Dos tendencias se dan cuando se trata de discutir  la conciencia. Una es religiosa y
más vieja que la injusticia. La otra es ‘científica’ y data de hará dos siglos, a lo más.
La antigua ha perseguido a los hombres para torturarlos desde poco después de que
dejaran de ser monos: ‘hiciste esto, debiste hacer aquello’. La otra asoma para
asegurarles que tienen identidad, tienen un yo y se han creado un verdadero infierno
de pesadillas dentro de su conciencia, en su subconsciente. La vieja les habla de los
cucos que castigarán sus actos malvados; la joven les acaricia el ego y los lanza,
apenas se descuidan, al gehena antes mencionado.
En otras palabras, me han encargado la tarea de inventarles un universo compuesto
de sus errores y sus terrores. No es extraño, pues, que de cada diez tipos que cruzan
la calle nueve hayan decidido matar su conciencia o por lo menos amordazarla: si
uno no puede hacer lo que le gusta (un pecado, casi siempre) y se ve preso de las
cosas horribles que sueña o inventa… ¿Qué vida es esa? Casi todos sabemos que
ser feliz es hacer lo que nos da la gana, caiga quien caiga.
Pero…El hombre es una bestia gregaria. Busca y ansia el trato con los demás, y está
dispuesto a pagar por este ‘placer’ con recortes grandes o ínfimos de su libertad
personal: no puedo matar a quien quiero porque si hago eso me meten a una jaula
en solitario; no puedo escupir a ese niño porque me jalarán las orejas; no puedo
esto, no puedo aquello pero, bueno, acepto estas limitaciones porque me gusta
charlar con la gente.
Apenas intenta civilizarse, cae en la trampa de la sabiduría ajena sin descubrir que
ha renunciado para siempre a su felicidad. Comienza a ‘educarse’.    
En este caso, con ayuda del Diccionario de la Lengua, que le dice sobre su  
conciencia cosas como las que siguen, sembrando nubes en su horizonte.
1. f. Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en
todas las modificaciones que en sí mismo experimenta.
2. f. Conocimiento interior del bien y del mal.
3. f. Conocimiento reflexivo de las cosas.
4. f. Actividad mental a la que sólo puede tener acceso el propio sujeto.
5. f. Psicol. Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.
Conciencia errónea.
1. f. Rel. La que con ignorancia juzga lo verdadero por falso, o lo falso por verdadero,
teniendo lo bueno por malo o lo malo por bueno.
1. loc. adv. Con empeño y rigor, sin regatear esfuerzo. A conciencia.
También el Webster participa de esta fiesta de brujas, y añade:
1 a: el sentido o la conciencia de la bondad moral o culpabilidad de la propia
conducta, intenciones, o carácter, junto con un sentimiento de obligación de hacer el
bien o ser bueno; b: una facultad, poder o principio ordenando buenos actos;  c: la
parte del superyó en el psicoanálisis que transmite comandos y advertencias para el
ego.
…además de:
1.
El sentido interior de lo que es correcto o incorrecto en la conducta o los motivos
propios, impulso hacia la acción correcta: para seguir los dictados de la conciencia.
2.
El complejo de principios éticos y morales que controla o inhibe las acciones o
pensamientos de un individuo.
3.
Un sentido de lo que es la inhibición de prudencia: Me gustaría comer otro pedazo de
pastel, pero mi conciencia me molestaría.
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Ya extraviado, se encuentra con esta versión yanqui sobre este tema, yo:
El Desarrollo de la Conciencia
Si lo deja usted a su propio arbitrio, su hijo no va a desarrollar su conciencia. Para
ello deben intervenir los padres.
La conciencia es nuestra brújula moral interna, una guía en nuestro interior que nos
ayuda a distinguir el bien del mal.
Empezamos a ver que una conciencia emerge en los niños alrededor de los cinco o
seis años de edad, pero su desarrollo básico comienza mucho antes.
Los niños aprenden lo que es correcto e incorrecto interpretando la opinión de sus
padres y otros adultos importantes en sus vidas. Lo que los guía al principio es su
necesidad de aprobación. Si su hija roba un juguete de un hermano, o golpea a otro
niño o miente, y usted la sorprende en el acto y le dice cuan decepcionado está por
sus acciones y que lo que hizo estuvo mal, la hija sufre la pérdida de su aprobación.
Ella se sentirá culpable. (Usted no debe empeñarse en hacer que su niño se sienta
culpable, lo que sucede naturalmente cuando se le explica que ella hizo algo malo.  
Hacer que un niño se sienta demasiado culpable, exagerando su error es
contraproducente). Los sentimientos de culpa no son sensaciones agradables. Para
liberarse de ellos, su hija dejará poco a poco de actuar de manera que provoque la
desaprobación de sus padres.
La primera señal de una conciencia en pleno desarrollo es que su hijo sea capaz de
controlar sus impulsos internos sin signos externos. Selma Fraiberg, autora de “Los
Años Mágicos”, describe a un niño con conciencia como alguien que ya no necesita
un "policía " para decirle lo que puede y lo que no puede hacer - ha interiorizado ya
un sentido de lo correcto y lo incorrecto. Es decir, lleva una versión en miniatura de
sus padres en su vida interior. A veces, si usted la mira de cerca, puede observarla
cuando comienza a apoderarse de algo que ella sabe que no es suyo y termina por
rechazarlo. Es su conciencia en acción.
Después de los cinco años de edad, cuando su conciencia comienza a desarrollarse,
los niños tienden a ser especialmente estrictos consigo mismos si cometen una
trasgresión, castigándose a sí mismos, incluso más de lo que sus padres les habrían
castigado. Este es un paso necesario en el desarrollo de la conciencia, pero los
padres pueden ayudar a reducir los extremos pidiendo a sus hijos que moderen sus
auto-castigos.
A los diez años, la mayoría de los niños tienen una conciencia muy confiable a pesar
de que continúan desarrollándola durante la adolescencia e incluso la primera edad
adulta.
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Con lo que el hombre moderno decide, claro, renunciar para siempre a ser feliz. ¡Ah,
sí tan solo hubiera escuchado a su conciencia!
SIGUE