Su Opinión
Los Bolivianos de WAS
Arturo
Sus Libros
El próximo 27 de enero de 2007, magna fecha sin duda porque es mi cumpleaños, los
bolivianos residentes en la Capital del Mundo harán realidad de un evento que todos
deseamos se repita en Bolivia. Veremos sentados en una misma mesa al Capitalismo
Salvaje y a los indios bolivianos,  que no serán muchos en Washington pero son la mar
de simpáticos.
El Capitalismo Depredador estará representado por la Cámara de Comercio Boliviano
Americana y por una señora muy guapa que la preside y manda cuyo nombre indica ya
que no llegó ayer al paraíso del trabajador, la Sra. Mónica Williams, cuyo porte y
elegancia admiramos los chucutas que asistimos al primer evento de este tipo
organizado por los indios de Jach’a Uru de WAS no hará dos meses ha. Sucedió en el
mismo centro cultural, el restaurante Cecilia’s de Arlington, emporio del fricasé, una
cancha techada del tamaño del Siles que es desde hace décadas una versión en WAS
del mentidero en La Camacho de La Paz.
En la otra esquina, digo, en la silla vecina veremos y escucharemos a Elmer Herrera,  
un indio cochabambino de pura cepa del que recuerdo un chiste muy bueno. Elmer
jura que no existe en los idiomas aymara o quechua la palabra “racismo”, lo que
demuestra, según Elmer, que los indios no son racistas. Pienso yo que, porque no
existen en esos idiomas las palabras “helicóptero”, “televisor”, “Internet”  o “Google”,
tampoco pueden conocer los indios esos obsequios de la tecnología. Puedo haberme
equivocado, sin embargo, porque sus amigos indios y el mismo Elmer son unos hachas
para manejar cámaras de TV y hacer elegantes sitios en el Internet. En fin, sólo los
dioses saben cual será la verdad. Yo no hago más que anotar recuerdos.   
El mejor chiste de aquella tarde lo hizo el nuevo embajador de los bolivianos, un hippie
un tanto cuanto mayor ya para esos trotes que se tomó casi tres horas para perderse
en el Gran Washington pero llegó por fin al evento deslizándose como un pequeñín
perseguido por su mamá para sentarse haciendo mutis junto a una belleza que no se
yo quién será y que me dejó boquiabierto por la maravilla de su cabellera, digna de
Raspunzel.  
El evento del 27 (no se si dije que es mi onomástico) amenaza con convertirse en una
maratón verbal capaz de desafiar al Capitolio mismo, situado a tiro de cañón del Cecilia’
s, y es por eso que aprovecharé de mi sordera para disculparme y seguir oculto en mi
sótano. Siete horas de mirar a las gentes abriendo la boca como fuelles sin saber lo
que dicen es una tortura que parece inventada por Jorgito Bush, al que Satán acoja en
su gloria.
Por eso, y porque he recibido un cartel enorme y bello, obra de los amigos de Elmer
Herrera, me atrevo a hacer este modelo de periodismo objetivo que consiste en
comentar un evento que no ha sucedido aún. ¡Oh, las maravillas de la tecnología,
como dije antes! (Eso es lo bueno de ser viejo: uno ya ha dicho casi todo, antes).
Un hombre del que conozco muchas virtudes pero que no sabía que era historiador,
Rudy Henrich, aparece en el programa de esta maratón de voces diversas como ex
presidente de la Unión Cultural Boliviano Americana y me da ocasión de decir que es
pariente de un joven tenor cuyo arte debe haber traspasado ya muchas fronteras
porque es en verdad excepcional.
No será ese Henrich, sin embargo, sino Rudy el que escucharemos y va a atreverse a
hacer una historia de la comunidad boliviana en el Gran Washington, esfuerzo que
puede tomarle dos de los diez minutos que tiene asignados. Consistirá, según lo
entiendo yo, en nombrar los miles de equipos bolivianos de fútbol que han florecido en
estos lares y los cientos de grupos folklóricos que han convertido cada 4 de Julio en un
desfile sensacional de música india boliviana adulterada, danzas indias
“occidentalizadas” y uno que otro potango debajo de una faldilla de chiste y un
calzoncito de já.
Lo cual no desmiente en modo alguno el hecho de que la colonia boliviana en WAS es
la envidia de las demás colonias y se ha conquistado un lugar distinguido entre los
gringos que, por fenómenos científicos que desconozco, abundan aquí como una
plaga. Se ve varios en cada esquina.
Como en Bolivia, los bolivianos somos aquí parte de una sociedad que ni se mira ni se
habla, a no ser para bailar jugando fútbol o saltar bailando diabladas. Como allá,
tenemos una “crema”, los ricos asociados con el Banco Mundial y otras entidades
asesinas similares y los de buen pasar que se dan unas ínfulas tan odiosas como las
de la sociedad cochabambina.
Aquí, empero, tenemos otra “crema” adicional, y son los cocineros y las cocineras que
dominan ese arte en su versión boliviana y que cobran más dólares que esos ricos
asociados con el Fondo Monetario y otras entidades criminales similares. Si usted es
un cocinero respetable, lo mejor que puede hacer es venirse mañana mismo, y así
ganamos todos. Pero no hay duda alguna de que tenemos lo mejor de nuestra cocina
en WAS y que es ya famosa hasta en Detroit.
Además de esas “cremas”, tenemos el bulto de los 80.000 bolivianos que nunca nos
vemos aquí y que, liberados de la obligación de gobernarse a sí mismos, se han
dedicado a sus virtudes. Los bolivianos somos la segunda colonia llegada desde el
Continente de la Desesperanza a WAS por nuestro número, pero la más apreciada
porque trabajamos con disciplina, amamos y protegemos a nuestras familias,
mejoramos cada día nuestras cuentas corrientes y no somos chismosos, pendencieros
ni borrachosos. Es decir, no parecemos bolivianos. Pienso yo que ello se debe a que
la política aquí está en manos de los gringos, no se por qué será.
El evento del 27 de enero (mi santo, por coincidencia) presentará también las
palabras, breves pero sustanciosas, de otros expertos en diversos temas, los que
copio sin comentar porque me siento aburrido desde ya.
Esos temas son El Rol de los Indígenas en el Actual Gobierno, Los Pueblos Indígenas
en la Actual Coyuntura, Pobreza y Derechos Humanos (lo más interesante y urgente),
Elites de Bolivia en Relación al Pueblo y Los Indígenas de Bolivia en Washington DC.
Como se ve, es una agenda más ambiciosa que la del gobierno del MAS, el Congreso,
la Constituyente y el directorio del Club Bolívar sumados y en juntucha.
Al amanecer del domingo, cuando los participantes de este evento (en mi día, no se si
ya lo anoté) descubran que no pudieron salvar a Bolivia después de semejante
palique, estaré oculto en mi sótano, escuchando a Mozart. Es difícil con media oreja,
pero no imposible.
Pero debo decir también, después de 27 años de vivir en este modelo de justicia
social, que este es el primer intento, aunque demasiado serio y ambicioso, de reunir a
los bolivianos de WAS y darles una chance de conocerse mutuamente. Es algo que
debe aplaudirse sin tapujos, sobre todo porque los presentes sufrirán de la música y
de los altoparlantes del local, capaces de producir sorderas por regimientos. Y es que
no hay progreso sin sufrimiento, velay.  
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Arturo von Vacano