Debo a la generosa intervención de Mariano Baptista Gumucio, por buen
nombre Mago, la mañana en que me vi feliz y sorprendido por la Faja que
adorna mi opera prima en esta imagen. Mariano fue el primer periodista
que me ‘descubrio’ mediante una nota de prensa en el vespertino que
dirigía, Ultima Hora.
Este fue el único premio que mi obra mereció durante mis 81 años. Mi
apellido, inexplicable para las masas ‘alfabetas’ y/o aborígenes, mi vida
de involuntario pero incansable exilado y mis escritos, todos al servicio de
mi pueblo, produjeron otra distinción que también me enorgullece: tanto
indios como cholos como mestizos y ‘blancos’ han prohibido la publicación
de mis comentarios en la prensa impresa, hablada, educada e ignorante:
que yo sepa, soy el único caso en que todo un país decidió censurarme…
Por algo debe ser.
En USA, mi segunda patria, he sido ignorado por los editores durante
décadas porque mi primer libro traducido critica a los dictadores militares,
tan buenos amigos siempre de los gringos. Así y todo, ‘Morder el Silencio’
se convirtió en ‘Biting Silence’ en dos ediciones, la de AVON y la de
Ruminator. Yo hice unas cuantas más cuando me convertí en mi propio
editor, ‘publicador’ y promotor gracias a Amazon.
Hoy, 15 libros después, puedo decir con una pizca de orgullo que me han
leído en los cinco continentes…. Y puedo añadir que me importa un
pepino si las masas lo creen o no. Si algo he aprendido en mi solitaria
carrera de escritor es un pícaro pero merecido desprecio por las masas;
es decir, el lector.