Es difícil imaginar los alcances de esa maldición sin precedentes que le ha caído al mundo y que se
llama George Bush. No sólo son incontables los daños materiales que ha causado a nivel universal
este moderno Calígula, sino también los que sufrimos todos porque Bush y su gobierno decidieron no
hacer nada al enterarse de las plagas que nos amenazan.
Hay sin duda una cierta justicia en el universo, como constata todo observador cuidadoso, cuando es
viable observar que las plagas que Bush causara al no hacer nada en un momento oportuno son,
diríase, bíblicas, como la desaparición de las abejas en USA y la reducción notable de los pájaros en
los cielos de USA, para no mencionar la última epidemia de autismo que ataca a los niños de USA,
uno de cada 150 nacido estos días víctima de ese mal que crea tontos geniales, según dice el New
York Times del domingo 6 de Mayo pasado.
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Adiós a las Abejas
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El Primero de Mayo, Día universal del Trabajo, publicó el Washington Post la tercera de sus notas
dedicadas a un fenómeno de enorme importancia para USA y para el mundo: un 85 por ciento de las
abejas de USA ha desaparecido y nadie sabe por qué.
Por supuesto, se nombran algunos sospechosos. En esta era de síndromes de todo tipo se ha
inventado uno llamado Desorden del Colapso de las Colonias (de abejas) o CCD, en el lenguaje de
los enemigos de la humanidad. Es un nombre tonto que nada explica y sólo dice que esas colonias de
abejas han desaparecido.
Esa desaparición es importante porque las abejas hacían posible la producción en masa del 30 por
ciento (repito: 30%) de los alimentos que consume USA y que van desde las manzanas hasta las
nueces, las cerezas e incontables otros frutos que, sin las abejas, es imposible.
Según las ideas con las que juegan ahora los científicos para tratar de explicar esta enorme desgracia,
lo que habría sucedido con las desaparecidas es en realidad simple: perdieron la capacidad de
orientarse y, en lugar de retornar a sus colmenas como lo hicieron durante miles de años, se
extraviaron y murieron. O mejor, se extravían y mueren, pues el fenómeno no ha concluido. Hay quienes
han visto algunas abejas todavía.  
Las abejas que trabajan en sus colmenas, sin sus colegas encargadas de traerles alimentos, se
dedican a traerlos durante un par de días hasta que la situación se hace álgida y mueren también. La
abeja reina y sus sirvientes son las últimas en morir. Cuando el humano que las explotaba abre la
colmena encuentra las larvas muertas, miel, polen y polvo. Es el fin de un mundo en miniatura.
Quienes viven del trabajo de las abejas y muchos entomólogos están en verdad alarmados porque las
colmenas están desapareciendo a tremenda velocidad.
Una de las causas de la desorientación y extravío de las abejas sería el calentamiento del planeta,
dicen algunos científicos. El régimen de Bush es el enemigo número uno de todo esfuerzo por
combatir esa amenaza reconocida ya universalmente (que USA niega) y USA es el causante primero
de ese calentamiento. Pero también la política de Bush en cuanto a las ciencias es causa probable del
fin de las abejas: muchos de los insecticidas y pesticidas usados en USA y en contra de la opinión de
expertos y científicos son también causa probable de esta tragedia. Cuando se habla en dólares, Bush
y su gobierno han alterado, falsificado o inventado muchos datos para favorecer de modo delincuencial
a los productores de esos pesticidas. Francia, por ejemplo, los prohibió hace años, cuando descubrió
lo que sucedía con sus abejas.
Acusan, por fin a otro sospechoso cuya desaparición sería en verdad una bendición para la raza
humana: el teléfono celular. Ese aparato que permite decir idioteces a miles de millones de bípedos
parlantes estaría impidiendo con sus señales, al usar los satélites que usa, que los “dispositivos” con
que nace cada abeja para orientarse funcionaran como deben. Así, las abejas se extravían gracias a
esas señales telefónicas y muchos morirán de hambre porque algunos comentan disparates.
Conociendo al animal que habla, podemos ya dar por desaparecida a la humilde y empeñosa abeja,
sin la cual veremos pronto muy reducida la dieta que toca a cada quien.    
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Adiós a las aves  de USA
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2000 no fue un año negro sólo porque George Bush llegó a la Casa Blanca. También la peste llamada
virus del Nilo Occidental llegó a USA ese año, asustó a muchos científicos responsables y provocó las
primeras muertes entre animales y humanos que Bush y sus secuaces prefirieron ignorar.
Hoy, hay zonas de USA en las que la población de aves se ha reducido hasta en un 65 por ciento.
Maryland y Virginia han visto reducidas sus poblaciones de aves de modo tal que hay gentes que
hablan de “cielos vacíos”.
El culpable, como todo el mundo sabe, es un mosquito nativo de Uganda que se vino a USA en un
avión comercial trayendo consigo al virus antes mencionado. Para 2001 se hablaba ya de miles de
aves y equinos muertos por este mosquito africano y de unos mil ciudadanos, ninguno de los cuales
fue suficientemente famoso como para poner la noticia en los diarios, víctimas fatales de esta plaga.
Hoy se nombran ya varias especies de aves desaparecidas y asesinadas por el mosquito y su
pasajero letal. Todo USA ha notado la desaparición casi total de los cuervos y de avecillas llamadas
titmouse, chickadee y bluebird, entre otras especies varias.
Peter Marra, del centro de Aves Migratorias del Smithsonian Institute en Washington, es citado por el
Washington Post este 17 de mayo al afirmar que el virus del Nilo podría ser sólo un anuncio de la
llegada de la fiebre aviar a USA vía vuelos comerciales.
Por el momento, sin embargo, Marra se contenta con decir que los cuervos de USA se han reducido en
un 45 por ciento en algunos lugares y en un 100 por ciento en otros. Su colega Shannon LaDeu añade
que las ratas se han multiplicado en la misma proporción y en los mismos lugares.
La peor noticia es que el mosquito mencionado se multiplica como nunca antes y que este verano será
notable por el número de víctimas humanas del virus africano, millones del cual viven en cada gota de
agua estancada.
“Las señales que vemos”, dijo LaDeu, “indican una debilidad del ecosistema cuyos efectos serán tan
amplios que apenas podremos detectarlos”.
Como sabemos todos, Bush es el único gobernante del planeta para el cual el calentamiento del
planeta es “muy dudoso”. Los “científicos” que nombró como autoridades principales en 2000 indican
que el virus del Nilo es una “amenaza menor” y no demanda ningún esfuerzo especial para erradicarlo.
En cuanto a la posteridad, es tal vez aconsejable anotar lo que Bush piensa y ha dicho al respecto: “La
posteridad no me preocupa. Para entonces, todos estaremos muertos”.
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Adiós a Abejas y Pájaros
Mayo 07
Arturo von Vacano