Su Opinión
Un Caso de Propaganda Política
Arturo
Sus Libros

El rey de los periodistas investigadores de Bolivia parece apenas molesto porque
quise reducir la estatura de Mark Falcoff, quien conquistara 15 minutos de fama con
su “¿Los Ultimos Días de Bolivia?” en 2004, afirmando que Falcoff es apenas uno
entre miles de asesores militares del Presidente de USA. Quise con ello echarles la
culpa del asesinato de Bolivia a los bolivianos, sin permitir que una vez más se
lavaran las manos acusando de sus desgracias a los extranjeros, como es nuestra
tradición. Algunos, tal vez más despiertos, verán que lo que en verdad busco es
impedir semejante crimen.
Ello no quiere decir que yo haya dejado de creer lo peor de lo peor sobre el Imperio,
como vengo escribiendo desde 1961 desde donde fuera que me encontrara, ni que
pienso que el nuevo embajador de USA en Bolivia sea un santo de mi devoción
(basta ver la embajada de USA en la Paz para saber cual es la actitud de los
“enemigos de la humanidad” hacia nuestro país).
Mi nota quiso decir lo que dije, solamente: que no se puede usar el “incidente
Falcoff” para echarle la culpa a los gringos del asesinato de Bolivia, crimen que los
bolivianos parecen estar dispuestos a cometer estos días. Pues que quieren matar a
Bolivia, que lo hagan como hombres y mujeres adultos y responsables, sin buscarse
un gringo ni diez para achacarles ese crimen.
Por otra parte, y si bien existe un plan para crear un nuevo país sudamericano
desde 1980, hay muchos indicios de que tal plan se fue al demonio aún antes de la
hecatombe de Irak. Esa “gran estrategia” de los gringos se anunció al mundo
llamándola “El Nuevo Orden Mundial” y quien hizo el anuncio fue Bush Padre. No
puedo usar este espacio para dar todos los detalles de esa novedad y por eso invito
a los curiosos, que en Bolivia no pasarán de tres, a leer mi desapercibido “Hombre
Masa”, donde cuento todo este cuento y trato de hacerlo interesante.
El caso es que intereses privados norteamericanos han estado comprando grandes
extensiones de tierras en el norte argentino, hasta haber provocado gran alarma en
Buenos Aires, cuyo gobierno intentó cancelar esas compras. Hoy, intereses privados
norteamericanos poseen tierras junto a la frontera sur del Paraguay, y han hecho
adquisiciones similares en el Brasil. Como sabemos, USA maneja al Paraguay como
si fuera ya su finca. Nuestro rey de los investigadores debería darse una vueltita por
allí a la caza de otras noticias bomba. (Mis informaciones me vienen del New York
Times, a disposición de todos gracias al Internet).  
Yo creo posible una invasión gringa de Bolivia. Creo que, dadas las circunstancias
“aceptables” (una matanza alarmante en Bolivia) los Marines se meterían en Santa
Cruz con el mismo pretexto de siempre, el de regalarnos paz y democracia a balazo
limpio. Creo que lo lograrían en un par de semanas. Y creo que, si no lo han hecho
ya, la razón es la misma de antes. No nos invaden porque no quieren. Pero una
cosa es criticar a los gringos del Imperio y otra es ser un hinchapelotas.  
Un hinchapelotas como José Steinsleger, por ejemplo, y el mismo rey boliviano de
los periodistas investigadores, entre cuyas frases hallo una, por lo menos, que
quiere hinchar pelotas. Es esta: “una probada confabulación hemisférica que se
cierne sobre la integridad territorial de Bolivia”.
Con todo respeto pido ahora que tras esa frase su autor presente pruebas, no
afirmaciones sin base, sobre lo que dice. Ni él ni su colega mexicano son Dios, para
el que basta que diga algo para que se haga realidad. Una cosa es que los
enemigos de Bolivia, como el chileno Insulza y varios generales chilenos, argentinos,
norteamericanos y peruanos se junten entre coctelitos y hablen disparates, y otra
muy diferente es un plan internacional para destruir Bolivia.
Una “probada confabulación hemisférica” debe reunir como confabuladores a los
gobiernos de USA y nuestros vecinos. Fuera de Chile, no veo que los intentos de
alterar el mapa de Sudamérica hayan interesado a otros gobiernos. No creo que
Argentina ni Brasil verían sin mover una pestaña una intervención tan brutal de USA.
Después de todo, ambos países pueden decir ahora “Sudamérica para los
sudamericanos, gringos. Párense allí”, y es lo que creo que han dicho y van a decir.
Después de Irak y con Chávez, no creo que USA esté como para escuchar a Insulza.
Primero irán a Irán.
He anotado la nota de Steinsleger con mis comentarios, pero me veo forzado a
enviarla al mundo y al Internet como paquete aparte, dada su extensión. Esa nota es
un buen ejemplo de propaganda política.  
Acá sólo puedo hacer notar a mi estimado lector una vieja maña de los
propagandistas políticos (la propaganda, como sabemos, es casi siempre mentiras)
que consiste en citarse mutuamente para decir “verdades”. Steinsleger cita a García
Mérida y García Mérida cita a Steinsleger y así van convenciendo bobitos. Escape
usted de esa trampa, señorita Verónica.
Otro detalle que quiero hacer notar es que nuestro rey de los periodistas
investigadores goza de una imaginación singular. Celebrando la “coronación” de
Tiahuanaco nos regaló una historieta indígena que casi hace un dios de Evo. Lo
malo es que García Mérida cree en ese cuento como otros creen que dios es uno y
trino.
Anota también que Reyes Villa visitó a Insulza. Fuera de demostrar que Reyes Villa
es más fascista que boliviano, cosa sabida desde el 11 de enero, ¿qué tiene de raro
esa visita?
Pero, volviendo a mi tema: los gringos no nos invaden porque no quieren. No
necesitan de una licencia de Insulza para invadirnos. Y, como van las cosas, Bolivia
será asesinada por los bolivianos, no por el asesino de Yugoslavia. Si vamos a
cometer ese crimen, cometámoslo como adultos responsables, sin tirar la culpa a los
gringos como lo hacen los niños malcriados.     
(Ahora, que el Imperio es la Ira de Dios es algo que vengo creyendo desde que
andaba en pantalón corto.)
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Ene 07
Arturo von Vacano