¿Quién supondría que soy el origen de la arquitectura, la ingeniería, del
descubrimiento de las matemáticas, de la exploración de los cielos, de la búsqueda de
Dios, de cien mil inventos y de las imágenes del universo?
¿Quién, que soy la causa de la civilización, entendida como la transformación de la
Naturaleza para darle dimensiones humanas?
¿Quién, al verme así, colgado de una cadena podrida e inmóvil como una sombra de
mí mismo?
Las dimensiones de mis miembros deciden las fórmulas secretas por las que se
descubren las distancias del universo natural, del que guardo un reflejo igual si no
mayor en esta caja que protege la maquina más fantástica jamás concebida.
Las relaciones entre mis partes han dado la palanca, proyectado las de los grandes
monumentos e indicado la función de seres que viven en una lagrima; es porque soy
como soy que el mundo se altera hasta hacerse totalmente otro, uno nuevo para
ajustarse a mis demandas: porque necesito dominarlo todo, todo lo voy
transformando según mi deseo y mi necesidad. Pero esa tarea no ha concluido.
Y aquí estoy, un montón de huesos que alguna vez cruzó mares y desiertos para
descubrir continentes, que ha llegado a pisar el satélite para expresar mi poder y casi
alcanza el día en que la criatura loca y sublime que sirvo conquistará la inmortalidad.
Menciono la arquitectura porque es para cubrirme y cuidar de mi armazón que la
cueva se hizo casa, la casa ciudad y la ciudad palacio e imperio. Porque soy como
mido el planeta continuará sus mutaciones hasta hacerse mi hábitat, esto es, mi reino,
un reino que respetará sólo mis dimensiones humanas. Será un universo natural de
mi tamaño.  
Anoto la ingeniería porque mi estructura he generado las ideas para construir mil
instrumentos que imitan mis capacidades y mis funciones y fueron posibles porque se
invirtieron siglos en estudiar mis movimientos, el arte con que funciono, la sencillez de
mi disposición, la belleza simple de las soluciones que doy jugando con mis huesos a
mil problemas cotidianos, la herramienta cuya presencia se manifiesta como el alma
de todos esos artefactos que no hacen más que imitarme pero usando un millón de
veces mis facultades y mis potencias.
Hablo de las matemáticas porque la descubrí jugando con mis dedos. Con ellos hallé
la diferencia entre el uno y los demás, los otros, los todos, en fin. Adiviné sin
descubrirla nunca a la eternidad y la uso como un juguete. Su opuesto, el cero, me
costó tal vez más tiempo pero lo hallé también. Jugando con ellos he descubierto los
caminos del espacio y me dispongo ya a alcanzar la más lejana estrella. Pues que
hablo su idioma, las matemáticas, las estrellas no hacen más que esperarme. Sé que
el tiempo no existe, de modo que no me preocupa: existo yo, yo y las estrellas.
Por otro lado, sé que soy un títere apenas y que acabaré siendo polvo.
Soy el juguete que hace posible todos los experimentos que imagina el Sistema que
me maneja y acepto el precio de esas búsquedas, mi paulatina destrucción, la más
dolorosa porque será la más larga, la más ardua porque nunca merecerá el respeto
de nadie, la más cruel porque continuarán jugando conmigo hasta reducirme a tres
huesos.
No alcanzo a concebir por qué se me trata así cuando llevo encima el faro que  nos
permite el contacto con el universo natural a través de los cinco puentes que nos
conectan con la eternidad: si no tuviera yo en esta caja el asiento de los ojos, ¡cuán
corto hubiera sido nuestro viaje hacia la fugacidad! Sin los oídos habríamos perdido la
música; sin el olfato nos habríamos extraviado, incompletos, hace eones; cuan soso
sería este valle si no pudiéramos paladearlo… Nos sería negado si no usáramos la
piel para detectar sus materias. No creo necesario mencionar los otros medios que
usamos para aprender este universo, medios que también protejo dentro de esta
fortaleza ósea.
Para premiar mis servicios me han elegido como símbolo de su máximo terror, como
bandera de su último Misterio: soy la muerte misma, y me paseo por allí arrastrando
sudarios negros y cortando cabezas a diestra y siniestra según la leyenda… Mi
cabeza recorre los mundos como amenaza que hiela los huesos. Donde quiera que
aparezco con mis carcajadas y sin dientes saben ya todos que anuncio a Tanatos…
Y sin embargo, ¡cuan magnifico soy!
Os dejo con una serie de consideraciones recordadas a capricho que son aristas de
una realidad increíble sobre mi tema preferido:
Soy el cargador del cuerpo, un inocente esclavo, mecanismo ciego y cándido pero
admirable en mi devoción por mi deber. Soy la única parte del cuerpo que parece
durar para siempre, la que me da sentido más allá del perecedero resto.
Aunque parezco inanimado porque soy rígido y duro, represento la continuación de la
vida porque mis huesos contienen la médula que genera las células de la sangre.
Alguna vez me mencionaron como prueba de la existencia de Dios. Los textos sobre
medicina me presentan como una de las maravillas de la naturaleza. La ingeniería
precisa de mis huesos me permite caminar, correr y cargar pesos. Todos admiran las
vértebras de mi cuello porque están articuladas de modo que la cabeza puede mirar
hacia ambos lados, hacia arriba y hacia abajo.
Cada esqueleto se compone de más o menos 206 huesos porque algunos huesos se
sueldan con otros mientras crecen. Los huesos se unen debido a la gravedad. En el
agua, los huesos nunca se funden. Los de las ballenas continúan creciendo toda su
vida.
El cóccix es un vestigio de la cola. En las criaturas con cola, varias vertebras
articuladas terminan por armar una estructura flexible. Parecerá redundante en el
humano moderno, pero ha evolucionado en paralelo junto con nuestras costumbres
sedentarias para servir como una tercera pata del trípode de huesos sobre el que nos
sentamos: andamos por el mundo llevando una banca de tres patas.
Hay diferencias entre los esqueletos del hombre y de la mujer. Las mujeres tienden a
tener huesos más delgados, caja torácica más estrecha, calavera más redondeada y
pelvis más grande y amplia.
El hombre tiene miembros más pesados, el pecho más amplio y una calavera más
angular.
Pero no hay diferencia en cuanto al número de costillas. Uno de cada 200 de
nosotros tiene una costilla de más, huella evolucionaria de que descendemos de
criaturas con muchas costillas como la serpiente del paraíso, que tenía cientos de
costillas.
Existen tres tipos de palancas y el cuerpo tiene los tres: uno tiene el fulcro punto de
apoyo entre la carga y la fuerza descendente que la mueve como un subibaja; otro
tipo pone el punto de apoyo en un extremo de la palanca con la fuerza en el otro para
elevar cargas medianas o con la fuerza en el medio para elevar la carga situada a un
extremo.
Cuando levantamos un dedo usamos músculos del brazo lejos del punto de apoyo en
el nudillo. Es el caso del subibaja: el peso del dedo está en un extremo del punto de
apoyo y la fuerza muscular en el otro.
Usando los bíceps para levantar un brazo, el punto de apoyo está en el hombro y el
musculo que lo levanta y aplica la fuerza se halla entre el hombro y el centro de
gravedad del brazo.
De puntillas, la fuerza que eleva viene del tendón de Aquiles y músculos de la pierna;
el punto de apoyo está en los dedos con el resto del pie y el peso del cuerpo cae
sobre ambos.
Mis huesos no son una maquina estructural completa. Son una parte del llamado
sistema músculoesqueletal. Toda estructura funcional debe tener partes que están en
tensión y partes que pueden soportar compresión. De otro modo se desharía o
derrumbaría. Los huesos se usan más que nada en comprensión. Los músculos dan
la tensión.
Y basta.
¡…para que nadie diga que ando con la cabeza hueca!      
SIGUE