La Clase Media: Off Side

Nadie quiere comentarlo, claro, y menos entre quienes se lavan el cuello cada día: la
clase media ha quedado off side desde hace buen rato y no hace más que lanzar
comentarios y chistes malos, sólo ruidos, mientras por primera vez en la historia se juega
la política nacional tanto en el Palacio Quemado como en los demás poderes del estado
entre indios y NADA MAS que entre indios.
Los indios, ese 60% tan odiado y tan temido por quienes se lavan el cuello, están
jugando a la política en el centro del poder y lo hacen con su Melgarejo de la nueva ola
hecho ya a su rol histórico, gordo como buen burgués, por fin bien alimentado y bien
vestido (pero nunca bien peinado), capaz de carajear según las mejores tradiciones y
manejando las fortunas increíbles que le han caído a Bolivia en estos años de miedo y
dudas (para la clase media) y esperanza y frustración (para los indios) pero de profundo
‘cambio’ (para Evo: hoy es rico como un Creso andino este cocalero).
Yo predije este ‘cambio’ hace años (‘Yo y Evo’) cuando las multitudes me aplaudían a
rajatabla y publicaba mis genialidades en Bolpress, hoy tan venido a menos. El público,
siempre tan caprichoso, me dio la espalda luego porque soy ‘ruidoso’ según un ciclista
idiotizado de CBB, pero he sobrevivido gracias sobre todo a mis lectores japoneses:
nadie más amable o culto que un lector japonés, juro.  
Pero ahora que es evidente que Evo no quiere jugar más que con los indios, los suyos y
los que se le oponen, la clase media en off side... ¿Qué ha de hacer? Parece una
colección de viejos maricas: “Publicaremos a los fundacionales, pues… Tal vez con eso
se distraigan los pueblos…”  - “El fútbol; eso: el fútbol va a salvar la situación: olviden
todo lo demás” – “Las magníficas de SRZ: hay miles y miles y miles de magníficas en
SRZ… ¿Qué mejor distracción? El Percy… ¡Calla, estúpido!”
Es tal la tragedia de la clase media – muda, tonta, ignorante y despistada – que ni
siquiera puede disimular su propio eclipse: nunca, y ahora menos que siempre, pesó,
influyó ni se dejó ver ni escuchar desde que Sucre abandonara Sucre. Su papel es el
más odioso: es el coro anónimo y sin cara, ese que aplaude siempre al triunfador
circunstancial, ese que queda mudo ante el abuso y la violencia, ese que los dictadores
masacran sin un pío de resistencia, ese que siempre se viste a la moda y con mucho
cuidado por el detalle: vayan a ver los ejemplares actuales en la Cinemateca. No son
como el lumpen, que siempre paga en la sangre de sus hijos su derecho al pataleo.
Pero la oposición contra el Evo es hoy por hoy un deber ciudadano: todo aquel que
sabe que Evo no quiere jugar más que con los indios y que NO es indio es, porque así lo
quiso Evo, opositor, lo quiera ese mestizo o no. Yo soy uno de esos mestizos, NO soy
indio y me declaro opositor con todo el dolor de mi alma, pero por culpa del Evo, ese
indio tozudo.  ¿No quiere jugar conmigo? ¿Cree que el país es suyo, y suyo nomás?
¿Viste de payaso al Jefe de las FF.AA. y lo soborna con millones en moneda dura?  
Cada paso de estos lo dio todo dictador antes que Evo y miren donde están esos
dictadores hoy: bajo tierra.
Pero otro dictablandón ha retornado: Jaime, el del rostro quemado por la politiquería, el
fundador del único partido político creado con la finalidad declarada de saquear el
estado. Jaime, el nuevo socio del Presidente indio.
Es fácil deducirlo: sus cómplices han vuelto a aparecer en embajadas y jaranas de buen
whisky: Brockman la Bella, el inolvidable Bigotes, Montenegro, el embajador en Japón
que hizo su fortuna sin asomar la nariz hasta ahora. Si lo hace es porque Jaime se lo ha
ordenado como parte de su deuda moral: no todos somos ricos después de una corta
embajada en Tokio. Y todo para que se vea que Jaime ha retornado y es socio del Evo,
ese comunista recalcitrante. Hay que hacer bulto en cocteles y parrilladas, ordena Jaime,
y allí están, pues, el MIR anciano en pleno.
Su fantasmal presencia da más bríos a la creciente oposición que el pueblo verdadero
expresa como siempre lo ha hecho, arriesgando el pellejo: bloqueos, marchas,
manifestaciones, etc. etc. Pero la ausencia de una figura que pudiera hacer sombra a
Evo es evidente: habrá que sangrar mucho antes de hallar a quien nos libre de nuestro
nuevo Melgarejo.
Y la mano de hierro dentro del guante de seda de las elites privilegiadas no duerme en
su guerra a muerte contra los indios, sean evones o no: 12.000 mujeres son la prueba
de esta guerra que los indios vienen perdiendo desde siempre.
Habrá gentes que dirán que esas doce mil mujeres que se ven forzadas a abandonar su
hogar (¿qué hogar, preguntarán, cínicos, si viven en cuevas?) para dedicarse a la
construcción por un pan para sus abandonados hijos no son más que un dato
estadístico… Después de todo, ese dato corresponde a los mundiales: la mujer está
alimentando y sosteniendo al mundo todo desde hace décadas. Los hombres,
impotentes literal y simbólica- (o sin-bolica-) mente, conforman las crecientes legiones de
desocupados semi-delincuenciales que vemos todos en la TV. ¡Es la mujer la que salva
la olla y asegura la papa!
Pero en el caso de nuestro odiado y temido indio ese dato se hace harto importante
porque subraya, anota y señala su futuro: su desaparición ‘a manos’ del progreso, como
sucedió con pieles rojas, pieles de cobre como las del Amazonas, pieles de oso como las
de Alaska y otras pieles en minoría cuyo territorio (o cuyos hielos) ambicionan las
internacionales de siempre (¿TIPNIS, tal vez?).
Un segmento de doce mil madres reales o potenciales que se convierten en machazos
dedicados a cargar adobes dice de un debilitamiento del total de la población india y una
nueva faceta de su rol de explotada eterna.
¿Cuántos inditos no nacerán ya nunca a  causa de este brutal tratamiento de la mujer
india? ¡Doce horas diarias cargando adobes! A ver, señoras k’aras, ustedes: ¡A cargar
adobes por un día! ¿A ver quién aguanta cuánto?  
Nada es más exigente que el hambre de un niño: de allí que las madres dedicadas a la
construcción no hayan dicho ni ¡caray! antes de aceptar agradecidas su nueva
esclavitud con salarios de hambre mientras sus queridos, machotes y consoladores no
hacen más que gritar, marchar y tomar… Como dice la canción: indio, bella mezcla de
mula y pantera…  Ay Dios mío, ¿cuándo cambiará el mundo?  Yo ya soy ateo, juro
porsiaca.
Y para colmo, ahí esta el idiota del canciller promoviendo los 1.546 idiomas nativos y el
aymara y el quechua, claro, para uso de la diplomacia boliviana en todos los foros
internacionales: una garantía impecable para quien no desea hacerse entender jamás,
el mejor disfraz de la estupidez e ignorancia propia… Hablo en aymara al mundo para
que nadie sepa lo que digo; así… ¿quién puede criticarme?
Y los chilenos, que acaban de ‘celebrar’ otro aniversario de las dictaduras con masivas
marchas violentas sobre las que los bolivianos nunca se enteraron… y los argentinos
mirando, mirando, mirando… y los brasileños: “Ah, ¿es esto Bolivia? Creí que era Sao
Paolo…”   …y los…. ¿Oh, para qué más?  Bueno, uno más: “¡Percy!” A ver cómo les va
con ese susto…
9-14-12
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Arturo
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