Bolivia – Chile: …y los Pueblos, ¿qué?

Pocas veces, si alguna, se las ha arreglado un mandatario boliviano para levantar tanto
polvo como el que levanta estos días el Presidente Morales sobre el Mar para Bolivia.
Con varios de sus antecesores decididamente del lado de nuestros ‘enemigos’ (las
falsas elites bolivianas son chilenófilas desde el día mismo en que perdimos el mar, si
no antes) y media docena de medios de prensa dedicados a torpedear al Presidente y
provocar el fracaso de sus gestiones (El Diario, nido de traidores y masacradores, es
abanderado de este grupo) se diría que lo único que logrará Morales al final de ese
esfuerzo será que muchas gentes en el mundo todo quedarán enteradas de la tragedia
boliviana. Tal tragedia no variará ni un ápice, pero, porque ‘lo que en guerra se pierde
con guerra se recupera’ y el ejército de Bolivia, perdido en las selvas amazónicas
(donde espera al ‘enemigo’), es la burla más trágica que el destino hace al pueblo de
Bolivia.
Aun así, y porque el actual es más ‘Presidente de todos los bolivianos’ que por lo
menos dos docenas de los presidentes que le precedieron (el último es extranjero, con
una marca sellada en un glúteo: ‘Made in CIA’, y habla español con el acento de John  
Wayne; por eso sus compatriotas jamás lo enviarán a La Paz),  Morales ha logrado
resultados que nunca vimos antes, y ello sorprende a propios y extraños porque
olvidan que Evo no tiene acciones secretas en Wall Street como las tienen sus
‘colegas’ ni tiene por único dios al dólar, como sucede con varios, ni sería operado
nunca en Walter Reed, la clínica en Washington preferida por los dictadores
latinoamericanos como el enano Banzer.
También es notable este ‘accionar’, como dicen los futbolistas, de Morales ante la
Historia: basta comparar su llamado a los ex Presidentes para escuchar sus consejos
con el  monstruoso ‘corralito de Villa Montes’, instante increíble de la  bajeza, brutalidad
e ignorancia de nuestras elites tradicionales. (Tuto… ¿qué habrá dicho Tuto? Mesa,
hispanófilo a morir como papá y mamá… ¿qué habrá comentado?)
Para los bolivianos que miran estos hechos con la honradez innata de los bien nacidos
(pocos, relativamente) y  no permiten que el racismo desenfrenado que impera en
Bolivia les haga sordos y ciegos, parecen evidentes las ventajas de gozar de los
servicios de un Presidente indio que difícilmente podría tener relaciones familiares con
las oligarquías chilenas y no puede concebir un concepto muy popular entre esas
oligarquías que es el de hijo de puta apátrida, bastante común entre esos privilegiados
círculos.
Pero su gobierno es inevitablemente algo improvisado – el canciller difícilmente parece
un Canciller – y el Vice no puede convencernos todavía con  su ‘capitalismo andino’…
La cultura está en manos de un fascista criollo que obedece a una editora franquista y
terminará por entregar la Biblioteca Nacional a Opus Dei… su ‘comunismo’, el de Evo,
terminó por forzar a un agónico Chávez a cerrarle sus puertas en las narices cuando
Evo fue a despedirlo antes de que se marchara al Hades.
Errores a los que hay que añadir otro: la estrepitosa ignorancia del régimen sobre
ciencias tales como las relaciones públicas, el manejo y la conducción de las masas
humanas (comparado con los grandes maestros de este arte, Hitler y Fidel, es verdad
nomás que Evo queda algo chico), y la creación y proyección de una imagen
convincente del líder popular (Mandela) o, por lo menos, un vocero efectivo…
Por ello debe de ser que nadie entre los amigos y asesores de Morales ha sugerido el
uso del pueblo mismo de Bolivia como agente y vocero de sus intereses sobre el mar
que los chilenos  nos robaron.
Ayer nomás entregaba Morales 1.200 computadores a otros tantos niños de Tarija,
pero a nadie se le ocurrió  pedir a cada niño que escribiera una carta a un ficticio
amigo en Chile para explicarle nuestra necesidad del mar.
En otras palabras, si  bien los bolivianos desfilaron el 23 de marzo, la ausencia del
pueblo como una voz clara y distinta entre los reclamos por nuestro mar ha sido y es
muy evidente. Resulta también evidente la necesidad de considerar al pueblo chileno
cuando se trata de este asunto: las voces chilenas que apoyan nuestro reclamo son un
factor muy importante aunque no sean más de media docena. ¿Es posible un intento
de alentar a las masas chilenas para que se pronuncien a nuestro favor en este
aspecto?
El trauma que causó la barbarie de Pinochet sobre su pueblo nunca se menciona
aunque es harto evidente. Los años posteriores de oligarquía chilena disfrazada de
democracia ‘blanda’ tampoco han sido mencionados. La presencia misma de un
oligarca hoy en La Moneda jamás se comenta. ¿Por qué no decir públicamente al
pueblo de Chile que comprendemos su situación y que esperamos que ellos
comprendan la nuestra?
Desde Pinochet, los patrones de Chile han forjado feroces tenazas económicas para
sojuzgar a su pueblo hasta el punto de forzarlo a dedicar todas sus horas de vigilia sólo
al esfuerzo de sobrevivir. Cualquier visita a Santiago permite observar ese sistema de
opresión ‘científica’ perfeccionado por chilenos y gringos.
Es el mismo que mantiene aterrado al pueblo de USA con amenazas diarias de guerras
atómicas, enfermedades horribles e incurables, síntomas masivos de males mentales,
suicidios diarios de médicos y soldados, asesinos de cuatro años de edad y otras
plagas. Los gringos se imaginan amenazados por tantos ‘enemigos’ humanos y virus
que nadie concibe la idea de que algún día pudieran reaccionar como reaccionaron los
rusos esclavos contra el zar ni los chinos que descubrieron el comunismo como
instrumento de rebelión.
Ellos mismos saben y afirman que un 99% de la población vive sometida a un deterioro
constante de su economía y que hace años que son parte del Tercer Mundo, pero
hablan apenas de ‘ocupar’ Wall Street con un puñado de estudiantes aunque saben
que un uno por ciento es dueño del 90% de su riqueza nacional.
Con Chile sucede algo parecido: la anomia que atormenta a los chilenos después de
décadas de pinochetismo y oligarquía ‘blanda’ les impide comentar siquiera la miseria
de su población y el hecho de que el ‘progreso’ de que su prensa está tan orgullosa
sólo pertenece a un puñado de canallas.  Piñera no es presidente de Chile; es
presidente de esa chusma rica.  La situación de ese pueblo es tal que ha alcanzado el
punto en que ha perdido toda esperanza de que un cambio suceda en Chile o el
mundo se interese en su suerte.
Quienes piensan que exagero al señalar la tragedia del pueblo chileno deberían
recordar el terremoto aquel que forzó a las autoridades a actuar a toda prisa para
‘tapar’ ante la prensa extranjera la miseria chilena. Esfuerzos muy similares a los que
este mismo presidente chileno acometió durante el episodio de los mineros rescatados
por un equipo extranjero cuya hazaña atrajo a la prensa mundial: no le interesaba la
suerte de sus compatriotas (suerte que en nada ha cambiado) sino el ‘peligro’ de que
la prensa mundial destapara la pobreza de los chilenos.
Hace la suerte que hoy Bolivia no sea gobernada por un oligarca. No hace mucho, una
reunión entre los presidentes de ambos países hubiera sido casi lo mismo que otro
Banzer-Pinochet. Lo que no puede negarse es que ambas oligarquías – y en Bolivia
sigue viva y fuerte – tienen relaciones estrechas de todo tipo ni que existen familias en
ambos países que ponen sus intereses por encima de los países.
Así y todo, la sangrienta historia boliviana es un singular ejemplo de lucha por la
libertad y por días mejores. Parece única a veces, y tal vez lo es, pero sin duda es un
buen ejemplo. ¿Por qué no usar el Internet y el e-correo para dar ejemplo de nuestras
luchas y ánimo a un pueblo aplastado por medio siglo de militares y oligarquías?
Las ciudades del norte de Chile son las que mejor entienden que una nueva etapa
entre ambos países sería beneficiosa para todos. Quienes comen y no dejan comer no
lo ven así, por supuesto, pero hemos escuchado ya las voces chilenas de quienes
buscan y quieren ese cambio. Bolivia con mar puede ser un buen negocio para Chile y
todos los chilenos. Hoy, solo los oligarcas que lo acaparan todo se aprovechan de la
pobreza de ambos pueblos, pero ninguna injusticia bárbara es eterna.
Parece eterna cuando se recuerda que las oligarquías nacionales duran ya 200 años,
pero la verdad es que se hallan en franca decadencia. Los herederos de los
capitanejos y los saqueadores que traicionaron a Bolívar para tajear el Continente de la
Desesperanza y reducirlo a un puñado de satrapías son cada vez menos. A pesar de
los brutales esfuerzos por negar a los pueblos pan y educación, los pueblos han
sobrevivido y el mundo les ayuda ahora a educarse. ¿Por qué no acelerar este
proceso buscando la comunicación entre pueblos y no ya tan sólo entre gobernantes?
En otras palabras, si Evo pudiera contar con la ayuda de todos los bolivianos y los más
ricos y mejor educados no le negaran ese apoyo, Bolivia podría lanzar una campaña
verdaderamente nacional (no como hoy sucede, una campaña a cargo de un solo
hombre, el Presidente) y el mar se haría posible porque los chilenos verían en ella a
sus mejores intereses como pueblo y como nación.
Pero El Diario y sus compinches han dicho nones a Evo y casi a todos los bolivianos.
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