-- Al extendernos imitando al pianista que retorna al teclado de sus éxitos
recordamos la canallada sin nombre que sufrimos durante casi un año porque no
supimos durante ese lapso que se había cometido un crimen contra nosotros.
-- Nos chocó y violentó, pero no pensamos siquiera en protestar.
-- Hubiera sido como una blasfemia.
-- Como una rebelión que ni pudimos imaginar.
-- Un atentado contra el orden natural del Universo.
-- Cuando en verdad fue un crimen del que fuimos las víctimas.
-- Lo cometió una valkiria hecha de mantequilla.
-- Enorme y formidable; nos daba miedo.
--Tenía ojos verdes claros como diamantes.
-- Helados como diamantes.
-- Bellos como diamantes.
-- Lunares en las mejillas. Un trasero de diosa grande, grande.
-- Trasero que daba miedo. Su trasero y sus grandes manos de uñas pintadas de
sangre nos aterraban.
-- Su voz, sibilina y dura. Era desalmada.
-- Era alemana.
-- Su cabellera, como lluvia de oro.
-- Amarilla. Teñida, supimos luego, escuchando a las chicas.  
-- Su perfume de flores silvestres.
-- En vez del aliento de nutria que le correspondía, malvada fiera.
-- Frida.
-- Frida.
--La maestra que nos enseñó a leer.
-- A escribir.
-- A leer y a escribir.
-- A golpes.
-- Golpes de regla de metal contra ésta, la siniestra, porque cogía primero el lápiz.
-- Golpes contra ésta, la diestra, porque lo cogía un segundo después.
-- Éramos zurdos.
-- Fuimos zurdos durante ese primer año.
-- Nos curó la zurdera a golpes.
-- Golpes de regla de metal.
-- Recuerdo mis dedos morados.
-- Mis uñas, dos rotas. Esta y ésta.  
-- Mi madre, tonta, que no supo qué hacer.
-- Nuestra madre, buena: “Tengan paciencia”, decía siempre.
-- Y, después, ya curados, los errores de toda una vida.
-- Ve a la izquierda, indicamos, cuando en verdad deseamos ir a la derecha.
-- Es por la derecha, decimos, cuando en verdad es por la izquierda.
-- Y todo el tiempo se confunde así el Sistema.
-- Todo el tiempo.
-- Todos los días.
-- Durante 70 años.
-- Vamos a la izquierda, dice hoy el Sistema, y su esposa, que ruge: “¡Eres tonto!
¿Cuándo aprenderás cuál es tu derecha? ¡Burro!”
-- “No es culpa mía…”, protesta el Sistema. “Fue esa Frida, que me…” Pero, qué…  
-- La esposa no alcanzó nunca a entender la tragedia que nos legó Frida.
-- Tomamos años en entenderla nosotros.
-- Pero la entendimos. Tendremos siempre los cables cruzados…
-- Nuestra izquierda es la derecha del mundo…
--...la del mundo es nuestra derecha… Dolió y duele, pero entendimos.
-- Justo a tiempo.
-- A tiempo, antes de que se fuera.
-- Escribió ésta, la que hoy escribe arañas en lugar de letras: “Su muger la Frida
culea con el portero, cornudo”.
--El marido, ataque de furia, patadas contra la pared de adobe.
--Escribí mi parte: “La Frida se tira al profe de Gimnacia. Potito de miel.”
--El marido, gritando como un chiflado a la hora de salida de la escuela.
-- Un día ya no volvió.
-- El marido no volvió.
-- La Frida, con un ojo violeta.
-- ¡Qué cosa!
--El Sistema aprendió a leer a los seis años.
--Aprendió a escribir poco después, las manos llenas de moretones.
--Pero hace arañas y nadie le entiende.
-- Frida.
-- Frida inolvidable.
-- “La Frida se tira al profe…”
--  Beh.
-- El otro incidente fácil de recordar fue el del navajazo.
-- Anda, recuérdalo tú.
-- Vi la navaja en el botiquín del baño. Intenté afeitarme.
-- Mocoso tonto, dije.
-- El brillo del filo de la navaja me tenía hipnotizado.
-- Sonso el muchacho, afirmé.
-- Sacaba la navaja al sol siempre que podía. Me gustaba. Me gusta.
-- Tanto ir y venir…
-- Cogí un pelo entre dos dedos… este y este.
-- Burro, el chico, indiqué, pero la tentación me venció: di el golpe...
-- El pelo brillaba al sol en la tarde del verano.
--Piensa en lo que haces, le dicen siempre… Pero, ella…
--Tiré el navajazo con un ojo cerrado…
--Ahora viene lo bueno.
--Corté la uña y medio dedo. Salieron volando. Un mar de sangre.
--Idiota, idiota…
-- Sangré bastante. Pero, con agua helada y una venda, todo solucionado.
--Tontas de capirote…
--Acá esta ahora. Todavía se ve la cicatriz. Y el dedo, deforme para siempre.
--No tenemos remedio, no tenemos.
-- Bah. No fue nada.   
-- Me viene a la mente el día del alcohol…
-- Ah, sí. Pero fue nada de nada…
-- Por ti, lo olvidarías, ¿dices?
--Ya lo olvidé.
-- Yo, no. Yo puedo ver la cicatriz toda vez que aplaudimos.
--No es nada, te digo.
--Pero, ¿por qué hiciste eso?
--Para impresionar a los chicos, fue. Sus hijos.
-- ¿Bañarte en alcohol?
--….pensé que podría apagar la llama antes de que quemara la piel….
--Sí, y aquí estoy ahora, con esta horrible cicatriz, obra tuya.
--Apenas se ve, digo…
--Podías haberte apurado un poco, ¿no?
--Yo te di de manotazos… Fue la llama, que… Apenas se ve, te digo.
-- Tú y tus…
-- Hace cinco décadas ya… Olvídalo.
-- ….

-- Llevamos en la palma nuestro destino.
-- M, de muerte, en cada palma.
SIGUE