Su Opinión

La Hora del Buey
Arturo
Sus Libros
A la tierna edad de los siete añitos, uno de mis más amados maestros me clavó un mal
consejo que nunca olvidé.
“Nunca te metas en política”, me dijo, “porque la política es el juego de los canallas y
los bellacos”.
“Pero si dejas la política en manos de los canallas y los bellacos, ¿no estás dejando el
país entero en manos de los canallas y los bellacos?”, le contesté, siempre aficionado
a dar la contra.
A la podrida edad de los 70 menos uno, hallo que no estoy con mi maestro en esta
cuestión sino con ese niño de siete años y dientes de conejo.
Tengo un aliciente. Esa famosa frase aparece citada en el libro “La Hora de los
Generales. El Militarismo Profesional Latinoamericano en Perspectiva Mundial”, por
Frederick M. Nunn, en su página 151, con una cita de Joseph Conrad.
Dado que a mí me gusta escribir tonteras de ficción y nunca quise ser empleado
público, seguí ese consejo más que nada porque de político no tengo un pelo. Me
faltan los defectos innatos de los políticos. Pero hoy veo que debí haber seguido mi
propia opinión, así acabara yo mal. Bolivia ha dejado la política en manos de canallas y
bellacos (descontando algunos mártires) durante toda su vida, y hoy vemos el
resultado: Bolivia ha quedado en manos de nazis criollos y de indios socialistas.
Que me caiga muerto si la Bolivia que yo conozco está hecha de nazis criollos o indios
socialistas. Que hay nazis lo sabíamos desde siempre, como todo el mundo lo sabía.
Por algo se han publicado tantos libros en el mundo sobre los nazis en Bolivia. Que
hay indios socialistas no es cosa tan sabida, aunque ya no son un puñado ni son los
ignorantes que sus enemigos quisieran.
Pero ambos grupos, a despecho de cabildos y otros espectáculos, son minorías de
bellacos, canallas y tontos. Un milloncito por acá y otro milloncito por allá. La
proporción no es tan mala, dado que los bolivianos juran que son nueve millones. Yo
creo que somos seis, y eso, pero cada quien tiene su opinión, ¿y qué?     
Tanto los nazis criollos como los indios socialistas tienen la misión declarada de
asesinar a Bolivia. Los nazis, porque quieren un paraíso terrenal como Miami, que en
SRZ sería mejor porque está sembrado de cunumis. Los indios socialistas, porque
creen posible el retorno del Kollasuyo y sus glorias que, digamos la verdad, no fueron
muchas: perdieron un imperio contra trece hombres.
Para mí, ambos bandos tienen cara y perfil: los nazis tienen la cara de Costas, el
“Gobernador”, y la barbarie de la Juventud Cruceñista. Los indios socialistas son
representados para mí por una india esforzada llamada Marina Ari, perseguida hoy,
según ella, porque quiso convertir a San Andrés en una universidad india, practicando
una discriminación al revés. Los indios, como sabemos, no han tenido ocasión reciente
de mostrar su barbarie, aunque lo de Huanuni no fue juego de niños. Para los indios
que se enojen por lo que acabo de decir, debo recordar que los mineros no son todos
ingleses.
Pero el caso es que tanto nazis criollos como indios socialistas han declarado una y mil
veces su intención de asesinar a Bolivia. Esta crisis es la que me lleva a referirme a la
“mayoría silenciosa” boliviana, ese sector enorme al que describí en una nota anterior
con tanto cariño como “los bueyes”, cuando decía que: El resto, esos que miran,
cuentan chismes y chistes tontos y murmuran agachando la cabeza como bueyes,
nada dicen y nada dirán hasta que sea demasiado tarde. Tal su destino de bueyes. No
saben donde están parados, tienen miedo de perder los cuatro cachivaches que han
reunido en toda una vida de bueyes, y esperan la degollina sin saber desde donde les
vendrá. Creen que se salvarán si callan y se ocultan y se disfrazan de muebles.
El azar, que tiene un feroz sentido del humor, deja en esta hora el destino de Bolivia, y
su salvación, en manos de esa “mayoría silenciosa”, esos bueyes que, como siempre y
desde siempre, miran pasar las cosas “sin meterse” porque la política es lo que es, y
reniegan del himno nacional, que aconseja, “morir antes que esclavos vivir”.
Es verdad que han hecho lo mismo durante generaciones. Por eso es que la historia
del país es una sucesión de extremismos. La anarquía de las bandas populistas del
MNR tras el descarrilamiento de la Revolución y los crímenes del Plan Cóndor, para
citar las crisis más recientes. Si mañana llegaran los marcianos para convertirnos en
tocino, los bueyes harían chistes malos y chismes hasta el último tocino.
Pero es tal vez necesario recordarles que el país que dejan a sus hijos va a morir
porque los bueyes no se deciden nunca a poner punto final a nuestros males
ancestrales. Sólo ellos pueden acabar con ese racismo cerrado que distingue a nazis
criollos e indios socialistas porque, si han de vivir ellos y las generaciones que les
siguen en esta tierra, necesario es acabar con ese crimen.
¿O es que piensan los bueyes dejar las cosas a sus hijos tal como son, y que esos
pobres chicos se las arreglen como puedan? Eso es lo que han hecho los bueyes
durante generaciones, y ello explica nuestra historia.
El caso es que esta generación enfrenta ya una primera instancia en que Bolivia se ve
amenazada de muerte. Antes, la amenaza de muerte era sólo para las "derechas" o las
"izquierdas" criollas, según les tocara ganar o perder circunstancialmente. Hoy, ambas
facciones reclaman la muerte de Bolivia a grito pelado.
Las elecciones de 2005 no solo reflejaron el triunfo del primer Presidente indio de
Bolivia sino también un ausentismo notable. Los bueyes decidieron no votar entonces
porque, ¿para qué? Ese lío no era suyo.
Pero el lío actual es suyo. Los indios quieren un Kollasuyo imposible. Los nazis criollos
quieren un cruco-reich imposible. Miren nomás las banderas (alguien se esta haciendo
rico cosiendo banderas en SRZ). ¿Es que todo va a acabar en una guerra de
desgaste como las de El Salvador, Nicaragua o Guatemala y los bueyes van a seguir
haciendo chistes tontos y chismes?
No soy optimista cuando intento despertar a los bueyes con una nota mal hilvanada.
Se cuan profundo es el racismo también entre los bueyes. Mis notas a favor de Evo,
escritas porque Evo es la única salida posible al horror silencioso que vivió la última
generación, la mía, me ha costado la amistad de mis amigos k’aras de La Paz. Hasta el
Tano me ha abandonado, y eso duele.
Entiendo que en Bolivia, como sucedió en España en los 1930, la “clase” y la raza
vienen antes que la nacionalidad, pero aún antes viene la conciencia de cada quien.
¿Quién puede decirse educado y ser racista a la vez? Así, por mucho que duela, hay
que aceptar como honor el ostracismo al que me condenan mi viejos amigos porque, k’
ara como soy, promuevo al Evo. A los 70, sólo un juicio temo, y es el mío propio.
Pero el maestro que me dio aquel mal consejo se equivocó, y por eso tuve que vivir la
mitad de mi vida en una celda y diversos exilios, uno elegido y los otros forzados.
Mayor fue el sufrimiento de los míos, esos inocentes, que el mío. Abandoné los
cachivaches ganados con tantos sacrificios cuando me llegó el último exilio, y hoy las
cosas lucen más amplias y más esperanzadas porque ya no vivo en el país del “no se
puede” sino que me creo ciudadano del mundo.
Si los hijos de los bueyes pudieran mirar su futuro con las oportunidades que vieron
los míos cuando les abrí el mundo, los bueyes y mis amigos k’aras tendrían razón en su
actitud. Pero bastaría que analizaran las oportunidades que están dejando a sus hijos
después de una vida de vanos sacrificios para que aceptaran la sabiduría del himno
nacional y cambiaran la triste vida que parecen preferir y empezaran a meterse en
política.
Hoy es la mejor hora de liberarse de los bellacos y los canallas, los nazis criollos y los
indios socialistas. Es urgente porque tal vez no habrá otra para ser dueño, cada quien,
de su propio destino.
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Dic. 06
Arturo von Vacano