Los recientes eventos en Bolivia y Venezuela fuerzan variadas conclusiones, pero la más grave sería
la constatación de que el pueblo boliviano es rehén de polos políticos imposibles y corre el riesgo
de caer en una de esas vorágines absurdas de violencia de las que se sale sólo por agotamiento,
como les ha sucedido a los iraquíes.
De este absurdo, el enfrentamiento entre indios socialistas y fascistas anacrónicos, el pueblo
boliviano ha sido impotente testigo desde que eligiera a su primer Presidente indio. Impotente, pero
no inocente, pues es culpable de indecisión, ignorancia y un racismo que desafía todo sentido
común.
Es necesario repetirse al decir que el racismo boliviano es en verdad una enfermedad social
horrorosa. No sólo  los “competidores” por el poder político lo han demostrado de día en día, sino
también cada observador local, comenzando por los lustrabotas, siguiendo por las beatas falsas y
terminando en los “caballeros educados” de nuestro medio. La guerra civil del chisme, el insulto
solapado, el libelo y la difamación arde y consume nuestras voluntades desde el primer día de
gobierno de Morales y para vergüenza de todos.
Este apasionado batir de lenguas consume energías y crea enemigos mortales que, por otro lado,
se distinguen cuando hablan por la brutal ignorancia que traicionan: los bolivianos no tienen
memoria y despiertan cada día como si no tuvieran 180 años de triste historia sobre las espaldas.
No podrán, por tanto, aprender nada de sus errores y crímenes pasados. Ello explica su lucha
política feroz pero infantil, la barbarie de sus palabras y sus actos y la maldición que sufren de dar
vueltas por el mismo pantano como un perro que se muerde la cola.
Y sin embargo, la coyuntura que sufren es en verdad clara y sencilla. Para  buscar mejores
horizontes basta con ver lo evidente, lo que se planta frente a nuestras propias narices, lo que es
indiscutible pero no nos atrevemos a aceptar como un hecho: la transformación que las mayorías
persiguen es irreversible. Bolivia no será ya jamás la Bolivia de Banzer, Tuto y Goni. Para realizarla
se dan como siempre dos caminos, la violencia o el compromiso, como sucede con cada aventura
humana.
Y es así cómo conviene tal vez mirar otra vez la violencia de Sucre e intentar leer los mensajes que
esa tragedia nos envía.

Los Mensajes de Sucre
El más evidente, tal vez, fue una demostración clara de que el debate por la capitalía es falso,
estúpido, absurdo y artificial: simplemente, Sucre NO PUEDE ser el asiento del gobierno. Es la
capital del país, pero es una villa amable y bonita que apenas alcanza a ser ciudad. ¿Quién tiene la
culpa de esa realidad? Todos los bolivianos nacidos desde 1825. ¿Quién puede cambiarla hoy?
Nadie. ¿Hay algo más que discutir? No. ¿Fue invento de los fascistas usado sin muchas luces por
algunos sucrenses? Si, como lo demuestra la visita de Dabdoub, portador de un solo mensaje
($$$) que convenció a los negociadores sucrenses en un dos por tres. ¿Cuál es la responsabilidad
de Dabdoub y sus patrones ante las muertes en Sucre? La conciencia de cada boliviano tiene la
respuesta pero, gracias a Dios, es posible que en Sucre haya acabado por fin ese “debate” que nos
hizo el hazmerreír del mundo todo.
Un otro mensaje de Sucre se refiere a nuestros estudiantes y “estudiantes”.
La violencia en Sucre hizo recuerdo, por lo menos entre los viejos, a la violencia que se organizara
para asesinar a Gualberto Villarroel. También entonces fueron los estudiantes y los “estudiantes”
los que conformaron, dirigieron, emborracharon y usaron a la chusma que mató a ese Presidente.
Algún detalle de esa barbarie me fue relatado en Lima siendo yo todavía menor de edad por uno de
los estudiantes que participó, “a mucha honra”, en esas jornadas gloriosas y que se llama Walter
Villagomez. Su relato interrumpió el almuerzo que me estaba pagando y una amistad que pudo
haber llegado más lejos, pero no pude reprimir mi indignación. Así es como hoy debo agradecerle
las muchas oportunidades en que me ayudó durante mi primer exilio y lamentar otra vez la pérdida
de su amistad a causa de semejante informe, del que no dudo por un instante.
Pero el hecho es que la “oposición” actual obra y actúa como la de entonces, hace tres cuartos de
siglo, lo que nos muestra ya el contenido del cráneo de semejantes “opositores”. Pagan para matar
y abrir las cárceles en las que esperan reclutar otros criminales. Nada han aprendido desde
Villarroel, y tal se ve en las monerías de esa vergüenza nacional llamada Rubén Costas y de su jefe
plutócrata Branko, elegido por el mismo diablo para simbolizar y representar a esa “mini-clase”
social que emerge de entre las vergüenzas de SRZ como una momia milenaria pero aún viva. Si no
la sufriéramos en carne propia, bien podríamos decir que nuestra historia, ésta que vivimos hoy en
día, es una película tragicómica escrita por un bromista malvado. Pues, ¿qué mejor símbolo y
representación de la barbarie fascista criolla que ese Branko heredero del fascismo internacional,
imagen casi perfecta del “malo” nazi de cien mil films?
Los bolivianos, sin embargo, dudan aún. O prefieren apostar a que Branko no es un problema de
Bolivia sino de “otros” bolivianos, los humildes que deberán morir para solucionarlo el día menos
pensado. Ello, a pesar de que SRZ es hoy lo que fuera la Chicago del gangster Al Capone,
gobernada por una “autoridad moral” nazi que paga matones y asesinos para tener cautiva por el
terror a una población de casi un millón de personas sin nadie que las rescate.
Sucre prueba también que los bolivianos, en su gran mayoría, meten la cabeza en la arena sin
condenar a una “oposición” cuyo rasgo principal fue su ausencia en Sucre. Sólo matones,
“estudiantes”, estudiantes y delincuentes actuaron en Sucre. ¿Dónde estaba Branko? Dónde, Tuto el
del seis por ciento? Es que la “oposición” es sólo un regimiento de truhanes a sueldo? Pues, si.
Eso es la “oposición” boliviana. Es gente acostumbrada a comprar chusmas para que “se lo peleen”
como hacían los emboscados del Chaco.  No son como fue Siles Suazo en la mejor hora de su
Revolución, cuando lo vi luchando pistola en mano en La Plaza Abaroa de La Paz para alcanzar su 9
de Abril.
Vista así, como un puñado de canallas pagado por los ricachos de SRZ, la Embajada y los tres
rufianes que se las dan de “gobernadores” para robar a manos llenas, esta “oposición” aparece
como lo que en verdad es, un absurdo inconcebible que aún suena y truena gracias a la
complicidad de la prensa local e internacional.
Los verdaderos bolivianos de SRZ nos han enseñado ya cómo acabar con esos fascistas, y lo han
dicho con sencillez suprema durante el “paro” más reciente, “Yo vivo de mi trabajo. No estoy para
disparates”, antes de aplastar a esa “oposición” con su indiferencia.
Sucre nos envió otro mensaje que debería llenarnos de orgullo y que pareciera que nadie lo ha
escuchado. Jamás, durante mis siete décadas, creí que algún día podría yo escribir esta frase: Dios
me ha permitido ver al primer Ejército de Bolivia que es en verdad boliviano. Tras 180 años de
matanzas, genocidios y masacres, hoy es el día en que el Ejército obedece y se esfuerza por hacer
obedecer una Constitución que es mala, pero es la única que todavía tenemos.
Sólo el Diablo sabe cuantas veces habrá ido Branko a golpear las puertas de los cuarteles. El idiota
de Reyes Villa usa la prensa con el mismo fin golpista, y las ofertas y promesas que sin duda hacen
por lo bajo reúnen los millones de los plutócratas locales y los de la Embajada, pero ya van casi dos
años en que los militares respetan la Constitución y rechazan a los corruptos corruptores de
siempre. Lo mismo puede decirse de la Policía, que no puede ser la misma Policía que combatió
en las calles de La Paz durante los últimos días de Goni. No por nada recibió Sucre con aplausos a
los policías que retornaron para volver a poner su vida en riesgo.
Aún otros mensajes nos envió Sucre durante su hora de violencia, pero el espacio es corto acá,
sobre todo porque nunca se sabe si esta nota hallará algún lugar que la publique. Habrá, pues, que
dejarlos para otro día.

Los Mensajes de Caracas  
El más importante subraya el principal error de Fidel Castro, error que naciera durante la Guerra Fría
y que consiste en decir al mundo y a Cuba “El estado soy yo”.
Hugo Chávez es un hombre de suerte excepcional, sin duda, porque el pueblo venezolano, sin
abandonarlo ni mucho menos, le he dado la lección que le impedirá cumplir el error que había
propuesto, “Impongamos la dictadura del proletariado, pero el dictador seré yo. Yo seré el estado”.
Quienes saben leer recuerdan tal vez al inventor  de sangre azul de esta frase notable.
Aunque signifique repetir perogrulladas, este es un error porque todo ser humano termina en un
pozo de dos metros mientras que el estado siempre se cree inmortal aunque tampoco lo es.
Confundir a un ser humano, así sea excepcional, con el estado lleva a la conclusión de que ese
estado, o ese régimen, morirá cuando tal ser humano exhale su último aliento. Por eso hay
equivocados que creen que la Cuba socialista desaparecerá cuando Fidel no pueda evitar su última
cita, pero las cosas serían más fáciles si no se hubiera copiado esa tendencia de Stalin. Es de
esperar que Evo note y anote este incidente para recordar oportunamente que la revolución no la
hacen sino los pueblos aunque los pueblos necesiten líderes para hacerla.
Otro mensaje consiste en la influencia de los estudiantes (sin comillas) que abrieron los ojos a los
chavistas y evitaron que hicieran un rey de Chávez, sobre todo porque los reyes, menos el español,
que es un chiste, acaban por lo general en la guillotina u otro aparato parecido. Listo como es,
Chávez entendió el mensaje ese mismo día y salió del incidente tal vez más fuerte que nunca. Nada
ha perdido, conoce hoy mejor a su pueblo y también ha visto los puntos que calzan su oposición y
los estudiantes que armaron ese jaleo.
Estos estudiantes son uno de los problemas más difíciles que enfrentan tanto Chávez como Correa
y nuestro Evo. Hijos del privilegio y esencia de la “clase media”, son opositores porque, como
“profesionales libres” mañana, esperan cumplir sus sueños burgueses, la casita, un autito o dos, el
televisor, las vacaciones en Miami, la mujer y la amante. Principalmente porque, sabiéndose
íntimamente un asco en lo moral, detestan la idea de que los humildes, que hasta hoy están “más
abajo” que ellos, dejen de ser humildes y empiecen a trepar una vez que la “cuna” y las “relaciones”
desaparezcan como referencias para ocupar cargos y ministerios. Ese es el gran temor de la gente
“decente” en el mundo todo y ese el principal enemigos de los pobres del universo: los del “medio”
que temen y odian a los “de abajo”.
Es, claro, un problema debido a su (mala) educación. Es una educación que les convence sobre las
ventajas de ahogar la propia conciencia, alinearse siempre con el más fuerte, el vencedor, fabricar
una cara postiza para andar por el mundo y elevar el egoísmo a la categoría de religión. Hay quienes
lo llaman capitalismo, pero la verdad es que se trata de una enfermedad moral aún peor.
Porque es un defecto de la educación, su remedio es la educación (correcta). Por eso es que esta
burguesía crea, cuando el estudiante logra hallar su conciencia, a los revolucionarios más
decididos y más sacrificados de la historia. Basta leer una novela rusa para encontrarlos. O recordar
al médico asmático de clase media que liberó a Cuba antes de tratar de liberarnos.
El referendo venezolano nos envió otros mensajes que la extensión abusiva de esta nota no me
permite tocar pero que mi despierto lector hallará apenas busque ese evento en el Internet.
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Arturo
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Dic. 07
Mensajes desde Dos Capitales
Arturo von Vacano