Una reciente invitación a un diálogo imposible escrita con olor a hostias pasó por mis
narices sin provocar casi reacción alguna hasta que se toparon con tres frases que
transformaron mi saludable indiferencia en un disgusto que pica como abeja en un
glande.
La oportunidad de la nota, publicada el 24 de diciembre, me indicaba un deseo tímido de
expresar una opinión libre reprimido por la costumbre de hilvanar sermones y una
probable necesidad de dirigirse al respetable menos por servirlo que por sacar la cara
como hacen los viejos actores olvidados por su público.
Una de estas frases invita a los potenciales interlocutores a actuar obedeciendo una
fórmula que parece jesuita, la de ser "humilde como paloma, prudente como serpiente"
durante tal coloquio. Desde los días del Paraíso hasta los de Evo, sólo los curas más
avispados ven a la serpiente como "prudente". Eso, a menos que se tratara de esos
jesuitas que actúan en "El Judío Errante" y andan con venenos y dagas bajo la falda,
digo la sotana.
Una doble lectura de la tal frase me lleva a rogar a tirios y troyanos a ignorarla siempre
que entren en cualquier diálogo a menos que sean jesuitas, y de los antiguos. Vale más
ser sencillos, honestos y claros para dialogar, creo. Como decía Aquel a quien este
autor dice servir, más valen un "Si" o un "No" fuertes y rotundos que las frases sibilinas
de los malos abogados.
Esa mención de la serpiente, de la que todos sabemos quien es en verdad, no me
hubiera empujado a picar papel si no fuera porque, apenas me reponía de ese pésimo
consejo, di con el siguiente ejemplo de un mal español, malo dos veces porque fue
escrito por un español: “Hasta la Biblia habla de la santa ira de Dios, y Cristo, en el
Templo, sacó a chicotazos a los mercaderes que lucraban de la devoción popular en el
Templo”.
Para hacerlo corto en lo posible, diré tan sólo que ese “Hasta la Biblia” es un absurdo
que trata de menospreciar lo que este autor más aprecia, atribuye a Dios una ira que
sólo Dios sabe si la sentía y añade al Cristo para demostrar que, si Dios y Cristo pueden
perder los estribos, también Evo puede perder la paciencia (cuando lo que busca la nota
es lo contrario).
Ya a estas alturas se ve que, lejos de buscar un diálogo, lo que esa nota hace es poner
las barbas de su autor y de muchos de sus amigos en remojo hoy, cuando parece que la
hora de arreglar cuentas ha llegado a o está a la vuelta de la esquina.
Por fin, pues, escribe el hombre una frase que, no dirigida a sus lectores, parece una
confesión de su subconsciente convulsionado. Dice: “Dime quién de (¿?) paga y te diré
qué dices o cómo lo dices. Dime quién es tu dueño y te diré qué no dices.” Lo que en
español altiplánico se dice así: “Dime quien te paga y te diré lo que dices o cómo lo
dices. Dime quien es tu dueño y te diré lo que no dices”, frase que da en los nasos de
los periodistas bolivianos después de pegar en el pecho de su autor (aunque, la verdad,
parece plagiada de un tercero).  
Frase con la que, por fin y después de 563 palabras, podremos referirnos al autor y no a
sus aciertos. Si mi estimado lector aún no sabe de quien se trata, deberá buscar “Tejer
Diálogos y Puentes”, nota publicada si no ayer, antes de ayer en la prensa nacional.
(Eso de “tejer puentes” también me pica, pero vaya, deben ser puentes de totora.)
Como todos, especialmente Branko y Costas, habrán notado, este estudioso acaparó la
atención nacional no hace medio año, cuando escribió algo, habló mucho y no dijo nada
nuevo sobre la coyuntura actual. Viniendo de un hombre que ha dedicado varias
décadas a estudiar a los nativos, aborígenes, cobrizos, indios y etc. etc. y publicado una
vasta obra conocida casi por nadie, sorprendió a la pléyade de estudiosos locales con
su “puede ser negro, puede ser blanco, puede ser gris”. Poco después usó la prensa
para repetir su mensaje y varios de esos expertos  murmuraron, malvados ellos: “Si de
tus estudios ese es el fruto”, dejando la parte segunda de esta condena a las
intenciones de sus oyentes.
Para los legos como yo, y somos millones en este medio, sus obras son como los
milagros de San Gerardo: nadie los ha visto ni nada se sabe de ellos. Tal vez por eso
conviene, ahora que la hora de rendir cuentas se acerca, el aplicarle la norma sugerida
por él mismo para medirlo, así sea por aproximación.
“Dime quien te paga y te diré lo que dices o cómo lo dices”. En este caso, quien pagó
por esa vasta obra es la Iglesia Católica, y no necesariamente la de Luis Espinal sino la
otra, la de los dos papas fascistas y Opus Dei. Antes de que las viejas salten gritando,
“¡Pero si X es un santo!”, quiero decirles que ni Jesús mismo aceptó un diálogo con la
serpiente, pues sabía quien es en verdad esa serpiente, el Mal, así con mayúscula. Por
lo demás, ya que andamos de frases celebres, “dime con quien andas y te diré quien
eres”. Anoto que al decir “la Iglesia Católica” soy generoso, pues en realidad quien
financió y financia a la Iglesia Católica boliviana es el pueblo boliviano, pobre como es, y
no el Vaticano, ricacho como es todavía. Milagros del diezmo.  
Así pues, vemos ya por qué X dijo tan poco hace meses y semanas y el cómo dice X lo
que dice en sus obras (obras de experto para expertos) o en sus notas para el resto de
los mortales, no necesariamente tan claras y sencillas como sugería el Señor.
Su nota ignora también que Evo carece de interlocutores para un diálogo que
postergara para mañana sino para el siglo venidero la ira santa de los oprimidos. Ahora
que la “oposición” está con el agua al cogote, pide “minuto” para salvarle el resuello.
Hace como esos obispos que olvidan los siglos de explotación y racismo que practicara y
practica la Iglesia para insinuar, “Ahora que ustedes tienen el cuchillo, hablemos por
favor. No vayan a cortarse un dedo”.
Esa “oposición” no es una oposición como la de París de Francia, póngase por caso, en
la que hasta los sinvergüenzas son respetables porque son en verdad políticos. La
“oposición” que sufre Evo es una banda de truhanes y pillos ya casi legendarios que
aprendieron sus artes de Banzer, Tuto, el MIR (partido organizado con el único objetivo
de robar sistemáticamente), Goni y los demás pecadores que Dios, en su santa ira, nos
permitirá poner en la picota poco antes del diluvio. Si de algún diálogo se tratara, deberá
ser sólo del que debe cumplirse en una celda entre un juez y un acusado.
Como esto ya se alarga, resumamos: antes que cualquier diálogo con delincuentes debe
llegar la hora de la Justicia, así, con mayúscula, y más en Bolivia, donde la Justicia brilla
por su ausencia desde 1825. Justicia primero, diálogo después, entre los inocentes.
Y para hablar de inocentes, anotemos por fin la última frase que cito a nuestro experto y
que dice, ”Dime quién es tu dueño y te diré lo que no dices.” ¿Quién es el “dueño” de X?
La respuesta es fácil. Basta ver lo que X no dice.
No dice, por ejemplo, que vino hace décadas como antropólogo y no como cura (aunque
lo de cura le ayudó) a estudiar, como hacen sus colegas, a las tribus y pueblos en
extinción antes de que se extinguieran por completo. Esa es la tarea de sus colegas en
el mundo, y los ejemplos se dan por docenas.
No dice, por tanto, que el último de sus intereses era que sus estudios fueran conocidos
por sus estudiados. Después de todo, eran como los pigmeos de Papua. Se los estudia,
pero no se almuerza ni se comulga con ellos. De allí la escasa distribución de sus obras
y su mínimo interés por dejar obra al vulgo local. Sólo los expertos conocen la obra de
este experto. ¿Los bolivianos? Como tantos otros prestigios, también el de X es hijo del
rumor y los amigos. La obra reposa en lejanas playas.
No dice, en fin que, para sus estudios, sus estudiados aparecían ya casi muertos. Se los
describe, se anota admiración ante sus lenguas muertas y sus perdidas civilizaciones, se
describe sus extrañas costumbres, se habla de su dieta, sus vestidos, sus costumbres
sexuales, sus mitos, su religión, sus absurdos y, sobre todo, sobre su decadencia y su
próxima extinción. Extintos como parecen ya, ¿para qué darles textos especializados o
en vulgo sobre ellos mismos?
¡La sorpresa que se habrá pegado este X el día en que Evo ganó las elecciones! Debe
haber sido como ver salir a un muerto de su tumba. A un Lázaro de cobre. Pero, cómo,
se habrá dicho, si lo único que les faltaba era extinguirse como una vela. Después de
todo, hace 500 años que estamos tratando de extinguirlos.
Y así es como vemos que la misión del antropólogo y sus obras no tenían por finalidad la
de enriquecer las bibliotecas inexistentes de sus estudiados. Era la de contribuir al mejor
conocimiento de indios casi extintos entre quienes ejercitan el poder desde siempre y
desde lejos, Madrid y Washington, en este caso. Era enriquecer las bibliotecas de los
expertos que son asesores de los poderosos y estudian a los oprimidos para oprimirlos
mejor. Esos si aprecian bien la labor antropológica del jesuita que resulta la cara
contraria de Espinal. Uno vino a morir por nosotros. El otro, a vernos morir, a
estudiarnos mientras moríamos y a contárselo todo a quienes buscan matarnos. ¡A por
ellos, Aznar, banqueros y empresarios!
Así se explica también lo poco que dice X, y no sólo lo que no dice. Nunca se preparó
para decir nada a sus estudiados. La idea era vivir entre ellos, anotarlo todo sobre ellos,
pero no ser de ellos. Sólo así se explica un silencio tan denso tras décadas de estudios.
Y hoy, cuando propios y extraños se sorprenden ante tan reducida sabiduría, ante tan
magro producto de una vida, algo hay que hacer para salvar la cara. Algo como
proponer diálogos con ladrones y asesinos, pillos y mercenarios. Algo como buscar la
postergación de una Justicia que puede castigar hasta a los antropólogos de sotana.
Ah, pero la obra está allá, en la Casa de Indias, y la Madre Iglesia y el Imperio la
agradecen. Es por ella y otras iguales que conocen mejor a sus víctimas, los indios que,
lejos de extinguirse, han conquistado el poder político en el corazón de Latinoamérica y
un lugar especial, gracias a Evo, en el corazón generoso de las naciones del mundo.
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Arturo
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