Dos Regalos del Internet                                 

A pocos meses de la crisis económica que nos devolverá a la edad de piedra después
de provocar variadas guerras en distintos climas podemos señalar sin miedo a
equivocarnos al principal acusado de semejante tragedia; somos nosotros mismos, una
especie hecha de banqueros ladrones, curas degenerados, enfermos sexuales con
todo tipo de fiebres y, sobre todo, magníficos ladrones y estafadores, comenzando por
el gobierno de Grecia y terminando en el pueblito más pequeño de la geografía
mundial que es el de Wintertuck y tiene dos habitantes, Papa y Mama Shatuck, quienes
siempre se negaron a abandonar el desierto australiano.
Las pillerías de millones de caraduras han provocado este fin del mundo y no hay para
qué quejarse. Todos lo sabemos y debemos dejarnos de macanas o, por el contrario,
aprender a manejar macanas porque esos palos con piedra a un extremo serán las
únicas armas de que dispondremos para defendernos… o matar a diestra y siniestra,
siempre un grato ejercicio, como también sabemos.
Tras ese ataque de pesimismo noir podemos hablar ya de dos regalos del internet que
hacen justificable la desaparición del mundo tal y como lo conocemos: los ya famosos
libros e-book, cuya abundancia ha destruido casi los milagros que nos dejara el bueno
de Guttenberg, y la nunca antes vista abundancia universal de autores, abundancia
sólo posible gracias a esos malditos e-book precisamente.
Una aclaración tal vez necesaria para los muchachos del hip hop y los de las caderas
enloquecidas: hace un siglo sólo había imprentas de plomo y sudor para hacer libros.
No había TV competidora. Había radio, pero andaba en pañales. La locura del día eran
unos libritos hechos en papel periódico, capítulos semanales de aventureros como
Rocambole, heredero del famoso Carlos Dickens, quien hizo una fortuna vendiendo los
capítulos de sus libros por entregas semanales por lo que hoy cuesta medio tomate.
Solo los supermillonarios como el pillo ese de Tito Hoz de Vila podían comprarse libros
hechos con cuero en las tapas y cartones de colores. Eran lujos, eso eran.

Hay que odiar los e-books
Ahora, en cambio, se puede comprar por medio tomate un fantasma hecho de “datos”
que vive en el aire y se puede ‘bajar’ en segundos a una máquina que vale US$200.oo
y ‘lee’ esos fantasmas presentándolos como páginas de un libro… de un libro hecho
por locos que se come una línea de cada dos, hace cada línea más larga o más corta
que la siguiente y comete todos los errores gramaticales y ortográficos posibles más
otros dos. Eso es un e-book.
Cuando se piensa que la idea es transformar TODOS los libros del mundo en e-books
de esas mismas características – ilegibles, hechos por ignorantes brutales a toda prisa,
mal armados y peor concebidos --  y se recuerda que TODOS los libros del mundo se
alojarán en una ‘nube’ que puede desaparecer en medio segundo tras un corte de la
energía eléctrica, es posible preguntarse: ¿es que el mundo está sufriendo un ataque
universal de imbecilidad sorda y estupidez bestial?  Y es necesario contestar esa
pregunta diciendo: Si, es posible, y está sucediendo ahora mismo… ¡Socorro, socorro,
socorro!  Pero, claro, en un mundo imbecilizado hasta ese extremo no hay quien pueda
socorrernos y se hace inevitable la pérdida de TODOS los libros producidos por la
sufrida humanidad  desde el Siglo 0.
(Washington, la capital del mundo, sufrió un ejemplo de lo que digo a mediados de
Julio de 2012: un corte de energía eléctrica que dejó a millones de hogares sin luz, sin
teléfono, sin computadoras, sin Internet y sin consuelo: muchos de esos imbéciles que
andan con un teléfono pegado a la oreja durante 24/7 perdieron la chaveta cuando
perdieron el uso de su teléfono. TODOS perdimos toda posibilidad de acceso a los
famosos e-books, por supuesto.)  
Así que esos e-books no sólo son un pésimo remplazo de los libros hechos de papel
con sumo cuidado por verdaderos artistas y respetados artesanos para orgullo de la
humanidad sino que, viviendo en el aire, desaparecen en un segundo.
Pero, si no desaparecen, atentan contra la limpieza, la belleza y la utilidad de los
idiomas del mundo, los instrumentos de artistas que, escribiendo, nos han dejado un
universo de arte y sabiduría, uno de los pocos refugios que pueden hallar los espíritus
atribulados. Dios nos habrá dado el cáncer, la sarna y la tosferina, pero también nos
dio los lenguajes humanos, un poco para compensarnos.
Bueno, los e-books garantizan que vamos a perderlos.

Todos somos Autores
Pero no antes de que podamos comprobar otro regalo inhumano del Internet: la
superabundancia de autores y la desaparición de lectores, sin los cuales los autores
pierden su utilidad.
Gracias al Internet, hoy por hoy nadie lee; todos escribimos, publicamos nuestras
obras magnas y descubrimos (con las escasísimas excepciones de siempre) que
escribir había sido fácil; vender nuestros libros es lo imposible.
Un ejemplo de lo que hace el Internet contra las culturas del mundo, contra la
civilización misma, es ese monstruo del Averno llamado Facebook: Facebook es el
escaparate más grande del Universo todo creado por el Diablo para exhibir  la
estupidez humana, el uso inane que hace la humanidad de sus idiomas y lenguajes y la
tiranía de la enorme masa de ignorantes que conforman el 93% de la especie.
Hecha para hacer ‘amigos’ de chiste, la cosa esa hace idiotas cuyos diálogos entre
tontos son la definición misma de la imbecilidad humana. Siéntese usted, mi brillante
amigo, ante su Facebook y póngase a leer las inolvidables frases y las brutales
afirmaciones que hacen el diálogo humano segundo a segundo. Un marciano de
inteligencia media llegará a la misma conclusión que usted: una especie tan estúpida
como la que aparece en Facebook merece desaparecer. Qué digo; merece ser
torturada por mil bombas atómicas para reducirla a ceniza microscópica.
Pues bien: lo mismo hacen los e-books contra la inteligencia humana (alguna debe
existir todavía, ¿no?) mediante una fórmula simple pero efectiva: por cada libro escrito
en un lenguaje decente por una persona educada cuyo fin es contribuir al bienestar de
la humanidad toda hay 100.000 libros escritos por imbéciles, ignorantes, degenerados
y brutos cuya obra no sirve ni para quemarla como leña seca.
Usted, que se ha gastado veinte años educándose con esmero y dedicación, se
encuentra en estas fechas con que no puede encontrar, no puede ‘bajar’ y menos
podrá leer un libro decente porque se ha perdido en un verdadero océano infinito de e-
books y no puede separar la paja del grano: todos los autores y los ‘autores’ presentan
su obra como verdaderas obras maestras de la literatura universal y todos, los
‘buenos’ y los ‘malos’, reclaman a grito pelado su atención para sus obras magnas.  
¿Cuántos años y cuánto dinero está dispuesto usted a gastar para hallar algo digno de
leerse antes de volverse loco?
Para entender cuan difícil es esa búsqueda hoy mismo es necesario recordar los
modos y la prisa que se están tomando periódicos, revistas, libros, todos los impresos
en cualquier medio para destruir los diferentes idiomas, reducirlos a tonterías hechas
de monosílabos y despreciar la gramática,  la ortografía y hasta un orden elemental en
el uso de cualquier idioma. (El desempleo en EE.UU. no puede reducirse porque los
empleadores no pueden hallar empleados con la educación necesaria para cumplir sus
funciones).
Así, en pocos años y ante la desaparición de los lectores – todos somos autores y
todos tenemos nuestro e-book en el Internet – el día está próximo en que los autores
de verdadero talento decidirán abandonar el Internet y repetir lo que hizo Charles
Dickens hace un siglo y poco más: escribir para sus amigos, imprimir libros de mala
calidad física pero indudable calidad intelectual y ofrecerlos y venderlos a sus amigos y
conocidos por suscripción.
El Internet, mientras tanto, será el mercado de la mediocridad, el ruido y la estupidez
humana, una copia cada vez más mala de lo que hoy conocemos como los ‘conciertos’
de Madona y etc. etc., el nuevo circo romano. Seguirá así la suerte de la TV, concebida
para educar y mejorar nuestra vida pero reducida a vender cerveza y sexo porque eso
es lo que le gusta a la masa bruta.
Su Opinión
Arturo
Sus Libros
Nuevos Textos
Agosto 2012