Cuando la ilegalidad es legal

Muy pocas personas tienen en este mundo la capacidad de percibir la visión sobre
Ley y ley,  justicia y Justicia, ‘ética’ y Ética, ‘decencia’ y Decencia que domina los
cerebros y la actitud de esos profesionales que envenenan la vida cívica boliviana y
conocemos como abogados.
Si tal fuera posible, deberíamos imaginar una situación dantesca en la que las
universidades nacionales no buscan la formación de hombres y mujeres con una
sólida formación moral sino lo contrario: lo que buscan y han logrado hasta hoy es la
creación de un ejército de mercenarios dedicados a usar las leyes bolivianas (las
leyes de la república) para explotar, extorsionar y robar al resto de la sociedad.
Para comenzar a entender cόmo se forman estos profesionales de la estafa y el robo
sería necesario estudiar y entender bien las ‘leyes’ que rigieron la república y aun
rigen Bolivia. Estos profesionales se toman entre seis y una docena de años para
estudiar y ‘dominar’ esas ‘leyes’, la madre de las cuales es por cierto, la vieja
Constitución.
Inventada y creada para justificar la existencia de un lugar con seis millones de
esclavos y cuatro millones de ignorantes, esa Constitución republicana explica cómo
es posible crear semejante satrapía. También enseña como eternizarla. Pone en
ejecución diaria y feroz aquel “hecha la ley, hecha la trampa” que es tan útil para
dictadores y pillos.
Durante sus dos siglos de vigencia ha formado, de la misma manera en que la Iglesia
forma curas, los sacerdotes de la infamia cívica hasta el punto en que la práctica de la
abogacía es ya natural e inevitable la práctica de la mentira y la canallada como el
desenvolvimiento ‘natural’ de una carrera ‘profesional’: de ese modo, el tinterillo
aprende a hacer trampa siempre, el abogado aprende a corromper siempre y el juez
aprende que su compensación mayor será su propia corrupción hasta el punto en que
todos, tinterillos, abogados, fiscales y jueces, ven el mundo “natural y lógico” solo
cuando es escena de sus maniobras, falsedades y abusos.
Para ellos nada es delito (por eso nunca hay culpables) y la única manera de ‘salir
adelante’ y ‘progresar’ es robar, mentir, extorsionar y falsear toda situación. Hoy ese
mundillo corrupto no puede percibir ni creer ya en un mundo diferente, un mundo en
que las personas correctas y decentes (palabras que provocan carcajadas hoyen día)
es posible: la más grande sorpresa que puede sufrir un ciudadano boliviano es la
suerte de encontrar algún servidor de la ‘ley’ que mereciera nuestro respeto como
profesional correcto y decente. Nadie puede tener confianza en nadie y solo se
necesita un poco de tiempo para descubrir las bribonadas de todos y cada uno de los
actores que usan la ‘ley’ para ‘progresar’.
Esta posición que es ya no una segunda sino una primera naturaleza entre esos
personajes que circulan por los pasillos de los templos de la ‘justicia’ puede destruir y
está destruyendo nuestra sociedad. Son muy contados los ciudadanos que
encuentran el coraje necesario para enfrentar al ejército de corruptos que domina
nuestra vida cívica, y casi todos esos valientes lo hacen sόlo porque son víctimas de
robos y escarnios hasta el punto en que se ven en riesgo de perderlo todo: sólo así se
animan a denunciar (sabiendo que no hay ante quien denunciar) protestar (sabiendo
que nadie les escuchará ni menos les ayudará) y enfrentar (sόlo por un día; después
lo perderán todo) a la masa de corruptos que vive de la sangre ajena.
Nada de lo anotado hasta aquí es nuevo para nadie; todos sabemos y conocemos
esta situación. Todos conocemos la cara de esa autoridad ante la que alguna vez
exigimos lo justo y nos mirό con ojos de vidrio porque para ese ente corrompido no
existe un concepto de lo justo; es absurdo, idiota e imposible. Solo un niño o un
demente esperarían que alguien haga lo justo en cualquier situación.
De allí que nadie abre la boca cuando los diarios informan sin pestañear que “La
propuesta de suspender los títulos profesionales de los abogados que cometan delitos
en el ejercicio de su función, planteada por el presidente Evo Morales, es rechazada
por el Colegio de Abogados de La Paz”.
Ese Colegio es la cueva de Ali Baba para sus integrantes. Acostumbrados a ejercer la
corrupción durante más de siglo y medio, no parpadean siquiera cuando afirman que
la propuesta de limpiar el país de semejante jauría “no es permitida por el Régimen
Disciplinario en el que se basa el Colegio Nacional de Abogados”, como si tal ‘colegio’
fuera el mismo Dios Padre, “pues sόlo  permite castigos de suspensión por un
determinado tiempo en el ejercicio.” Es decir que el sumir en la miseria y el hambre a
miles sino millones de víctimas sólo merece un ‘recreo’ de tres o cuatro meses de
licencia.
“En nuestro código disciplinario, a denuncia de parte, levantamos un proceso
administrativo, entonces eso lo derivamos al Tribunal de Honor. En esa instancia, en
diez días, se deben presentar pruebas de descargo. Luego, si se comprueba la
ruptura del principio o un ilícito, se sanciona al jurista hasta con dos años de
suspensión, pero no se le puede quitar el título profesional, que le costó sudor y
sangre”, explicó el representante de los abogados de La Paz y cita un matutino local.
Basta con leer dos veces ese lenguaje de arriero (a pesar de ser abogado) para
entender la bajeza que expresa. Habla, por supuesto de tribunales ‘de honor’, esos
tribunales que sólo se dan donde nunca se dio el Honor.  Dice “jurista” cuando se
refiere a los delincuentes contumaces de medio pelo que viven traficando coimas y
sobornos de minuto en minuto. Solo alcanza una media verdad: la práctica de
semejante profesión cuesta ‘sudor y sangre’ ajena cada hora del día.
Pero lo feroz es el marco mental que domina a gentes que pueden decir estas cosas
‘hablando en serio’ y pueden cometer bellaquerías de terno y corbata sin parpadear.
Si fuera posible penetrar en esas mentes retorcidas veríamos que, una vez lanzados
esos disparates, el autor de los mismos se oculta en su despacho para matarse de
risa sobre el candor de periodistas, ciudadanos y victimas de tales declaraciones.
¿Qué revolución,  cuál cambio, qué transformación es posible ante estos
profesionales de la bellaquería? ¿Cόmo es posible creer en un retorno al mar y un
futuro mejor para nadie cuando personajes como estos asfixian toda esperanza de
Justicia, Ley y Etica entre nosotros?
Sόlo la Revoluciόn Imposible, esa revoluciόn en la que cada cual y cada quien se
decida por combatir esta plaga día a día hasta acabar con ella. Pero, como es
imposible, esa revolución no llegará jamás. Estamos condenamos a vivir como perros
para que algunos (y sus tribunales de honor) vivan como cerdos.
Y es que algunas revoluciones fracasan no porque el líder traiciona a su pueblo sino
porque sucede lo contrario: incapaz de cumplir su deber hacia sí mismo, el pueblo
prefiere hacer la vista gorda y eternizar a sus explotadores. Porque es muy difícil,
prefiere renunciar a su futuro y traicionar a su líder. Triste destino el de tales
gobernantes.
Su Opinión
Arturo
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15-06-15
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