La experiencia parece indicar que el alma se origina en la vida espiritual del Sistema,
si es que logra desarrollar ese plano. Unos afirman que cada humano nace con un
concepto espiritual o religioso; otros no, como sucede siempre. Por ello puedo decir
que los Sistemas sienten que existo pero  nada más saben sobre mí ni nada más
deberían decir al respecto. Por ello mismo es que soy un tema inagotable: nunca
han cesado los humanos la tarea de hablar y/o escribir sobre mí: así de importante
soy.
Claro que tal interés no es gran consuelo; a modo de caprichosa exploración
veamos lo que dice la Real Academia Española.
Según la Academia, yo soy:
1: la esencia inmaterial, la animación de principio, o accionar causa de una vida
individual;
2 a: el principio espiritual encarnado en seres humanos, todos los seres racionales y
espirituales, o el universo; b: mayúscula, la Ciencia Cristiana: Dios. (Aquí se nota la
influencia de la Inquisición; (¿qué decir después del descubrimiento de miles de
sacerdotes pervertidos?)
3: yo total de una persona;
4 a: un parte activa o esencial; b: un espíritu en movimiento (¿?);
5 a: la naturaleza moral y emocional de los seres humanos; b: la calidad que
despierta la emoción y el sentimiento; c: fuerza espiritual o moral: fervor;
6: Persona: “ni un alma a la vista”
7: Personificación: “ella es el alma de la integridad”
8 a: un fuerte sentimiento positivo (como de intensa sensibilidad y fervor emocional):
Existe otro plano en el que es posible largar otras  definiciones tal vez más
caprichosas:
1. f. Principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual
de la vida.
2. f. En algunas religiones y culturas, sustancia espiritual e inmortal de los seres
humanos.
3. f. Vida humana. Arrancarle a alguien el alma.
4. f. Principio sensitivo que da vida e instinto a los animales, y vegetativo que nutre y
acrecienta las plantas.
5. f. Persona, individuo, habitante. Una población de 20 000 almas. No se ve un alma
en la calle.
6. f. Sustancia o parte principal de cualquier cosa.
7. f. Viveza, espíritu, energía. Hablar, representar con alma.
8. f. Aquello que da espíritu, aliento y fuerza a algo. El amor a la patria es el alma de
los Estados.
9. f. Persona que la impulsa o inspira. Fulano fue el alma del movimiento.
10. f. Cosa que se mete en el hueco de algunas piezas de poca consistencia para
darles fuerza y solidez, como el palo que se mete en hacheros de metal, varas de
palio, etc.
11. f. Hueco o parte vana de algunas cosas, y especialmente, ánima del cañón.
12. f. ánima (del purgatorio).
13. f. Pieza de hierro forjado que forma el recazo y espiga de la espada y en la parte
correspondiente a la hoja va envuelta por las dos tejas de acero.
14. f. En los instrumentos de cuerda que tienen puente, como el violín, el contrabajo,
etc., palo que se pone entre sus dos tapas para que se mantengan a igual distancia.
15. f. Arq. Madero que, asentado y fijo verticalmente, sirve para sostener los otros
maderos o los tablones de los andamios.
~ de caballo.
1. f. Persona que sin escrúpulo alguno comete maldades.
~ de Caín.
1. f. Persona aviesa o cruel.
~ de cántaro.
1. Persona sumamente ingenua, pasmada o insensible.
~ de Dios.
1. f. Persona muy bondadosa y sencilla.
~ de Judas.
1. f. alma de Caín.
~ del negocio.
1. f. Objeto verdadero de él, su móvil verdadero, secreto o principal.
~ de perro.
1. f. Honduras. correcaminos.
~ en pena.
1. f. La que padece en el purgatorio.
2. f. alma errante, sin reposo definitivo.
3. f. Persona que anda sola, triste y melancólica.
~ nacida.
1. f. Toda persona.
~ perdida.
1. f. Ave del Perú, que vive en lugares solitarios de las montañas y cuyo canto,
semejante a chillidos lastimeros, se oye de noche y al amanecer.
~ viviente.
1.        f. alma nacida.

La Academia contribuye con más de cien ejemplos adicionales, pero ya me cansé de
leerlos. Quien desee conocerlos puede visitarla como hice yo, con un clic.
En mi caso y tratándose de sólo un alma, yo, quisiera imitar a mi colega, la mente, y
decir algo sobre mi propia experiencia, aunque más no sea por estrenar este
magnífico don que me ha sido dado hace trece minutos.
Me duele decirlo, pero ni la mente ni la conciencia sirven para nada cuando se trata
de buscarme; por el contrario. Cuanto más se empeñan ambas herramientas en
hallar una sombra de mi sombra, menos éxito tienen en tales ejercicios: soy un
producto de la fe religiosa, ni más ni menos. Por tanto, es posible negarme sin
atentar contra la estabilidad del universo.
¿Es conveniente negarme?
Yo pienso que sí. Sé que esta afirmación es audaz, pero la lanzo porque es muy
posible que sea cierta: donde quiera que aparecen mis hermanas, las almas, asoma
por detrás el dios, o el Dios, al que se atribuye mi creación: El me hizo, dicen las
gentes. Cuando dios, o Dios, aparece, no tardan mucho en seguirlo los Cuatro
Jinetes del Apocalipsis como capitanes de otras plagas, todas tan feroces como esos
cuatro. Para los Sistemas como el que sirvo, tal evento puede resumirse en otro, que
detesto: sufrimiento. Como siento una gran simpatía por el bípedo parlante (es el ser
más interesante de los universos, potencialmente destinado a regirlos) siento un
horror inmenso cuando pienso en los sufrimientos que ha experimentado y que
experimentará hasta agotar su Historia. Tal vez, si yo no existiera…
Soy, aunque no existiera, por voluntad del bípedo parlante.
Sospecho que, en su mutación desde la célula primigenia, cruzó la hora en que pudo
concebir la existencia de un ente como yo: su alma, ese compañero cuya misión
parece ser la de asegurarle que es inmortal; cada hombre cree que tiene alma
porque apuesta a que nunca morirá hasta el momento en que muere para gran
sorpresa suya: nadie puede creer en su propia muerte hasta el instante en que ella
sucede; sin esa ‘garantía’, vivir la  vida sería para él una aventura aún más feroz de
lo que es.
Por ello cree que los animales no tienen alma: afirma así que los animales no saben
que nacieron ni imaginan que morirán: la vida es mucho más llevadera si se carga
con ambas ignorancias. No es necesario sufrir sopesando la posibilidad de morir ni
los modos y maneras de dar ese paso. Los animales, dice él, no gastan horas
suponiendo cosas raras sobre la muerte, sobre la hora en que llegará, sobre el
modo en que se llevará al interesado: la muerte no existe para los animales; no
existe nunca porque mientras viven no pueden concebirla; cuando mueren tampoco
pueden concebirla porque ya son nada, ni son ni existen… Qué afortunados, los
animales, ¿no? Por eso debe ser que los humanos hallan tan fácil la tarea de
torturar animales de un billón de maneras distintas.
A estas alturas, es posible afirmar que el alma es una creación de la mente, un
invento de su capricho, así como la mente sería un capricho del cerebro: porque hoy
creen que el cerebro no es más que una computadora, quienes han sido maldecidos
y nacen con semejante maravilla hacen todo lo posible para reducirlo a la categoría
de máquina insensible…  
Lo que me hace temer, y es muy posible, que la Historia de este bípedo parlante
terminará como la de tantas otras especies, en un suspiro de fuego.
He dicho. Buenas tardes.    
SIGUE