Carta Abierta a Evo Morales

Sr. Evo Morales Ayma
Presidente de Bolivia
La Paz

Señor Presidente,

Permítame iniciar esta nota con mis felicitaciones por su reciente y muy exitosa visita a la Madre Patria.
Es indudable que dijo usted una verdad evidente al decir allá que más le quieren en España que en
Bolivia.
Es también evidente que tal situación se debe a los errores que comete su gobierno desde 2005 en lo
referente a la “guerra cultural” que el Ejecutivo viene perdiendo desde que comenzó.
Esa derrota constante se debe a que quienes dicen colaborar con Su Excelencia parecen ignorar que
cualquier cambio social es imposible si no se da antes en la mente y la imaginación del pueblo que
debe ejecutarlo. Cuando un pueblo no ve con claridad meridiana por qué, para qué y cómo se ha de
hacer todo cambio trascendental, tales cambios son muy difíciles si no imposibles. Sus seguidores
parecen ignorar también que en toda guerra de ideas el arma principal no son las marchas ni los signos
de barbarie que los bolivianos llamamos política sino los libros, los impresos y los medios por los que se
entregan ideas fundamentales a sus lectores.
Hoy por hoy, y después de casi cinco años de su conquista del Palacio Quemado, no existe en Bolivia
prensa ni editoriales de izquierda, los libros que hicieron la conciencia nacionalista boliviana brillan por
su ausencia y no hay más que una constante propaganda derechista mentirosa, retrógrada y
reaccionaria. Parecería que el gobierno de Evo Morales tiene más interés en difundir las ideas de sus
enemigos políticos que las que dice que guían a su régimen y sus esfuerzos por dar a Bolivia los
cambios esenciales que necesita para convertirse en un país civilizado al comenzar el Tercer Milenio.
Como el Sr. Presidente tal vez no sabe, se entregó recientemente a su Ministro de Culturas una lista de
quince novelas que, se afirma, representan “lo mejor” que ofrece el país al mundo en ese campo.
Tal vez conviene recordar aquí que cuando se necesita conocer el pasado se leen textos fríos e
indiferentes de historia;  pero cuando se necesita conocer cómo sucedieron tales eventos, quienes
fueron sus intérpretes y cuáles fueron los sacrificios de tales intérpretes, se leen novelas. Lejos de ser
“sólo ficción”, las novelas son generalmente retratos de la historia viva de los pueblos. No son, pues,
esencialmente ‘libros lindos” sino que llevan dentro el alma misma de los pueblos que las interpretan, y
por eso son tan importantes para los pueblos civilizados. Todo país honra y respeta, por ello, a sus
novelistas.
Dada la feroz y trágica historia de Bolivia, las novelas bolivianas que han creado nuestro espíritu
nacionalista no son, en general, “libros lindos”. Son obra de autores que lucharon contra la soledad, la
ignorancia y las dictaduras predominantes, su propia formación formal (muchas veces deficiente dada
su pobreza) y muchos otros obstáculos. Son libros de combate social escritos en las mismas trincheras
de ese combate, no en los salones ni en la biblioteca de algún millonario. No están escritos en un
lenguaje aceptado y aplaudido por la Academia de la Lengua. Usan el lenguaje del pueblo para el que
fueron escritos (aun hoy, el español es un idioma ‘extranjero’ en nuestra tierra) y muestran la urgencia
y los peligros que amenazaron a los autores que los firmaron.
Así y todo, y a pesar de sus deficiencia estéticas, son los libros más importantes de Bolivia porque
educaron a los bolivianos sobre su tragedia social e hicieron posible, gracias a las ideas que
presentan, eventos como la Revolución Nacional de 1952, sin la cual es muy posible que el Sr.
Presidente no hubiera podido salir nunca de su cocal.   
Esta es la fecha en que no es posible hallar esos libros en Bolivia. La gran tradición intelectual y
literaria de la “izquierda” ha desaparecido en el país, para no mencionar alguna editorial que se
atreviera a publicar esos libros ni menos algún impreso que, como lo hiciera en su momento La Calle,
luche por esa izquierda. Si Su Excelencia cree que Cambio logrará algún cambio, es necesario que
alguien se atreva a decirle que se equivoca.
Esta realidad tenebrosa hace contraste con los esfuerzos de Hugo Chávez en Venezuela, cuyo
gobierno ha creado una editorial dedicada especialmente a educar a los venezolanos sobre la tradición
libertaria de su país, la urgencia de los cambios sociales que su pueblo necesita y los libros que
pueden ayudarle a lograr esos cambios. Venezuela publica esos libros en tirajes de 250.000 y 500.000
ejemplares baratos y al alcance del más pobre entre sus ciudadanos. La idea básica que guía ese
esfuerzo no es la de hacer “libros lindos”. Es el convencimiento de que, si no se cambian las ideas
vigentes en el cerebro de los venezolanos, nada o casi nada se podrá cambiar en la patria de Bolívar.
Los quince libros que el Ministro de Culturas publicará antes de Diciembre con dineros del pueblo
boliviano, ese que vive de un dólar al día, como un canto del cisne del segmento más reaccionario y
“rosquero” de nuestra sociedad son (y por ello fueron elegidos) los “más lindos” que los 40  “estetas”
de la prensa, las editoriales y las universidades (copados hoy por la nueva “rosca”) han elegido para
representar a nuestro país y a nuestro pueblo ante el mundo. También representarán al gobierno de
Morales y al pueblo revolucionario y luchador que dio el poder político al Sr. Presidente.
Es por ello inaceptable que nombres como los de Augusto Guzmán y Augusto Céspedes (para no
mencionar otros “izquierdistas”) no figuren entre esos libros, simplemente porque no son “libros lindos”
como los elegidos en Cochabamba.
Yo no protesto contra la publicación de esos libros, que ojalá fueran 15 de la derecha y 15 de la
izquierda, ni nunca protestaré contra la publicación de libro alguno; protesto porque no existe bajo el
gobierno revolucionario de Evo Morales una oportunidad igual para los libros de Augusto Guzmán,
Augusto Céspedes, Carlos Montenegro y Sergio Almaraz, para citar a sólo cuatro de los forjadores de
la conciencia social boliviana. Yo reclamo el mismo trato y el mismo respeto para la literatura de
izquierda de nuestro país, el mismo espacio en cada vitrina, la misma oportunidad para cada lector
joven de elegir entre la derecha y la izquierda los libros que quiere leer; reclamo una renovación de las
universidades (que son del pueblo, no de la falsa “elite” que las domina y que creó la satrapía que fue
Bolivia antes de 2005) para que no tergiversen ni mientan sobre la historia social de Bolivia como
sucede hoy; reclamo en fin, una democracia real para nuestra cultura, vista como arma esencial para
lograr un mejor futuro para todos (insisto, todos) los bolivianos.
A menos de 90 días de un ejercicio cívico que dará un poder político mayor al Sr. Presidente para
permitirle los cambios que son en extremo urgentes para combatir la miseria, la ignorancia y la ausencia
de esperanza que atormentan al pueblo boliviano, ruego al primer Presidente indio de Bolivia que
asigne el lugar que le corresponde a la democracia cultural y al libre tránsito de las ideas en libros,
impresos y todo medio. Para ello, el estado debe hacer por esos libros lo que hace hoy por los que
comento.
Tal libertad esencial, la de elegir, leer y pensar, permitirá a todos los bolivianos la formación de una
sólida conciencia social, responsable y educada, posible sólo gracias a la ausencia de toda censura,
así sea la del dinero, que es la que asfixia hoy como siempre los esfuerzos, las obras y los trabajos de
quienes escriben y luchan por servir a su pueblo.
Como sabe el Sr. Presidente, nada me relaciona, me ata ni me compromete con su persona, su
gobierno ni su partido político. Como siempre, tampoco espero esta vez ningún beneficio personal como
consecuencia de estas líneas. He escrito y trabajado durante 40 años y siempre gratis por servir a mi
pueblo. Puedo equivocarme en mis juicios, es cierto, pero nadie puede dudar de mi buena fe. Nada
debo a Bolivia ni nada espero de ella. Si hoy escribo al Sr. Presidente es porque ejerzo un derecho
elemental como ciudadano y creo que cumplo un deber: durante demasiado tiempo han callado
hombres mejores ante abusos y falsedades y por ello es que todos sufrimos el país que sufrimos.
Con este importante motivo me es grato saludar al Sr. Presidente

Muy Atentamente,