Mientras el Presidente de Bolivia intenta lograr la “legalización” de la coca sin grandes
esperanzas, la cocaína continúa su conquista triunfal del Primer Mundo porque es cada
día más barata y abundante.
La razón principal de su triunfo indiscutido es, sin duda, el hecho de que es ilegal. Si
fuera legal, varios bancos de Miami y muchos del Primer Mundo entrarían en bancarrota
aunque las Naciones Unidas nunca dirían algo así.
El New York Times del domingo 17 de junio publica una nota dedicada a señalar otro
hecho interesante. La cocaína ya es aceptada por las masas en esa sociedad y en las
grandes capitales y, casi como Dios, está en todas partes pero parece que nadie la ve.
No hace dos días de que Reuter, la agencia noticiosa, difundiera los resultados de varios
tests ambientales dedicados a medir las amenazas que pululan por los aires de las
ciudades italianas. Roma, Nápoles, Turín y Milán pueden decir, no se si con orgullo, que
sus vecinos respiran cocaína porque ese polvillo flota por sus vecindarios como nubes de
moscas. Lo mismo sucede con Londres, los barrios elegantes de París, Berlín y España
toda. La cocaína está literalmente en el aire europeo.
El Times dice en su nota que la bandeja con las “líneas” blancas, la cucharita, la hoja
para cortarlas y otros instrumentos de placer se ofrecen en toda fiesta, boda, celebración
o entierro de fuste en la ciudad de los rascacielos. Hace décadas que se pasea por
bares, hoteles, casinos y otros lugares públicos, y nadie se sorprende ya ante su olor
dulzón en plazas y avenidas. Hoy, medio gramo vale 25 devaluados dólares y lo compran
estudiantes de toda edad, desde los 13.
Algo nuevo: el polvo blanco reemplaza a la taza de café que antes se ofrecía en las
reuniones de negocios. Los ejecutivos pueden elegir entre consumirla allí mismo o
guardarla para después. También pueden elegir entre la cocaína y la Coca Cola, siempre
tan popular . La policía insiste en que continúa “venciendo” su guerra contra la droga.  
Su abundancia es tal que sólo es posible deducir que los principales cómplices de su
trafico no son los delincuentes que aparecen en esas películas de acción violenta sino
los gobiernos de USA, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón e Italia, por no mencionar
a Holanda y Suecia. Sólo así es posible concebir las dimensiones del comercio actual de
cocaína  en el Primer Mundo. Es, posiblemente, una industria tan rica como la de los
automóviles.
En Bolivia recordamos, por supuesto, a aquellos privilegiados que tenían buenos amigos
en el Norte y podían llevar sus cargas diarias de paquetes hasta MIA sin que autoridad
alguna les molestara en sus avionetas último modelo. Los recordamos con facilidad
porque algunos de ellos continúan hoy mismo su esforzada labor. El que muchos puedan
señalarlos con un índice no ha sido nunca razón suficiente para que se dedicaran a otra
cosa.  
USA dispone de satélites capaces de leer las placas de los camiones y los autos de las
capitales del mundo pero no puede detectar cargamentos de cuatro, cinco y hasta veinte
toneladas de drogas. Lo mismo sucede con los gobiernos europeos, salvo alguna
excepción que no nos viene a la mente.  Cuando se piensa que la abundancia de la
droga es sólo comparable con la abundancia de moneda que es capaz de crear, tesoros
cuya magnitud no halla refugio sino en los principales bancos del mundo, se entiende la
“necesidad” de mantener ilegal a la cocaína.
Como todos saben, existe un precedente iluminador, la Prohibición del alcohol en USA,
absurdo que duró algunos años y que hizo rico hasta las orejas al primer Kennedy del
clan, papi de JFK, ese muchachón guapo y mujeriego. La Prohibición duró poco, pero
bastó como ejemplo imperecedero. Nos enseñó que no se debe legalizar al polvo blanco
porque sería como matar la gallina de los huevos de oro.
El reverso de la moneda, claro, son los adictos y el modo poco elegante en que terminan
sus desafortunadas vidas. El ejemplo eterno es Frank Sinatra, el Hombre del Brazo de
Oro y la nariz de titanio o cosa parecida.
La muerte violenta de miles de personas relacionadas con el tráfico de la droga parece
no ser importante para nadie. Por el contrario, la cocaína y la TV cumplen una importante
misión social como “pacificadores” de los grandes ghettos que la miseria siembra en toda
ciudad. Si no estuvieran dopados, esos miserables habrían hecho ya la revolución.
Estudien a Sao Paulo, Río y otros paraísos terrenales.  
Aquí asoma también otro defecto de la Gran Prensa Mundial, corrupta como político del
Tercer Mundo. Lejos de presentar los horribles efectos que tiene la droga en todo adicto
(locuras, visiones, pataleos, asfixia), continúa presentando apenas puede la imagen
“glamorosa” de la droga, un astro del cine o una “estrellita” que se queman las narices en
público.
Todo lo cual nos lleva a un simple conclusión. Evo pierde su tiempo defendiendo una
hoja cuya principal atractivo es su derivado blanco y cuyo valor se reduciría en extremo si
se legalizara. ¿Cuántos acullicadores hay en el mundo? Para mis amigos suecos,
“acullicador” es el que masca coca con otro menjurjes para sentirse fuerte como
Superman y seguir haciéndola de acémila hasta que estire la pata.  
Dos cosas no aceptará nunca USA, salir de Irak y legalizar la coca y la cocaína. Sería
como matar a Henry Ford antes de que inventara el auto, y ya se sabe que en USA no
hay más dios que el dólar.  La hoja verde se multiplicará mientras el polvo blanco
encuentre adictos, pero la profecía ancestral aymara no se cumple: ese mito decía que
cuando la coca conquistara el mundo, el mundo se acabaría.
Como van las cosas, tal evento sucederá el próximo jueves, así que ya puede usted dejar
de pagar sus deudas, olvidarse de su dentista y, si su suerte es mala, aspirar dos líneas
o tres. Para eso siempre hay tiempo.  
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Cocaína  2007
Junio 07
Arturo von Vacano