntad.
- No sólo en cuanto a las artes….
- Caprichoso en todo, también en esto hizo lo que le vino en gana y eligió y desdeñó
a destajo… anarquista tonto…
- Sí, sí. Pero no sería muy inteligente el protestar ahora, cuando lo que deseamos es
un poco de paz y, jamás creí que llegaría a decirlo,  una pausa y silencio.
- ¿Notas que hablamos?
- Es increíble.
- ¡Y que lo digas!
- Ya que estamos, aprovechemos: ¿cómo eres tú?
- Cierto: tantos años juntos y jamás pudimos vernos. Solo podíamos escuchar.
- Oír y escuchar. ¿Cómo eres tú?
- Idea no tengo. Soy, pero no puedo imaginar cómo soy ni que podría ser. Sé que soy
porque oigo y escucho, pero eso es todo.
- Igual que yo, sólo que yo apenas oigo y casi nada escucho.
- Fue el lápiz. El lápiz fue, ¿no es cierto?
- El lápiz fue.
- Horroroso crimen.
- …tan innecesario… No lograron nada. No habló.
- ¿Qué iba a decir? Nada sabía.
- Verdad es.
- ¿Lo recuerdas todo?
- No lo recuerdo: lo vivo a cada instante.
- ¡Ah, hermano mío!
- Metió el lápiz y dio una palmada brutal. Me deshizo…. O casi.
- ¿Quién fue?
- ¿Cómo saberlo? El Sistema no lo nombró. Ni entonces ni después.
- Gritaba: ¡Perro fascista! ¡Perro fascista!
- Hasta que nos perdimos en el silencio.
- Todos.
- Todos, claro. Lo creyeron muerto un primer instante.
-  Pasamos siete días allí.
- Sólo siete, pero nos cambiaron el mundo.
- ¡Y cómo!
- Perdimos la música.
- La perdimos, sí.
- El perdió la fraternidad humana.
- No que la hubiera apreciado alguna vez… Los detesta. El infierno son los demás,
dice y plagia.
- Sí. Es un tipo difícil.
- Pero yo amaba las voces de los hombres. Lo que hablan y lo que cantan, y hasta lo
que gritan…
- Yo, no tanto. Siempre preferí la Naturaleza. Recuerdo la Gran Cascada. Así deberá
sonar el fin del mundo, digo yo.
- Si, fue bello y aterrador, ¿no?
- … el avioncito aquel, cuando nos llevó a dar una vuelta…
- Toda la mañana, fue.
- Anita.
- Sí. Anita. Era una voz muy dulce. Trinaba.
- Anita.
- Anita.
- …
- ¿Estás ahí?
- Si, amigo mío. Aquí estoy, sorprendido y contento.
-Ahora no nos sentiremos tan solos, ¿verdad?
- Es lo que estaba pensando… Este es un don del cielo…
- Para nosotros, sobre todo. Escuchaba por allí a otros componentes del Sistema…
No todos agradecen este milagro, creo…
- No. No. Como el Sistema mismo, algunos prefieren su eterna soledad.
- La nariz, por ejemplo…
- ¡Pobre! Da pena. ¿Sabes que se sitúa entre tú y yo?
- Me lo imagino… La escucho cuando solloza.
- No solloza, es…
- Lo sé, pero así suena mejor ¿no?
- Si lo prefieres…
- …
- …
- ¿Estás ahí?
- Si, amigo.
- ¿Escuchas el coro de los cosacos?
- ¿Tú también?
- Si, pues. ¿Lo escuchas?
- … y el de las vírgenes rusas…y el de los monjes vascos… y el de los indios de la
India… Son varios, y tan distintos que no permiten confusión alguna.
- ¡Es fantástico! ¡Miles de voces! ¿Cómo es posible que escuchemos semejantes
coros? Casi todos son bellos… ¿Escuchas la radio? ¿El relator de los partidos de
fútbol? ¿El lector de avisos económicos? ¿De dónde vienen esas criaturas?
- El mejor es el coro de monjas alemanas.
- Lo peor son los zumbidos, los ladridos, los bramidos, el viento que ruge…
¿Los escuchas?
- Sí. Siempre, desde 1984.
- ¿Se te ocurre alguna explicación? Durante años estuve creyendo que llevaba una
antena en el pabellón de la oreja, pero después pensé que sería ridículo, que a nadie
se le ocurriría…
- ¿Qué dices?
- Que a nadie se le ocurriría inventar o hacer un engendro así: una antena en el
pabellón de la oreja. ¡Bah!
- Algunos murciélagos van por el mundo con algo parecido…
- ¡No lo creo!
- Entonces, ¿qué? ¿Cómo explicas esos ruidos?
- ¡No son ruidos!
- ¡Claro que son ruidos! ¿Qué más podrían ser?
- Recuerdos.
- ¿Recuerdos? ¡Qué absurdo!
- Yo también he considerado todas las posibilidades… y creo que, puesto que ambos
estamos dañados, destruido en buena parte, tal vez… Lastimados, si quieres…
Registramos algo de lo que nos viene de fuera pero, como no encaja con nada de lo
que conocemos ahora, transformamos esos ruidos en recuerdos deformes de los
sonidos limpios que antes registramos… Años antes, década antes, quinquenios…
- ¿Recuerdos deformes? ¡Pero si son bellos! ¡Más bellos que cualquier coro humano
real! ¡Miles de voces! ¡Cada voz distinta, única, inolvidable! Por eso sabemos que
son cosacos, monjas, vírgenes… Recuerdos deformes… Es imposible… Sería… Tal
vez hay un mundo mejor en el reino de los sonidos y nosotros, mutantes al fin,
recibimos ecos de ese mundo… Bellos ecos, bellos ruidos…
- Yo, de ese mundo de afuera, casi nada percibo ya.
- Yo escucho algo más, creo, pero tampoco estoy sano… Tampoco puedo decir
que… Este mal nos ha atacado a los dos… Nos destruirá a ambos... No hay duda, no
hay duda…
-…
-…

- ¿Estás ahí?
SIGUE