Lemebel, Douglas y los usos conspicuos de la Lengua

Una fotografía del difunto Pedro Lemebel en la que parece su tía Clotilde después de que
un camión la atropellara me trajo a la memoria como un relámpago la imagen del guapazo
ese del cine norteamericano, Michael Douglas. Esas son las cosas que le pasan a la gente
que quema su vida leyendo día y noche.
Como leímos todos en la crónica sobre la defunción de Lemebel… Permítanme citar
algunas frases de esa nota:  
"No soy un marica disfrazado de poeta”, decía de sí mismo el desenfrenado escritor y
artista plástico Pedro Lemebel, el mayor referente de la literatura homosexual chilena que
murió  a los 62 años producto de un cáncer”.
"Pedro no ha pasado a la historia por ser gay. Ha pasado a la historia por todo lo que su
escritura es y seguirá representando: una denuncia de las injusticias, un rechazo al
clasismo y a la homofobia salvaje”, indicó por su lado una nota del Movimiento de
Integración y Liberación Homosexual (de Chile).”
Conviene tal vez agregar esta línea:
“El escritor chileno falleció ayer a los 62 años víctima de un cáncer de laringe”.
Conviene porque el 10 de junio de 2013 apareció una nota en The Guardian de Londres
en la que se informó al mundo de que… Permítanme, etc.etc:
“Michael Douglas ha revelado que su cáncer de garganta fase 4 fue el resultado de una
infección por VPH que contrajo del sexo oral.
En una entrevista con The Guardian preguntaron al actor de 68 años de edad si se
arrepentía de fumar y beber, debilidades relacionadas con el cáncer de garganta.
Douglas respondió: "No. Porque, sin ser demasiado específico, este cáncer en particular es
causado por el VPH [virus del papiloma humano] que en realidad viene con el cunnilingus".
Para quienes me leen en Achacachi es necesario aclarar algunos términos técnicos usados
por los grandes amantes griegos y romanos desde antes del Siglo I de la Era Cristiana:
cunni=genitales; lingus=lengua.
Cerca de 14.000 cánceres de garganta se diagnostican cada año en los EE.UU., y
alrededor del 70 por ciento de los que están relacionados con el VPH, el virus más
conocido por causar cáncer de cuello uterino y el cáncer anal.
Tales cánceres de garganta eran mucho menos comunes hace 15 años, dijo el doctor
Robert Haddad, jefe del centro de oncología de cabeza y cuello en el Instituto del Cáncer
Dana-Farber; Ahora, dijo, su clínica está "llena de pacientes" en sus 40 y 50 años con
cánceres relacionados con el VPH.
"Ellos nunca fumaron, no tienen uso excesivo de alcohol, y a menudo tienen hijos
pequeños", dijo, lo que hace que sea un diagnóstico particularmente devastador para las
parejas”.
La nota es más larga, pero con esto me basta.
La increíble coincidencia entre la fatal enfermedad de Lebemel y la menos fatal de Douglas
(lo salvaron, qué me dicen ustedes) me lleva a concluir sin muchas vacilaciones que ambos
casos trágicos tienen su origen en una práctica peligrosa que podríamos llamar “uso
conspicuo y hasta abusivo de la lengua”.
Por supuesto, tal uso no es raro en un poeta, destinado a investigar los posibles usos de la
lengua para expresar todo lo expresable desde que el mundo es mundo.
Todos, menos el de confundir los genitales de algunos caballeros robustos con la pila de
agua potable que a veces vemos en plazas y parques. Tal confusión, y el abuso de esa
práctica me trae otro recuerdo, miren ustedes, éste relacionado con los bares gay de
Nueva York.
Varios escritores de los años 80 relataron en algunas de sus obras más populares que
artísticas sus aventuras en tales bares, distintos de los demás porque son huecos oscuros
donde nadie alcanza a ver ni su nariz y porque sus visitantes sienten más que miran o ven
a otros visitantes con las mismas inclinaciones.
La experiencia debe ser única: consiste en caminar como ciego chocando con cuerpos
ajenos hasta que unas manos ágiles bajan los pantalones del parroquiano  de marras y
confunden sus genitales con una pila de agua potable. Después de dejarlo seco murmuran  
‘gracias, muchacho’ y desaparecen sin otro pío. Otros son más brutales y prefieren usar su
propio aparato para penetrar entre los glúteos del relator de semejante experiencia.  
Tales aventuras que no dudo son verdaderas me llevan a otras confusiones que, no lo
dudo tampoco, hacen menos simpáticos a  los homosexuales de lo que en verdad merecen.
Una de ellas es voluntaria y se abusa en infinito de esta confusión: se usa la palabra ‘sexo’
como si fuera intercambiable con la palabra ‘amor’.
Me parece obvio que los visitantes de los bares que menciono no tienen el menor deseo de
‘amar’ a las gentes que encuentran en esas zonas oscuras. Tan obvio como que lo que en
verdad buscan es saciar sus deseos sexuales, su lubricidad, sus fantasías sobre las
variaciones del sexo con las que deliran. Tales fantasías son, como todos sabemos, parte
de los sueños y pesadillas de todos. ¿Quién no ha soñado alguna vez con revolcarse a
gusto con Sofía Loren? ¿O con Michael Douglas?
Las realidades de la vida hacen que solo un puñado de  bípedos parlantes pueda cumplir
tales fantasías. El resto obedece la vieja ley: ‘Nadie se casa con quien quiere, sino con
quien puede’. Cito a Kennedy: ‘La vida es injusta, Bobby”.
Como es obvio, todo seductor prefiere decir a su víctima, ‘te amo, Catalina”, en lugar de
decirle ‘hagamos cochinaditas, nena’. En otras palabras, cada homosexual y cada
heterosexual sabe de las diferencias entre ambos vocablos. ¿Por qué abusan entonces de
esta confusión?
Obviamente, porque creen que se hacen más simpáticos si hablan de sus ‘amores’ cuando
se refieren a su sexualidad. Si cambiamos ‘amor’ por ‘sexo’ en cualquier relato referido con
estas prácticas sexuales veremos la gran diferencia.
Veremos también que las grandes batallas libradas por los ‘derechos’ de los homosexuales
resultan absurdas e innecesarias. No son batallas por el derecho de amar de los
homosexuales sino por su derecho de fornicar.
¿A quien se le va a ocurrir negar a nadie el derecho a fornicar? Sería como negar el
derecho a respirar…
¿Por qué, entonces, vemos esos desfiles, esas manifestaciones y esas marchas de
humanos pintarrajeados, semi-desnudos y disfrazados sabe Dios de qué en todo el
mundo? Porque lo que buscan es practicar el sexo en público.
Esa es la gran diferencia. La gran mayoría de los seres humanos busca la privacidad y el
aislamiento tanto para practicar el sexo como para gozar del amor, por más púdico que
sea. Hasta el hombre de las cavernas se encerraba con su mujer en su cueva preferida
antes de pasar una tarde agradable procreando. Sólo los homosexuales modernos afirman
el ‘derecho’ de follar en las plazas públicas.
Porque las grandes mayorías del mundo prefieren el sexo y el amor en privado, las
exigencias de los homosexuales les hacen antipáticos, abusivos y agresivos.
Personalmente, a mí me interesa un pepino si algún humano tiene interés o hasta obsesión
de follar con pingüinos. Lo que me molesta es que trate de divertirse así ante mis narices. Y
eso molesta a la mayoría del mundo.
Cuando este malentendido llega a mayores es cuando empieza la violencia contra los
homosexuales. O su persecución. Y hasta su fusilamiento. Porque son todavía minoría.  
Digo todavía porque si las cosas van como van, serán pronto mayoría, por lo menos en los
centros ‘civilizados’ del mundo, las grandes ciudades. Y llegará el día en que se fusile
heterosexuales, uno de los cuales soy yo.
Cuando los homosexuales declaran su identidad de tales y viven sus vidas como hace el
resto de la sociedad, la sociedad está dispuesta a aceptarlos. ¿Qué mal hacen si se limitan
a su deporte favorito entre las cuatro paredes de su casa? Ninguno. Poco a poco, la gente
se acostumbraría a esa situación y nadie pensaría en golpear en la calle a un homosexual
sólo porque es homosexual. Hoy los golpean a veces porque ven en uno la representación
de los excesos de todos ellos.
Ahora que… Habrá ciertas consecuencias. Una de ellas es la triste vida de los
homosexuales viejos, privados de hijos y nietos. Otra seria la desaparición de papás y
mamás porque las mamás no encontrarían hombres capaces de ser papás.
Existen ya sociedades en las que este es un problema muy serio, especialmente para las
mujeres en edad de ser mamás: no hallan hombres capaces de darles hijos. Y esta, por fin,
seria causa de la desaparición de la especie si no sucede que desaparece por otras
causas más violentas, como las bombas atómicas.
Pero, como vemos en el caso de este poeta chileno, también las naturaleza interviene y
atenta contra la larga vida de los homosexuales eufóricos y harto activos.
Así, es posible que el poeta y el actor nos hayan enseñado algo de lo que puede
sucedernos cuando nos dedicamos a meter la lengua donde no debería ir.
Pero allí está la noia: ese es nuestro problema principal.    
Su Opinión
Arturo
Sus Libros