Parábola de Raúl, el Señor Abogado

Cuando descubrí a fines de 2010 que mis hermanos habían decidido robarme cien mil
dólares, mi herencia familiar, busqué con singular angustia la ayuda de alguien que
pudiera impedirlo.
No que fuera tarea fácil: impedido de subir más de cuatro kilómetros en los Andes
hasta La Paz por un corazón debilitado tras un cuádruple bypass implantado en 2000,
no podía ni puedo arreglar este lío a la boliviana (a puñetazos o, si el caso lo exige, a
tiros) me resigné a depender de algún abogado. Busqué uno con más pesimismo que
esperanza usando el Internet (vivo desde 1980 en USA). La evidencia de un fracaso
me tomó dos meses. Aprendí mucho sobre los abogados, a los que yo fusilaría en masa
si alguna vez llegara al poder, pero la conclusión fue sencilla y cruel: cualquier
abogado me despellejaría vivo en La Paz sin lograr nada.
Bolivia es un país sin ley ni justicia (sin Ley ni Justicia, como escribí cuando tenía
esperanzas todavía sobre mi patria) en el que una impunidad salvaje es una costumbre
acendrada. El asesinato y el robo son las profesiones más exitosas y la existencia de
un hombre probo se publicaría con pitos y flautas si pudieran hallar uno, cosa que no
se repitió desde la muerte de mi padre hace medio siglo.
Como ladrones, mis hermanos tienen ciertas características que les hace odiosos hasta
entre sus colegas locales más despreciables: lo que más cuidan es su posición social,
que ellos creen les sitúa entre la “elite” de Calacoto, ese segmento de pillos e
impostores que es responsable de 200 años de historia horrible, actos indignos y
crímenes inauditos que otros llaman Historia de Bolivia. Preferirían morir antes de ser
desenmascarados. No se avergüenzan de cometer un delito; se avergüenzan de que
los pesquen. Cuidan también de que sus víctimas sean débiles e indefensas, como me
sucede: viviendo en el extranjero, viejo, pobre y enfermo, nada puedo hacer para
proteger mi derecho; lo único que me queda es tratar de olvidar sus maldades, pedir a
Satanás que les envenene la sopa y escribir como hobby, pues las palabras son mi
único “arma” desde que vine a este mundo de iniquidades.
Y así, después de leer los versos de “Si” de Rudyard Kipling un par de veces, decidí
echarlo todo al olvido y comenzar la lectura de un nuevo libro, que es lo que más me
gusta hacer. Apenas tomé esa decisión me llegó un email de Raúl, el Señor Abogado.
Dijo Raúl, en su primer mensaje del domingo 3 de abril de 2011:
Estimado Arturo,
Como percibo tu desesperación por los anuncios de prensa dime, si tu consideras
oportuno, en que puedo ayudarte, en  tu propósito. Saludos cordiales Dr. RAUL PINO-
ICHAZO TERRAZAS ABOGADO CORPORATIVO.
Lo conocí cuando Raúl era gerente de Iberia durante la dictadura de Banzer. Dos
cosas recuerdo de él, una de las cuales me guardo para el fin de este relato: la otra fue
una serie de favores pequeños que me hizo, sobre todo publicando su publicidad en
varios de mis impresos. Me invitó a varias ocasiones sociales, me recibió siempre que
le visité y cambiamos chistes y comentarios durante esas visitas. Esa fue la suma de
nuestras relaciones.
El Raúl que recuerdo no se afeitaba la cabeza como ahora lo hace. Tenía la misma
mirada de zarigüeya (ojos diminutos, vivaces) con que aparece hoy en el Internet y su
voz era un susurro que remedaba a los jesuitas que lo educaron en España. Caminaba
como jesuita también, un ratón jesuita dedicado a la diplomacia. Habla buen alemán. Se
susurraba de él que era maricón cuando serlo era un delito social pero, habiendo
vivido yo en Lima y Rio, tales rumores me tenían sin cuidado. Lo único que esperé y
espero de los homosexuales es que entiendan que yo no lo soy. Ni Raúl ni yo tocamos
nunca ese tema, de modo que nada se de primera mano sobre él en este aspecto. Sólo
le conocí un defecto, que es tan común entre la gente de clase media que ya nadie lo
toma por tal: era curioso como niño pícaro y chismoso como vieja alcahueta.
Su mensaje fue consecuencia de un aviso que había publicado yo en la prensa
paceña, este aviso:
Arturo von Vacano Alborta, con C.I. 206449 L.P. informa a quien pudiera interesar que
los herederos de la casa situada en Belisario Salinas #380 de La Paz, que goza de
buena salud y que cualquier intento de venta de la casa mencionada sin su
participación será inválida y nula, como lo será todo documento falso que indique su
prematura defunción. Advierte que la declaratoria de herederos con que se intenta
hacer esa venta es nula porque ignora la existencia de dos de los seis herederos.
Este texto logró el efecto deseado y la venta se postergó por varios meses, hasta
mediados de Agosto de 2011. Pero alrededor de las Navidades de 2010 sucedió un
hecho inesperado y sorprendente: Julio, el tercero de mis hermanos, murió en
circunstancias que son hasta hoy misteriosas para mí. Hoy ignoro cómo murió, cuándo,
de qué y por qué. Cuando intenté comunicarme con su familia mediante un email
(medio que uso a diario, dada mi sordera), me enviaron al demonio. Dado que Julio era
el hermano más “aficionado” a mí, tal reacción me dejó más lastimado que
sorprendido.  
Después de cambiar un par de mensajes me gasté quinientos dólares y envié un poder
legal a Raúl para que lidiara con mis hermanos. Confieso que me impresionó el modo
en que se refiere a sí mismo siempre: “El Señor Abogado RAUL PINO-ICHAZO
TERRAZAS, ABOGADO CORPORATIVO”. También, que fue el único entre diez de sus
colegas que parecía lógico y racional al tratar mi problema.  Los otros nueve que el
Internet me presentó escapan todos a esa definición y puedo probarlo ante cualquier
interesado. Sus mensajes, pues, me convencieron de que no todo estaba perdido.
Y así convencido y armado de inquieta paciencia, esperé alguna novedad interesante
que me viniera de mi amigo Raúl, el ex - gerente de Iberia, durante cuatro meses.
Al parecer, su modus operandi consiste en reunir en su despacho a todas las personas
interesadas en un lío como el que sufro y tratar con esas personas como corresponde
a un ‘señor abogado’. Su idea es, me parece, que todos los interesados lo tratarán
como si fuera Dios Padre y todos obedecerán sus decisiones como esclavos del
Congo.  
Mis hermanos, interesados en hacer aparecer como muertos no sólo a un servidor sino
al hermano que me sigue, Jorge (porque, habiéndose metido en maniobras raras que
le costaron su carnet de identidad auténtico no puede probar ahora que es el Jorge
que dice que es), buscaban modos para hacer la venta de la casa objeto de la
discordia sin pasar por Derechos Reales. Menudo interés tenían y tienen, pues, por
conocer y discutir el caso con el Señor Abogado etc. etc., actitud que mantuvieron
durante meses, lapso durante el que mi amigo Raúl el abogado los esperó día a día
para enviarme el mismo mensaje de cuando en cuando: “Sin novedad”. Parece incapaz
de imaginar las risas con que acogían sus invitaciones.
La fuente de mi paciencia fue mi aprecio por mi viejo amigo. No sucede cada día que un
abogado ofrezca a un amigo que no ha visto en 40 años sus servicios y su interés a
cambio de un magro diez por ciento de lo que pudiera lograr. Si tal era su voluntad de
ayudarme, lo menos que podía hacer yo era darle tiempo para que aplicara sus
habilidades profesionales y un castigo ejemplar a quienes me dejan desheredado.  
Pero noventa días después de su primer mensaje sufrí una breve pesadilla durante un
amanecer de calor tropical y ese sueño me quitó la confianza en el hombre de Iberia. El
sueño fue de un episodio que nunca hubiera querido recordar porque hoy me
avergüenza. Fue un incidente que siempre me pareció una pesadilla pero que debe
haber sucedido realmente, justamente por eso. En dos palabras: durante una de las
reuniones sociales a las que Raúl me invitó en un local público, hice añicos una vitrina
cargada de cristalería al dar un manotazo al aire porque había bebido más de la
cuenta. En mi sueño, Raúl hacia lo posible por enderezar las cosas después de
semejante abuso y sus invitados trataban de ayudarle a vencer ese mal instante.
Cuanto más lo recuerdo más convencido estoy de qué cometí en verdad semejante
desafuero.
Parecía imposible que Raúl hubiera tomado tal incidente para ‘vengarse’ y dejarme
esperando noticias suyas durante cuatro meses, 120 días, 2880 horas. Es increíble que
una persona madura, educada y consciente espere durante ese lapso la visita de
gente de la que sabe que se ríe de y él y sus caprichos de anciano bobo y que nunca
llegará a tocar su puerta, me dije. Seria marica y chismoso, pero no era idiota, recordé.
Algo debe tener bajo la manga, me mentí, esperanzado. Algo debe estar haciendo por
ayudarme. Algo…
Sin saber qué hacer, decidí acudir a algunos amigos de esos tiempos, los de mi vida de
agente de ventas de pasajes aéreos. Me perdí en los vericuetos del Internet
preguntando por ellos.  ¿Alguien conoce el email de tal o cual?, preguntaba. Una
semana después, tenía los de diez conocidos y dos amigos. Les envié varios mensajes
contándoles mis cuitas y mis atribuladas relaciones con el Señor Abogado.
Cuatro días más tarde y al hacer un resumen de sus respuestas, casi me desencajo la
mandíbula: de creer los chismes que circulan ahora sobre él, el S.A. es un marica viejo
que se viste de anciana cada noche y sale a cazar jovenzuelos desprevenidos. Más
loca que nunca, cree que la sociedad es ciega e ignora sus tropelías. Nunca nota que,
así como el espía a los demás, los demás tienen clavada  la curiosidad sobre sus
aventuras y difunden a los cuatro vientos sus susurros sobre lo que ven o lo que
inventan. Su pasado dislocado y su presente insano lo condena, como dice Gregorio
Dumas.
Decidí no creer palabra de tales historias. Ya se sabe que en La Paz la lengua viperina
de los hombres no respeta la honra de mujer alguna; si algo logran, lo cuentan a los
cuatro vientos. Si nada logran, inventan diez groserías para ‘vengarse’ de la mujer
virtuosa que no pudieron seducir. Era así antes de Colón y así sigue siendo, me dije.
No es posible que Evo lo haya cambiado todo. Además, no podía imaginarme a Raúl
disfrazado de vieja. Sería grotesco, opiné.
Pero entonces, si no daña a Raúl un defecto mental del tamaño de un elefante o un
defecto moral del peso de una ballena… ¿Qué explicación podía existir para la
conducta de Raúl? La suerte de un anciano solitario al que se le sueltan varios tornillos
no es cosa rara. Allá van, solos o acompañados, dando vueltas por el parque Abaroa,
ahora ascendido al grado de plaza. Al ver mi aviso de prensa, me dije, Raúl decidió
este truco para tenerme durante cuatro meses en sus manos, como si estuviera
asando una nuez. Solo como perro con sarna, prefirió esto a continuar hablando con
las paredes. Está moralmente enfermo. No es su mente, es su alma.
Por fin, y ya odiándolo un poco, decidí preguntarle lo que me preguntaba y acudir a mi
debilitada pluma para enviarle este mensaje:
4 Oct 2011 14:08:09 -0400
Raúl,
Hace un mes más o menos me puse a pensar por qué estás haciendo lo que estás
haciendo conmigo.
A no ser una ‘venganza’ por alguna mala pasada que alguna vez te hice, cosa que no
alcanzo a recordar por  mucho que le hago, no encuentro ninguna explicación.
Después de pensarlo bastante decidí consultar con algunos amigos que pudieron
haberte conocido. Les mostré algunos de tus mensajes, les expliqué la situación
general y les pedí un consejo. Algo he sacado de esas opiniones, pero ni así puedo
explicarme tu conducta.
Lo que se ya sin duda alguna es que nada puedo esperar de ti y que más bien podrías
estar buscando otros modos de hacerme daño. Parece que encuentras un gusto
malsano en burlarte de mí y comentar con  idioteces las preguntas que te hago.
Como te digo, no alcanzo a entenderlo. No creo haberte hecho ningún mal en el
pasado ni recuerdo nada desagradable de esos días. No serias mi mejor amigo, pero
hasta hoy creí que eras un amigo. Ahora no se qué pensar. Tengo todos tus mensajes
en mi archivo y los leí esta mañana. Me dije que sufres de algún mal mental o alguna
deficiencia moral, pero hasta eso parece absurdo.
Te ruego que metas el poder que te di en un sobre y me lo envíes. Tienes ya mi
dirección. Lamento no poder viajar a La Paz para hablar contigo, pero no pienso
arriesgar mi salud por darme ese disgusto.
Nada más te puedo decir. Te dejo en compañía de tu conciencia.  
Dos minutos más tarde me llego la respuesta:  
   From: raulomar pino-ichazo terrazas  
Estas totalmente equivocado, nunca tuve  ni tendre nada contra  ti, estas susceptible
pues no hay resultados , no por causa mia sino por la desidia  de tus hermanos para
concertar mis llamamientos. repito hago lo que puedo para conseguir resultados.
convengo que si  no estas conforme es tu decision, pero repito nunca tuve nada ni lo
tendre contra ti pues jamas hubo motivo alguno.
Al que siguió otro mío:
To: raulomar pino-ichazo terrazas  
¿O sea que si no te hacen caso esperaras por ellos hasta que todos muramos de
viejos?
¿Cómo es posible que esperes casi cuatro meses para reunirte con ellos?
¿No te das cuenta de que se ríen de ti?
¿Qué estás esperando?
¿No entiendes que NO desean reunirse contigo? ¿Qué esperas, que te manden al
carajo?
Nunca me explicaste lo que deseas hacer, menos lo que puedes hacer.
Tampoco me dices que no puedes hacer nada.
¿Piensas seguir esperando?
Y su inmediata respuesta:
From: raulomar pino-ichazo terrazas  
me tomare la paciencia de espera 5 dias mas, de lo contrario se entiende que no hay
voluntad de aceptar mis planteamientos de equidad y una  venta  justa y bajo con
canones juridicos. De no lograrlo yo me retiro habiendo tratado por todos los medios de
lograr resultados. yo hice con buena fe y con la pretension de ser escuchado, me
escucharon individualmente, pero yo queria un concenso. esa fue mi intencion y
mantuve reuniones y  charlas tetefonicas,, esto es definitivo.
Que origino este comentario mío:
To: raulomar pino-ichazo terrazas  
¿O sea que así acaba todo?
Bueno, pues. Gracias. No es necesario que esperes cinco días más.
Hazme el favor de enviarme el poder que te di y no esperes ya nada.
Ellos se reirán de ti hasta el Día del juicio Final.
Yo sólo espero de tu caballerosidad que me devuelvas ese poder.
Y el último suspiro del señor abogado:
From:        raulomar pino-ichazo terrazas
no  hay problema si no quieres esperar resultados, no puedo oponerme a tu decision.
yo trabaje con toda  voluntad para ayudarte, ahora reconozco no hay resultados pero
hice una continua labor de analisis con la otra parte. te envio el poder por correo a la
direccion que me facilitas, gracias.
Espero no sorprender a nadie si digo que jamás me envió ese poder.  No contesta mis
periódicos mensajes exigiendo esa devolución. Sólo Dios sabe el mal que puede
hacerme usando ese bendito papel. Y bien sabe Dios que en un país atrasado como
Bolivia no hay poder humano que le coja del cuello y le haga razonar. Oculto en su
cueva  y sólo porque está loco (o loca, si se prefiere), se refriega las manos y se ríe de
mí, el amigo que confió en su palabra, de mi candor infantil y mi confianza mal
depositada.
Semanas hace desde que este episodio terminó. Para entonces descubrí que la
costumbre de robar su herencia a los parientes que viven en el extranjero es cosa
común entre la “elite” y la clase media del Kollasuyo. Día que pasa, más me convenzo
de que cometí  un solo y grande error: nacer allí.
Su Opinión
Arturo
Sus Libros
Nuevos Textos
8-8-12